Iván Vélez: «La amnistía concedida a los golpistas catalanistas es la más grave forma de corrupción»

Conversación con el autor, colaborador de LA GACETA, con motivo de la publicación de su último libro, una reflexión sobre el Régimen del 78

Iván Vélez llega a las librerías con nuevo libro, La democracia que nos hemos dado (Ediciones Encuentro). Vélez ya trató sobre el régimen del 78 y la autodeterminación y el supremacismo nacionalista catalán –ya hablaban de ello a inicios de los años sesenta– en Nuestro hombre en la CIA (Ed. Encuentro). Entre los dos libros hay cierta continuidad, «pues los protagonistas de Nuestro hombre en la CIA jugaron un importante papel como ideólogos de la España de las autonomías, el europeísmo más entreguista, el federalismo…». La democracia que nos hemos dado es una reflexión lúcida sobre la soberanía, la unidad nacional y aquellos relatos complacientes que han consagrado el régimen nacido de la Transición, ofreciendo suficientes ejemplos de continuidades, pero también las fracturas, entre el franquismo y la actual democracia.

Comienza La democracia que nos hemos dado con el golpe de Cataluña y la Declaración Unilateral de Independencia de Puigdemont. Toda una declaración de intenciones la suya, Iván. Es importante recordar a aquellos que están destruyendo España. Hay que repetir sus nombres hasta la saciedad para que no se olviden

En efecto, hay que recordarlos. Y hay que recordar, pues ya han pasado unos cuantos años, cómo se financió la escalada secesionista gracias a una tupida red de organizaciones, medios de comunicación, control social e, incluso, una serie de promesas que sólo un colectivo fanatizado e infantilizado pudo asumir. Los protagonistas del golpe, excepción hecha, de momento, de Puigdemont, han sido rehabilitados por el sanchismo y todas las estructuras que el timorato PP no quiso desmontar con aquel aguado 155, se han fortalecido. Hoy, un golpe similar tendría más posibilidades de prosperar.

La portada no es baladí. Si no es por Franco no hay monarquía. Eso sí, en 1978 el pueblo aprobó la monarquía parlamentaria. Y ahora, volver a empezar: se desclasifican los documentos del 23F. Todos salieron de aquello muy proconstitución, pero actualmente llevamos años sufriendo golpes de Estado a España y aquí nadie hace nada…

Franco, siempre receloso con Don Juan, al que no por casualidad llamaban Juan III izquierda, educó a Juan Carlos de Borbón para restaurar o reinstaurar la monarquía. De hecho, la palabra «transición» ya circulaba en los años 40, aunque, dependiendo de su usuario, apuntaba a una solución u otra. La ciudadanía, ese pueblo tan adulado durante la Transición –«habla pueblo, habla»–, aprobó la monarquía parlamentaria.

En cuanto a los papeles desclasificados, creo que no han aportado nada nuevo. Lo que resulta revelador es que cuando en España se habla de un golpe de Estado, la mayoría de la gente piensa en Tejero y no en Puigdemont, prueba de hasta qué punto la idea de nación política ha sufrido una enorme erosión durante el último medio siglo.

Otro golpe: que se haya aceptado una amnistía para unas personas que aseguran que volverán a cometer el delito por el que se les ha amnistiado…

Ese es definitivo. Lo ocurrido en 2017 es gravísimo, pues fue una tentativa de secesión de un territorio. Un golpe muy diferente, y así lo expongo en el libro, al de 1981. La secesión, y esto es algo que he dicho en innumerables ocasiones, es un robo. Y es asombroso hasta qué punto el fundamentalismo democrático nubla el análisis de muchos, capaces de aceptar cualquier cosa si hay urnas de por medio.

¿El legado del 78 se está tambaleando? ¿Es el 78 el origen de los problemas que sufrimos hoy? ¿Las leyes hoy están más como herramientas de opresión y para controlarnos, más que para defender nuestros derechos?

Dentro de ese legado está la fórmula «nacionalidades y regiones» que, en realidad, supuso reconocer que los secesionistas, también llamados independentistas o soberanistas, representaban a sus respectivas regiones. El desarrollo del Estado de las Autonomías ha permitido fraguar estructuras de Estado de supuestas naciones que han fabricado, en efecto, agravios históricos. Las leyes son inherentes a los Estados y todos ellos son de derecho.

Ya nos avisaba Gustavo Bueno, «la Constitución del 78 fue una cosa para salir del paso, hecha por gente que no sabía. El más eminente era Peces-Barba, una nulidad completa en filosofía del Derecho». Con estos bueyes tuvimos que arar y seguimos con otros personajes nada alentadores…

Muchos de esos bueyes respondían a intereses particulares y a estrategias que desbordaban a la nación española. Hay que recordar que la Constitución se redactó en la Guerra Fría, con su estructura de bloques. La neutralización del PCE, ya muy entregado, por otra parte, a los postulados catalanistas y vasquistas, condujo a una Carta Magna con una serie de calculadas ambigüedades que han supuesto un debilitamiento de España y una creciente desigualdad entre españoles.

¿Considera que el pueblo español ha sido verdaderamente libre en sus decisiones  decidiendo su destino o más bien por el resultado de una ingeniería institucional negociada por élites bajo presiones?

La palabra libertad fue omnipresente en aquellos días. Sin ira, decían muchos. Es evidente que el pueblo, idea de fuerte impregnación metafísica, se pronunció sobre una falsilla muy elaborada por élites políticas, financieras, clericales, etc. En este último sentido, no ha de olvidarse el influjo de la Teología de la liberación, que tantas coartadas dio a la configuración de unos pueblos que se fingían soberanos. He de recordar, y en el libro se contiene, que los seminaristas de Derio querían una Iglesia vasca, indígena y trabajadora.

Zapatero aparece también desde el primer capítulo… Muchos le califican como el mal, sobre todo con esa ley de memoria histórica y, por otra parte, dándole fuerza al estatut catalán, animándoles al proceso secesionista…

Zapatero, recordemos aquello de «nos conviene que haya de tensión», rescató el guerracivilismo y, sobre todo, dio alas al catalanismo del PSC al que debía su posición en el PSOE. Siempre me ha sorprendido cómo tanta gente se tragó el tocomocho del PSC. En cualquier caso, creo que nadie es ya ingenuo ante los verdaderos objetivos del partido de Illa. En cuanto a Zapatero, lo increíble es su rehabilitación política.

En el capítulo «Uniformes» habla de los «libertadores», por ejemplo ETA, que se presentaba como organización libertadora. Hace unos días tuvimos que escuchar a Zapatero, en su comparecencia en el Senado, reivindicando «a Bildu y a sus votantes, a todos los que trabajaron por la paz». Esto es otro golpe y fortísimo…

ETA y todo su entramado, pues hay mucho de negocio de por medio, también sus mayores, el PNV, siempre han fingido representar a un pueblo encarcelado por España. La imagen de la prisión remite a la libertad, evidentemente. En cuanto a Zapatero, qué decir, representa a un partido que es una suerte de coordinadora de secesionistas. Una empresa que se mantiene del mismo modo que aquella locomotora a la que los hermanos Marx alimentaban con la madera de sus vagones.

Por cierto, ya lo adelantó Mertxe Aizpurua diciendo, «hoy un escaño de Bildu manda más que el principal partido del Congreso. Señorías del PP, no mandan nada, son irrelevantes». Es para temblar…

En efecto, así es. La responsable de aquel inhumano titular –«Ortega vuelve a la cárcel»–, condenada por enaltecimiento del terrorismo etarra, dice la verdad. EHBildu es la marca más fiable para el PSOE, que ha articulado todos los mecanismos para la suelta de etarras. El sorpasso de EHBildu al PNV ya se atisba. Es una cuestión generacional que el PSOE, todavía ligado al PNV, trata de manejar, sobre el trasfondo de un Estado plurinacional, obviamente asimétrico. Paralelamente a este proceso, no hay que perder de vista a GKS. El nogal debe estar en continua agitación para que caigan las nueces.

Pero, eso sí, aprovechan sus privilegios fiscales gracias al régimen del 78. Antiespañoles, pero cobrando de España. ¿Paradojas de esta democracia que nos hemos dado o caraduras?

En cuanto a los privilegios, no hay que olvidar que Franco mantuvo los de Álava y Vizcaya, por sus «valiosísimas aportaciones a la causa nacional». Después, la democracia que nos hemos dado, amplió estos privilegios a toda la comunidad autónoma. En cuanto al cálculo del cupo, me acojo a la definición dada por Mikel Buesa: un pufo que pagamos todos y que ahora se quiere replicar en Cataluña.

Iván, no deja títere con cabeza en La democracia que nos hemos dado, ¿respira por la herida?

He tratado de hacer un análisis equilibrado. El lector dirá si lo he conseguido… Empleo pocos adjetivos. En cualquier caso, sí, me duele España.

Hablamos de un pasado que lastra, aunque hubo políticos que veían venir a estos personajes. Como Santiago Carrillo diciendo, «la izquierda está hecha una braga» y Zapatero hablando de socialismo libertario le parecía una broma…

Con la caída del Muro, la izquierda se quedó sin un referente político claro y pasó a ocuparse de cuestiones que no tenían al Estado como referencia. Es entonces cuando empiezan a ganar escala asuntos como el feminismo, el indigenismo, que en España practican, a su manera, ciertos secesionistas, y otras cuestiones conectadas con la idea de identidad fuertemente impregnada de subjetivismo.

Y aún más se adelantó nuestro clásico más visionario, Cervantes, que en Rinconete y Cortadillo hablaba del Patio de Monipodio, un patio de ladrones y de prostitutas. A este paso vamos a  aceptar «corrupto» como animal de compañía…

Toda sociedad, y que me perdonen los más exquisitos, tiene un grado admisible de corrupción: aquella que no amenaza su propia subsistencia. Por eso he repetido hasta la saciedad que la amnistía concedida a los golpistas catalanistas es la más grave forma de corrupción, pues aspira a descomponer, a mutilar, a la nación española.

¿Qué le ha llevado a escribir La democracia que nos hemos dado, especie de continuación de Nuestro hombre en la CIA? El sistema actual parece agotado y la monarquía navega entre la tibieza. ¿Estamos en puertas de una segunda Transición?

Me llevó el guante que me lanzó Hughes. Él es el culpable. Entre los dos libros hay cierta continuidad, pues los protagonistas de Nuestro hombre en la CIA jugaron un importante papel como ideólogos de la España de las autonomías, el europeísmo más entreguista, el federalismo, etc…

Es posible, en efecto, que estemos ante una segunda Transición que tendrá, en realidad, una estructura confederal y contendrá todas las asimetrías, es decir, todas las desigualdades, que el chantaje de determinadas sectas, saque del oportunista Gobierno de turno. La experiencia del último medio siglo apunta a ese resultado. El tiempo dirá.

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