No podemos caer en la ingenuidad de ignorar el cambio sociodemográfico que la inmigración masiva está produciendo, amplificado por una caída histórica dela tasa de natalidad. Los últimos españoles. El suicidio demográfico de una nación, último trabajo del coordinador del Observatorio Demográfico y responsable de Estudios y Análisis Social de CEU-CEFAS, Alejandro Macarrón Larumbe, y del periodista e historiador Miguel Platón Carnicero, señala que antes de 2045 la mayoría de los habitantes de España, de mantenerse las tendencias de los últimos cinco años, serían inmigrantes o hijos de inmigrantes. La solución discurre por impulsar un gran empeño nacional de recuperación de la natalidad y la estabilidad familiar y de racionalización y ordenación de la llegada de inmigrantes extranjeros. ¿Puede una sociedad sobrevivir si no se reproduce? ¿Es sostenible un modelo basado en inmigración masiva? Como en otras encrucijadas existenciales de la historia de España, el futuro está en manos de los propios españoles.
Leo Los últimos españoles. El suicidio demográfico de una nación, y no puedo evitar acordarme de la película El último mohicano y que aquello terminó como el rosario de la aurora. Espero que lo que cuenta termine un poco mejor…
Dependerá de los españoles. Si seguimos con las pautas mayoritarias –y suicidas– de los últimos 45 años en materia reproductiva y de familia (muchos menos niños, muchos abortos, menos bodas, muchos divorcios), y de los últimos 30 años en relación a la inmigración masiva y descontrolada, y votando muy mayoritariamente a políticos que fomentan todo eso o miran hacia otro lado, seguirá el deterioro demográfico, y sus consecuencias serán cada vez peores. Si reaccionamos –a nivel individual, volviendo la gran mayoría a tener varios hijos en familias estables; y apoyando a políticos que favorezcan la natalidad y el matrimonio, y corten de raíz el descontrol migratorio–, habrá final feliz. Yo espero que se produzca esa reacción, y lucho por ella, porque la alternativa es demasiado fea. Aún estamos a tiempo de enderezar las cosas. Resignarnos al hundimiento demográfico no es una opción sensata, y es inaceptable fomentar el derrotismo con ideas como «ya no vamos a volver a tener hijos como antaño» o «no se pueden poner puertas al campo para evitar que sigan llegando inmigrantes en masa».
El tango decía «veinte años no es nada» y usted señala que antes de veinte años (si nadie pone remedio) se dará el retroceso absoluto de la población de origen español como inicio de un camino sin vuelta. ¡Esto está a la vuelta de la esquina! ¡Otro apagón, pero de españoles!
En 20 años escasos, de seguir las tendencias recientes, los inmigrantes –sumando primera y segunda generación– serían mayoría, porque siguen llegando en masa, aportan un porcentaje creciente del menguante número de niños que nacen en España, y cada año las muertes de españoles autóctonos superan por más a los nacimientos de madres españolas nativas. Ya hemos recorrido la mitad de ese camino. Una cuarta parte de la población actual de España son personas nacidas en el extranjero o sus padres nacieron en el extranjero.
Tras analizar los gráficos que aporta es inevitable terminar con una sensación de olla a presión entre ausencia de nacimientos y numero de mortalidades. ¿Quiénes serán los últimos españoles? ¿De qué hablamos cuando hablamos de suicidio demográfico?
Prefiero usar el «serían» al «serán», porque aún podemos y debemos evitar que se consume nuestra extinción. Dicho esto, de seguir con las tasas de fecundidad de 2023 de los españoles autóctonos por provincias, los últimos españoles serían murcianos, almerienses y sevillanos. Los primeros en desaparecer serían los canarios (de entrada los de Santa Cruz de Tenerife, luego los de Las Palmas), seguidos de los zamoranos, orensanos, asturianos y leoneses, más o menos. Por «suicidio demográfico» se entiende el proceso que lleva a la desaparición de una sociedad por tener de forma persistente menos hijos por mujer que los necesarios para el relevo generacional (2,1), como en el caso de los españoles (1,09 en 2023) y los demás europeos. Es un largo y lento declive, con un envejecimiento continuo de la población por falta de niños y jóvenes, y con más muertes que nacimientos.
Aún con datos sobre la mesa, los responsables del Gobierno y los «expertos» siguen negando que lo que se nos viene encima sea así. ¿Qué objeto tiene negar estos datos?
Es un asunto muy incómodo para los que han propiciado el hundimiento de la natalidad y la familia con su acción política o intelectual / mediática, ya que ellos tienen mucha responsabilidad. También es incómodo para cualquier político cobarde, por miedo a molestar a votantes que no han tenido hijos o no quieran tenerlos (aunque también sea muy bueno para ellos que los demás los tengan), ya que hay que decir alto y claro que tener hijos es un bien necesario para España (y ojo, que los nacionalismos vasco, catalán y gallego no han servido para potenciar la natalidad en sus respectivas pseudonaciones a las que tanto dicen amar, sino todo lo contrario). Y para la inmensa mayoría de la gente, los hijos son un bien para su propia vida afectiva y la de sus familiares, y no tenerlos, en general, lo contrario. Para empeorar las cosas, hay una influyente minoría de antinatalistas en la política española y occidental, bien por feminismo fanático, bien por ecologismo fanático, bien por trasnochado alarmismo malthusiano.
El nivel económico es el factor menos importante sobre esta crisis demográfica, apunta. Y es cierto, las mayores tasas de fecundidad se localizan en los barrios que están a la cola de la renta per cápita y a la cabeza de tasas de pobreza. Asimismo, ya se están cerrando escuelas por falta de niños. Por parte de los españoles, nace un hijo por familia, pero incluso los inmigrantes con un historial de familias con muchos hijos, también están teniendo menos descendientes…
Tiempos difíciles hacen hombres fuertes. Hombres fuertes hacen tiempos fáciles. Tiempos fáciles hacen hombres débiles. Hombres débiles hacen tiempos difíciles. Estamos entre la etapa tres y la cuatro de esta secuencia en todo Occidente, y criar hijos aporta grandes recompensas afectivas y vitales, pero también entraña esfuerzo, sacrificio y entrega. O lo que me dijo mi padre que le contaron en el colegio sobre algún pueblo de la Antigüedad: «Eran austeros, trabajaron con gran esfuerzo, alcanzaron la opulencia y se dieron a la molicie. Y fueron invadidos». O lo que predecía Benjamín Franklin a mediados del siglo XVIII en la Norteamérica aún británica: «Sobrepasaremos a Inglaterra en población, porque sigue llegando gente de Europa y aquí las familias tienen muchos más hijos (era una sociedad con mucha gente muy religiosa). Pero creo que, según vayamos prosperando, la gente tendrá menos hijos, porque he observado que las personas con más dinero se lo piensan más a la hora de casarse y tener hijos» (él mismo se aplicó el cuento. Tenía 21 hermanos, ganó muchísimo dinero, y sólo tuvo dos hijos con su esposa, más uno extramatrimonial). La buena noticia es que, por el descenso casi a cero de la mortalidad infantil y juvenil, los españoles podríamos tener 60% menos hijos por mujer que en la España de 1880 y anterior, para acabar con el mismo número de hijos adultos. La mala es que tenemos 80% menos. Solo los inmigrantes musulmanes –el grupo humano más pobre en España– o los españoles muy religiosos tienen una tasa de fecundidad (hijos por mujer) suficiente / holgada en España.
El proceso migratorio y sus políticas, la convivencia y las familias son factores completamente diferentes a los que vivieron nuestros padres. Vamos, que desde la película La gran familia hemos ido en picado. Alrededor de 1976, un 85% de menores de 30 años estaban casados, ahora un 15%…
Sí. Desde la muerte de Francisco Franco –de quien no se hablaba apenas en España hasta que Zapatero empezó a desenterrarlo, y ahora con Sánchez hablamos de él continuamente–, el número de nacimientos de madres nacidas en España ha caído más del 67%, hemos pasado de que se casen más del 90% de los españoles a no hacerlo ni la mitad de ellos en toda su vida, en estabilidad matrimonial hemos pasado de unas pocas separaciones de facto (el divorcio no era legal en España hace 50 años) a acabar rompiéndose un 50% de los matrimonios, y los abortos han pasado de unos pocos clandestinos o en extranjero a más de 100.000 al año. En lo relativo a la familia y la natalidad, que son fundamentales para el bienestar afectivo de las personas y el futuro de un país, el último medio siglo ha sido un completo desastre.
¿Cuáles son los factores que cambian las pirámides demográficas? Hay numerosas pequeñas y grandes señales, no sólo la caída de la natalidad, ¿quiénes y qué son responsables del brutal declive social?
La demografía evoluciona por cuatro grandes variables: nacimientos, defunciones, inmigraciones y emigraciones. En lo cuantitativo, lo que destroza nuestra pirámide de población (ahora ya sin esa forma) es el desplome de la natalidad. La caída de la mortalidad a todas las edades acentúa ese cambio de forma de la (ex)pirámide y agrava sus efectos. Vivir más años está muy bien, pero si no hay jóvenes que nos cuiden cuando seamos viejos y produzcan lo que necesitamos consumir, puede ser un regalo envenenado. En lo cualitativo, la presencia en España de 9,8 millones de inmigrantes extranjeros –el 90% llegados desde 1996–, que han tenido más de 2 millones de hijos aquí, es una alteración sin parangón en nuestra Historia. Es complicado responder con pocas palabras a lo de qué y quiénes son los responsables del declive, pero la pérdida masiva de valores familiares, pro-natalidad, patrióticos y religiosos, ha hecho un enorme daño a España. Un sinnúmero de politicastros de vuelo gallináceo y con pocos escrúpulos a la hora de meter la mano en la caja, que han priorizado el poder para ellos al bien común, recurriendo a la compra masiva de votos con dinero público y a la demagogia dañina, y que han fomentado ideas y leyes antinatalistas y antifamilia, también. Finalmente, por señalar un tercer factor, las inmensas masas de tibios que no se han opuesto a los malos, que es lo que permite el triunfo del Mal, según Burke.
¿Algún país se ha puesto manos a la obra y se percibe una prosperidad en sus tasas demográficas? Lo digo por si alguien quiere ir tomando nota…
Israel es el único país occidental con una tasa de natalidad sana. Pero es un país único, irrepetible, siempre cerca de la guerra o en ella –y no porque lo desee, pero desea aún menos ser borrado del mapa–, y con importantes minorías religiosas, cuya altísima fecundidad hace subir mucho la media nacional. En Europa, Hungría ha hecho grandes esfuerzos natalistas, con ciertos resultados, aunque menos de los ideales. Francia y los países escandinavos, con gobiernos formalmente natalistas durante décadas, hasta hace no mucho estaban notablemente mejor que el resto en fecundidad, sin llegar a un nivel suficiente, pero su natalidad lleva años con clara tendencia a la baja. Ningún país europeo o de otros lugares del mundo –Israel aparte– ha seguido de forma integral y persistente –las mentalidades tardan tiempo en cambiar, y no cambian sólo por un cheque-bebé y un par de medidas más– un enfoque como el que proponemos en Los últimos españoles, cuya esencia sería: promover por todos los medios legítimos posibles que la gente vuelva a querer tener varios hijos en familias estables, porque crea que es lo mejor para su vida, y que el Estado, las élites no políticas y la sociedad civil colaboren en lo que puedan (y sobre todo, que dejen de remar en sentido contrario, como en parte hacen desde hace décadas) en cuestión de leyes y políticas fiscales, y de los valores familiares que impulsan. Está inventadísimo cómo tener una natalidad suficiente: lo supimos hacer desde siempre hasta hace 45 años en España. No hay recetas mágicas: o recuperamos buena parte de los valores familiares y el deseo de tener niños de antaño, y el Estado lo facilita (o cuando menos no lo dificulta), o no repuntará la natalidad.
Castilla y León es la comunidad con más nonagenarios. El colmo es que, según los medios de la región, unas ONG’s advierten de que «tener hijos es un factor de riesgo para caer en la pobreza». Así no hay quien se anime…
Los portavoces / dirigentes de esas ONGs –cuya «N» suele ser más falsa que Judas, ya que viven en gran medida de subvenciones públicas–, y todos los que difunden mensajes de ese tipo («ojo con tener hijos, que puedes caer en la pobreza»), fomentan la pobreza afectiva –de no tener niños, y de que estos tengan hermanos– y el suicidio demográfico de España / Occidente. No sé si son necios, frívolos o malos. O todo a la vez.
Murcia es la comunidad más islamizada de España. En Lorca ya hay tres colegios donde más del 80% de sus alumnos son marroquíes, con padres que no se pueden comunicar en español. Esto ya lo veíamos venir desde hace años pero, como siempre, nadie ha buscado soluciones a algo tan evidente…
Si ha venido mucha población musulmana –Murcia es la comunidad autónoma con mayor porcentaje sobre el total de habitantes–, y esta tiene entre el doble y el triple de hijos por mujer que los españoles, ¿qué otra cosa cabría esperar? Más del 25% de los bebés de Lorca de 2023 eran hijos de marroquíes. Y como la población inmigrante se concentra sobre todo en determinados barrios (y en educación y sanidad, por tener menos recursos, va casi solo a centros públicos), no es de extrañar que se llegue a porcentajes tan apabullantes como ese 80% en algunos colegios.
Estamos en un país que aboga por la cultura de la muerte facilitando la eutanasia. Por no hablar de las políticas que alientan al aborto. Qué se puede esperar… En 2023 hubo 104.000 abortos voluntarios, una brutalidad de cifras terroríficas
Se puede esperar lo que hay: casi ya el doble de muertes de personas nacidas en España que nacimientos de madres nacidas en España. En provincias como Zamora y Orense, la proporción en 2023 superó holgadamente el 4 a 1. En Lugo, 3,8 a 1, en mi Asturias natal y León, 3,5 a 1… Desde 2011, han desaparecido ya 1,8 millones de españoles autóctonos por esa vía, dato muy preocupante y apenas conocido porque sólo lo difundimos cuatro gatos, pero que nos debería llevar a una muy justificada alarma a los españoles.
También hay un dramático crecimiento de la soledad y lo que conlleva. Gran cantidad de españoles son más individualistas. Más acomodados. No quieren cargas. Los niños crecen sin hermanos. Las marcas de comida elaboran packs unipersonales porque se han dado cuenta de la tendencia…
La pandemia de soledad en el hogar que azota Occidente es tremenda, y está muy ligada a la baja natalidad y nupcialidad, y a la alta divorcialidad, tres males mutuamente alimentados, de los que apenas se empieza a hablar en España algo del primero de ellos, y virtualmente nada de los otros dos. Hemos pasado de las 660.000 de personas que vivían solas en España en 1970, cuando teníamos 34 millones de habitantes, a 5,5 millones de hogares unipersonales en la actual España con 49 millones de habitantes (por cierto, más del 80% del crecimiento de población 1970-2025 ha sido por inmigración)
Por otra parte, las comunidades autónomas gobernadas por el PP han presentado sus propuestas como exenciones fiscales para los que tienen mascotas en casa (podrán deducirse unos 100 euros en Andalucía y otro tanto de lo mismo en Murcia), sin embargo no proponen nada para alentar a tener hijos. Y luego dicen que hablar de familias es de derechas…
Lo de las mascotas es una medida de compra de votos en vena con dinero del contribuyente. El dinero público sólo es lícito recaudarlo para su empleo en fines de utilidad general / bien común que no puedan ser conseguidos por los particulares, o en auxilio de personas auténticamente necesitadas que no puedan salir adelante por otras vías. Todo lo demás que haga el Estado, como decía el presidente norteamericano Calvin Coolidge, entraña un robo legal en impuestos.
El tan denostado Donald Trump sí está alentando con propuestas a aquellos que desean crear familia…
En su primer mandato, el presidente Donald Trump no hizo nada significativo para impulsar la natalidad. En su segunda presidencia, Trump y su equipo (empezando por el vicepresidente J D Vance), sí parecen decididos a fomentar que aumenten los nacimientos en Estados Unidos. La realidad es que, sin MADPA (Make Americans Desire Parenthood Again), a la larga no habrá MAGA (Make America Great Again). Ojalá acierten. Curiosamente (o no), casi todos los 15 estados de EEUU con mayor número de hijos por mujer votan casi siempre republicano en las elecciones presidenciales; y los 15 de estados con menos fecundidad votan casi todos a los demócratas.
Cuentan que se nota un leve aumento de nacimientos, ¿cree que volveremos a recuperarnos como ciudadanos en España?
Hasta ahora no lo ha habido. En 2024 tuvimos a la vez el menor número absoluto de nacimientos en varios siglos y la población más numerosa de la Historia de España (por la llegada de 560.000 inmigrantes netos más, pese al altísimo nivel de paro que hay, el colapso del mercado de la vivienda por mucha más demanda que oferta, y la congestión creciente en la sanidad pública). En los primeros ocho meses de 2025 ha habido un minúsculo repunte de nacimientos (+0,3% interanual), según datos aún provisionales del INE, bastante inferior al aumento de población total y la que está en edad fértil (incremento debido solo a inmigración, puesto que los españoles seguimos menguando), lo que implicaría, en todo caso, menos hijos por mujer, que es el indicador clave en natalidad.
Como cierre de esta entrevista, sí creo que en España recuperaremos una natalidad razonable y el aprecio general por la familia estable; reordenaremos la inmigración; tendremos de nuevo un Estado menos inflado, que no fría a impuestos al ciudadano, que se ciña a hacer sólo aquello en lo que aporta valor a la sociedad, y con gestores competentes al frente; y recuperaremos las libertades que hemos perdido por la dictadura de la corrección política y un Estado que se ha pasado muchísimo sobrerregulando de todo (como denuncia mi amigo Curro Contreras, vivimos más y más en una especie de «totalitarismo blando”). Lo creo por tres razones. La esperanza es irrenunciable para un cristiano; y para cualquiera, la desesperanza es una desgracia. Son anhelos justos y necesarios. Y seguir por las sendas actuales nos lleva a muy mal puerto. Ante estos males, al empeño por recuperar natalidad y familia estable queremos contribuir con Los últimos españoles. El suicidio demográfico de una nación.