Isabel la Católica fue una adicta a las últimas modas

Consuelo Sanz de Bremond es una divulgadora histórica especializada en la indumentaria de la Edad Media y Moderna. Estos días llega a las librerías con su nuevo trabajo, Historia de la indumentaria española (Almuzara), donde recopila algunas peculiaridades que han rodeado a la vestimenta española ––desde la Edad Media hasta el siglo XX––, empezando por las prendas Made in Spain para finalizar desmontando los bulos más sonados sobre algunas de ellas. El objetivo no es escribir sobre la historia de la indumentaria, sino acudir a otros estudios como las costumbres sociales y la vida cotidiana, disciplinas fundamentales para entender la mentalidad de la gente del pasado.

¿Cuándo empezó la moda entendida como el gran gusto cambiante en el modo de vestir? ¿Por qué surgió? ¿Cuándo tuvo el ser humano necesidad de autoafirmación, distinción y expresión frente al otro? Sobre todo ello conversamos con Sanz de Bremond, autora también de La bordadora y coautora de El olor de la edad media: salud e higiene en la Europa medieval, porque escribir sobre la historia de la indumentaria es escribir sobre la historia de la humanidad.

Mientras hablo con usted, voy vestida con una blusa de lino con manga larga que subo al codo. Me dicen que me va a dar algo tan tapada, pero yo feliz vistiendo como los egipcios y el tejido que más usaban…

Hace usted muy bien utilizando una prenda confeccionada exclusivamente con fibra natural. Nuestros antepasados utilizaban el lino desde hace más de 30.000 años. Es termorregulador, transpirable y neutraliza el mal olor que desprende nuestra piel por culpa de las bacterias, como también lo hace algodón. Son frescas en verano y tibias en invierno; absorben el calor y la humedad corporal sin que la tela se pegue al cuerpo; la piel respira y se mantiene fresca.

¿Qué prendas, de las épocas que trata en su libro, nos hemos quedado indiscutiblemente?  

La camisa, que además ha dejado de ser prenda íntima. El pantalón femenino, que a comienzos del siglo XX fue mal visto. La corbata, aunque está en franco retroceso. Los zapatos de plataforma, cuyo antepasado fue el chapín, allá por el siglo XIII.

Lo de la corbata en retroceso me lleva a Pedro Sánchez cuando dijo que se la quitaba para ahorrar energía. Sólo faltaba que también desterrara la corbata…

Lo que no debe saber el Sr. Sánchez, ni sus asesores, es que existen, desde hace muchísimos años, corbatas de verano de algodón o de lino. No es nuevo este deseo de desterrar la corbata. En los años treinta ya se intentó, culpabilizando al calor. Y en 1976 se decía que los socialistas habían abrazado esta moda y que se despechugaban «a gusto en los mítines y reuniones públicas».

Lo curioso es que el uso de la corbata en las mujeres se considera un signo de empoderamiento.

En cualquier caso, lo que prima actualmente es la comodidad llevada al extremo. Veremos qué pasará de aquí a unos años: ¿conseguirán los hombres enterrar definitivamente este complemento?

¿El estilo clásico sigue siendo la base de lo actual?

Sí, clarísimamente las prendas de antaño son fuente de inspiración. Creo que ya está todo inventado; los diseñadores de moda sólo tienen que mirar al pasado para reinterpretar una prenda «revolucionaria» o darle un toque personal.

¿Qué personaje del pasado es de sus preferidos por su forma de vestir? ¿A quiénes destacaría como determinantes sobre elegancia masculina y femenina y por qué?

Isabel la Católica, sin lugar a duda. Demostraba todo su poder y riqueza a través del vestido. Vamos a imaginárnosla con un brial con verdugos, muy escotado, tanto que dejaba visible parte del pecho ––lo que nos aleja de esa imagen «puritana» y sobria que se suele tener de ella. Sobriedad que adoptó cuando se fueron acumulando tragedias familiares, que coindicen con el final de su reinado––. En la cabeza, una cofia de trenzado. Y en los pies, chapines. Todas estas prendas eran creaciones españolas. En concreto, el brial con verdugos fue un vestido revolucionario por su originalidad y porque cambió la silueta de la mujer. Dio lugar al verdugado, tan de moda en la segunda mitad del siglo XVI.

Más que hablar de personajes, prefiero comentar algunas prendas que considero que fueron muy elegantes:

La hopalanda, un sobretodo de origen francés de gran belleza que aparece en el siglo XIV. Era cerrada, muy voluminosa, flotante, con mangas muy amplias y un cuello muy alto.

La saya entera o cortesana, de la segunda mitad del XVI, un vestido español que estaba formado por dos piezas: un cuerpo muy ajustado al torso, que por delante terminaba en pico, y una falda con cola; bajo la falda se colocaba el famoso verdugado. La originalidad del corte de las mangas le daba al vestido mayor porte.

La casaca, una prenda masculina que aparece en la primera mitad del XVII, cuyo corte fue evolucionando hasta el siglo XVIII, que es cuando alcanza su máximo esplendor en riqueza y decoración, con esos bordados tan coloridos.

Y el herreruelo, capa española semicircular del XVI, que llegaba a la cintura o hasta las rodillas, con un cuello estrecho que ribeteaba el borde superior.

Los hombres no vestían lo que conocemos hoy como calzoncillo, lo llamaban braga

Sí, la braga fue prenda íntima masculina durante la Edad Media. Las había de dos tipos: una que envolvía los muslos, holgada, tipo bóxer; y otra muy pequeña y ajustada, tipo slip. A finales del siglo XVI, cuando el hombre empieza a usar de forma habitual los calzones, desechando definitivamente el sayo (traje con falda), a la braga se le empezó a llamar calzoncillo.

La ropa habla de nuestra forma de ser, a qué nos dedicamos, cómo es nuestra filosofía de vida ¿Qué debería aprender el siglo XXI de estos siglos que usted trata en Historia de la indumentaria española?

Deberíamos aprender cómo nuestros antepasados adaptaron la ropa a las circunstancias sociales, climáticas, económicas, etc., en las que les tocó vivir. La ropa se utilizaba intensivamente; era un bien preciado, con fuerte valor económico. Y todo se reciclaba. Sin embargo, hoy en día, con la moda rápida de usar y tirar, tendríamos que replantearnos muchas cosas.

A propósito de la moda rápida de usar y tirar, hasta Anna Wintour instó a los compradores a no tratar la ropa como desechable al instante: «Hay que valorar la ropa que tienes y usarla una y otra vez». ¿Lo verdaderamente «sostenible» (tan usado este término) debería ser reciclar y comprar a marcas artesanas, por ejemplo?

Reciclar siempre. Nuestros antepasados, en el espacio doméstico, lo aprovechaban todo: los mejores trozos se utilizaban, por ejemplo, para hacer pañuelos, toallas, paños y colchas (retacería).

También reutilizar. Por ejemplo, las prendas vintage son siempre un acierto, por la calidad de los tejidos, el corte y el diseño; permiten marcar una diferencia con el vestir de hoy.

¿Vestir bien era un privilegio? ¿Y actualmente?

Hoy tenemos tal oferta de moda, diseño y precios que vestir bien es sólo cuestión de dedicarle un poco de tiempo. Creo más bien que es un tema de educación, gusto y estética.

¿Podríamos señalar como épocas creativas y de distinción social los siglos XV-XVI (y en España, el Siglo de Oro) y un declive o simplificación en los siglos XVIII-XIX?

Si bien ya en el siglo XIII se dan los primeros pasos para crear prendas originales, es en el Cuatrocientos donde la creatividad se desborda. En una pasarela de moda donde nos mostrasen esa ropa, arrugaríamos la nariz y diríamos que eso no es nada ponible.

En cuanto al siglo XVI, la elegancia fue lo más significativo entre las clases acomodadas, aunque eso conllevó cierta rigidez corporal, tanto en hombres como en mujeres. Realmente la simplificación a la hora de vestir comienza en el XIX, cuando se impone la moda inglesa. Sin embargo, no debemos olvidar que entre la gente humilde primaba lo práctico.

¿La creatividad se desborda porque llegó fuerte la moda francesa y se introdujo en los nuestros? ¿Cómo fue aquel proceso?

Sí, el ducado de Borgoña fue el epicentro de la moda lujosa ya desde el siglo XIV. A través del comercio de nuestra lana con Flandes, nos llegan su arte y sus tendencias estilísticas, que alcanza su apogeo en el Cuatrocientos. España acepta, con más o menos entusiasmo, modas extravagantes, que adapta a nuestro clima y a nuestra realidad social y geográfica. Por ejemplo, las españolas lucieron tocados franceses pero al gusto de ellas, que fueron de libre interpretación.

Por cierto, fue en el mundo cristiano donde se veía sin reparo a las mujeres dando pecho sin taparse. Y, los hombres mostraban piernas con calzas enteras… ¿La moda puritana es más contemporánea? ¿Hay un retroceso en la mentalidad actual?

Sin duda, especialmente en el ámbito femenino. Mostrar el pecho sólo ha tenido connotaciones sexuales en determinados momentos y circunstancias. Desde hace unos años se observa una tendencia muy puritana por parte de determinadas ideologías. Será interesante comprobar si acabará calando en la sociedad.

¿Tan seductor es un corsé? Cinturas diminutas, senos apretados… ¡pobres Escarlata,  Lucrecia Borgia…!

No puedo hablar por experiencia propia, pero cuando Lorenzo Caprile lo ha reintroducido desde hace años, sin duda es un elemento con atractivo. Sobre todo, en un día tan singular como es una boda.

El corsé moldeaba un poco los cuerpos, pero no se apretaban lo suficiente como para hacerlas sufrir. La cintura estrecha era más una ilusión óptica, se conseguía colocando almohadillas o aros para ensanchar la parte inferior de la misma. Recomiendo los vídeos de Bernadette Banner en los que analiza la usabilidad de esta prenda.

Es muy importante valorar tanto el tiempo empleado en la confección como el paso del mismo en esas prendas; es decir, arrugas y marcas de uso… ¿Qué necesita una prenda para permanecer y ser contada en el futuro?

Necesita que haya tenido una historia detrás, sea real o ficticia. O la haya lucido un personaje famoso. O haya sido plasmada en los lienzos. Un ejemplo: el guardainfante, prenda extravagante que habría quedado en el olvido de no ser por Velázquez.

¿El guardainfante era aquel armazón alrededor de la cintura que plasmó Velázquez en Las Meninas? Menuda historia guarda esta prenda ¿Luego fue conocido como miriñaque?

Sí. Era un armatoste voluminoso realizado con aros de madera, ballena, alambre o hierro unidos entre sí con cintas o cuerdas; todo ello se cubría con mimbre, crin y otros materiales para enfatizar las caderas. Encima se colocaban varias faldas. Debía de ser bastante incómodo de llevar. Así nos lo cuenta gente de aquella época. Por ejemplo, fray Tomás Ramón se mofa de la forma que da a la mujer: «Parecen más tortugas que criaturas racionales, pues sólo casi descubren el cuello, manos y pies, y de lo complicado que resultaba llevarlo de manera que ya ni caben por las puertas, ni en los coches». Se dice que se utilizó para cubrir embarazos, algo que me llena de dudas.

Sí; el miriñaque aparece en el XIX, tras el tontillo y el sacristán del siglo anterior.  

Hay que destacar el inmenso trabajo de pintores e imagineros que reflejaron sobre lienzo y en esculturas las prendas de cada época, como los del siglo XVI y XVII. Gracias a ellos conocemos tanto

Sí. En España apenas nos han llegado prendas de época, por lo que gracias a esas imágenes podemos hacernos una idea de cómo eran los trajes que se llevaron, y cómo se llevaban. En el caso de la indumentaria anterior a la Baja Edad Media, los investigadores se enfrentan a un reto mayúsculo, ya que los artistas no tenían la necesidad de plasmarla con total veracidad.

Si vas bien vestido no suele valorarse hoy positivamente; sin embargo, si no cuidas tu imagen sí influye para que te den un toque de atención en tu trabajo, por ejemplo. ¿La moda es una herramienta sutil para ejercer poder?

Por supuesto, la moda es poder. Para la mayoría es un código oculto. Un entendido en sastrería distingue un traje de confección industrial y barato (con un porcentaje elevado de fibra sintética) y otro elaborado a medida por un sastre y con materiales naturales de altísimo nivel.

Respecto a lo del poder, recuerdo cuando vino Lana Turner al Festival de San Sebastián a recoger el premio Donostia y se quejó de que las estrellas de cine salían a la calle como «pordioseros». Lana fue visionaria, hay una querencia en los ricos a ir desarreglados,  desaliñados, vistiendo prendas con aspecto roto… ¿Esa tendencia también define una época y una sociedad?

Sí, absolutamente. Ahora mismo lo que domina es el feísmo y la vulgaridad.

Actualmente, no hay un diseño que defina esta época. Vamos tan acelerados que nuestro cerebro va como una lavadora… Nos cansamos de todo y pensamos que ir a comprar ropa constantemente soluciona el aburrimiento o los problemas. Así es imposible que quede un estilo determinado del siglo XXI…

Complemente de acuerdo. No es difícil ir a cualquier evento y tener la sensación de que has entrado en una versión barata de la Gala Met. Los diseñadores e influyentes, para llamar la atención, suelen abusar de lo estrafalario cayendo incluso en lo kitsch.  

Las familias reales fueron destacados modelos… Pienso que una de las mejores reinas contemporáneas a la hora de transmitir con la indumentaria fue Isabel II de Inglaterra. No se salió nunca de su estilo, cuidaba el corto de la falda (pensando en que debía salir de un coche, por ejemplo) y escogía colores que la diferenciaran entre la multitud. Por cierto, en la corte de Felipe II, el color negro no reflejaba signo de austeridad, sino de poder y lujo, ¿es así?

Aquí tuvimos a Isabel la Católica, que fue una adicta a las últimas modas, sin importarle las críticas de su confesor fray Hernando de Talavera. Lució briales con verdugos, chapines y escotes muy bajos; todas estas prendas escandalizaron en su tiempo.

En cuanto al color negro ––color que ya se llevaba desde mucho antes por influencia borgoñona–– fue signo de poder y de lujo, nada que ver con esa idea que se ha transmitido de una corte austera, sobria y tétrica. Del Palo de Campeche, que se trajo de América, se obtiene un tinte negro que da a las telas una tonalidad negra azulada o azul violeta oscuro de gran belleza. Este color recibió el nombre de «ala de cuervo» por las irisaciones que producía.

A las mujeres nos encanta ponernos tocados/adornos en la cabeza. Tuvimos épocas de esplendor. Por suerte, queda la mantilla como prenda indiscutible

La mujer española se ha cubierto la cabeza desde tiempos antiquísimos; por necesidades climatológicas, religiosas y, principalmente, por costumbre. Por ejemplo, en el día a día de la corte itinerante de los Trastámara, era como estar permanentemente haciendo el camino en El Rocío: polvo, sudor, lluvia, sol… Era inevitable que ellas, para cuidar el cabello, se lo cubrieran.

En el siglo XVI, mientras en Italia se llevaba el cabello descubierto, con peinados de gran belleza y fantasía, en España se mantuvo la costumbre de ocultar parte de él. Hasta la segunda década del XVII, la clase humilde siguió llevando tocas como las medievales hasta que las sustituyeron por mantillas y pañuelos.

Usted estudió Biología. Actualmente, se está creando ropa bio. Materiales segunda piel que logran controlar la sudoración y sensores que señalan los puntos corporales a los que prestar atención… Las llamadas prendas inteligentes, ¿ve futuro en este biodiseño?

Ojalá tenga futuro. Los biotextiles serían una solución contra el uso y abuso por la industria de las fibras sintéticas. Hoy en día, la mayoría de las prendas se confeccionan combinando estas con las naturales. La filosofía del biodiseño es vivir «de acuerdo con la naturaleza». Se está tratando de desarrollar soluciones a partir de materiales naturales extraídos de plantas (que no sean lino o algodón), bacterias, hongos, algas, etc.

¿La moda es el lenguaje de las emociones?

Sí, siempre lo ha sido; hay una necesidad de expresión corporal que suele variar según el momento y las circunstancias. La imagen refleja el estado de ánimo, por lo tanto, tiene un fuerte componente emocional. A ello contribuye el color, la tonalidad, el tacto, la forma, la función…

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