Miguel Anxo Bastos: «El libertarismo tiene que ir acompañado de algún tipo de valor comunitario»

Entrevista con el politólogo paleolibertario y de la vieja derecha

La Old Right americana, los viejos paleoconservadores. Usted ha hablado en diferentes artículos y conferencias sobre la Vieja Derecha americana que se opuso al programa de Roosevelt. Cuéntenos un poco sobre su origen y sobre los autores antifederalistas e individualistas, como Albert Jay Nock, H. L. Mencken o Frank Chodorov, que la influenciaron.

Sí, y también Rose Wilder Lane, Isabel Paterson y otros autores de ese mundo. Yo creo que es una categoría con la que ellos no se definían a sí mismos. Es Rothbard quien los define así, por oposición al conservadurismo nuevo de Buckley, la National Review y ese tipo de conservadurismo que va derivando poco a poco hacia el neoconservadurismo. La Vieja Derecha, tal como la entiende Rothbard, es la derecha anterior al New Deal, que se oponía al Estado del bienestar y a la entrada de Estados Unidos en las guerras, especialmente en la Segunda Guerra Mundial. Después, con el ataque japonés, el movimiento se disolvió y quedó sin fuerza. Pero la idea era recuperar el viejo aislacionismo. Su etapa dorada está en los años veinte, cuando Estados Unidos se mantiene fuera de la Sociedad de Naciones y se desarrolla toda esa literatura y ese movimiento aislacionista, que ya había surgido con la oposición a la Primera Guerra Mundial.

Pero esa posición iba acompañada de una oposición a las medidas sociales de Roosevelt, no solamente por su contenido social, sino por el intervencionismo que implicaba y que, según ellos, podía derivar en una especie de fascismo. Ahí tenemos, por ejemplo, los libros de Garet Garrett, muy críticos con Roosevelt. También tenemos a Isabel Paterson y a Rose Wilder Lane, hija de Laura Ingalls Wilder, conocida por La casa de la pradera. Wilder Lane venía de un entorno rural y aislacionista. Creo recordar que llegó a abandonar su trabajo como periodista antes que pagar las contribuciones obligatorias a la Seguridad Social. Eran personas muy hostiles al Estado del bienestar.

Mencken, por ejemplo, no es un autor que me guste especialmente, aunque a Rothbard y a muchos libertarios les gustaba mucho. Fue uno de los padres de la cultura del consumismo actual. No era especialmente religioso y defendía una forma de vida basada en disfrutar del momento, propia de los locos años veinte. Era un autor bastante libertino. Tiene elementos antiestatistas interesantes en sus libros, pero no defendía precisamente los valores capitalistas, sino disfrutar de la vida. Desde su tribuna en The American Mercury contribuyó a difundir esa cultura del consumismo.

Albert Jay Nock me parece mucho más interesante. Su libro Nuestro enemigo, el Estado está traducido al español y contiene reflexiones muy valiosas. Frank Chodorov también es importante. Fue una de las personas que más influyó en Rothbard, especialmente en materia de impuestos. Su planteamiento de que los impuestos constituyen un robo fue muy influyente. Estos autores representan una tradición anterior a Rothbard. No eran anarquistas en sentido estricto, pero anticiparon parte de las ideas que después desarrollaría.

También encontramos elementos sureños. Por ejemplo, el libro I’ll Take My Stand, elaborado por un grupo de ensayistas sureños que reivindicaban los valores tradicionales del sur: la familia, las comunidades y determinadas formas de vida. Hoy estos autores tienen aspectos muy criticables, particularmente sus posiciones sobre la igualdad racial. Con razón, algunos de esos planteamientos no son aceptables. Pero, al margen de esos elementos, que no comparto, tienen reflexiones interesantes sobre la defensa de la familia, los valores tradicionales y el papel de las comunidades.

También defendían los derechos de los estados del sur en la Guerra de Secesión. Sostenían que la esclavitud no había sido la causa principal de la guerra, sino que existía una confrontación comercial entre un norte proteccionista y un sur más aperturista, dependiente de las exportaciones y las importaciones. Según esa interpretación, la esclavitud se convirtió posteriormente en la gran bandera del conflicto, pero no habría sido su causa inicial. De hecho, al principio de la guerra había estados esclavistas en el norte, como Kentucky, y Lincoln utilizó posteriormente la abolición como un instrumento de guerra. Insisto en que la causa contra la esclavitud era justa. Lo que digo es que, desde esa interpretación histórica, la guerra tuvo otras motivaciones y que el propio Lincoln tampoco era especialmente partidario de la igualdad racial. Hay un libro de Thomas DiLorenzo, El verdadero Lincoln, que explica estas cuestiones dentro de su contexto histórico. Es un libro muy polémico que abrió un debate importante.

Por tanto, tenemos tres elementos: tradicionalismo cultural, defensa de la familia y de la religión, oposición al Estado del bienestar y una tradición aislacionista. Pero hay que tener cuidado: eran grupos independientes. Los aislacionistas eran unos; los contrarios al New Deal, otros; y los tradicionalistas, otros. No formaban un movimiento único, aunque compartían determinados valores. Rothbard los unifica intelectualmente y les da un sentido conjunto. Quiere utilizarlos como referencia porque el anarcocapitalismo, cuando nace, carece de una tradición histórica propia. Es una ideología nueva que combina principios relativamente novedosos en la historia: el anarquismo y el capitalismo. Por eso Rothbard busca una tradición americana olvidada que pueda servirle como antecedente.

La denomina Old Right, aunque sus protagonistas no se consideraban así. Es una denominación posterior. Cada uno actuaba por su cuenta, pero todos tenían puntos en común, con distintos grados de énfasis. Ahora están siendo recuperados, en buena medida por la labor de Rothbard. Algo parecido sucedió con Molinari, que quedó prácticamente olvidado y fue recuperado posteriormente como precursor del anarcocapitalismo. Muchas de aquellas obras están siendo reeditadas y traducidas, incluso por libertarios de Perú.

También hay otros autores que pueden relacionarse con esa tradición, aunque no perteneciesen directamente a ella. Por ejemplo, John Dos Passos, que me parece un escritor extraordinario. Tiene la Trilogía USA, una obra magnífica. También escribió El gran proyecto, una novela crítica con el New Deal. Dos Passos comenzó siendo muy próximo al comunismo y a la izquierda. Creo recordar que estuvo relacionado con la Guerra Civil española, aunque hablo de memoria. Posteriormente se fue alejando de aquellas posiciones y terminó convirtiéndose en un conservador. No hablamos de un escritor menor, sino de un autor de primer nivel.

Toda esta gente participaba en ambientes aislacionistas o críticos con el New Deal. Conviene recordar que el New Deal fue enormemente poderoso, no solamente en la política, sino también en el terreno cultural y propagandístico. Llegó a utilizarse como modelo para el resto del mundo. Por ejemplo, la película Las uvas de la ira, de John Ford, puede interpretarse como parte de aquella propaganda favorable al New Deal, presentándolo como una solución a los problemas de la época.

Roosevelt tenía una capacidad propagandística enorme. Utilizaba la radio, hablaba a los ciudadanos desde su chimenea y ofrecía consejos periódicamente. Anticipó técnicas de comunicación política que después utilizarían muchos otros dirigentes. Los integrantes de la Vieja Derecha no contemplaban aquello como un gran avance, sino como una amenaza a las libertades tradicionales americanas. Ese modelo se intentó trasladar posteriormente a Europa. La Seguridad Social de Roosevelt, por ejemplo, fue uno de los referentes del sistema que desarrolló la España de Franco. Incluso incorporaba elementos similares, como los fondos de reserva.

Hay que recordar que la Seguridad Social de Roosevelt no fue tan popular al principio como suele afirmarse. Hubo una gran resistencia social y fueron necesarias campañas de propaganda para conseguir su aceptación. Se difundían testimonios de los primeros pensionistas y ejemplos de los beneficios del sistema. Junto con ello aparecieron controles de precios, regulaciones salariales, mecanismos de negociación colectiva, un cierto semicorporativismo, confiscaciones de oro y movilización económica vinculada a la guerra.

Para los autores de la Vieja Derecha, todo aquello suponía que la antigua libertad americana estaba desapareciendo. De ahí procede su oposición a la guerra y al intervencionismo exterior. Aquí aparece otro precursor, Randolph Bourne, con su conocida expresión: «La guerra es la salud del Estado». En tiempos de guerra se establecen controles de precios, regulaciones fiscales, cartillas de racionamiento, reclutamientos obligatorios y organizaciones destinadas a movilizar a la población. Son mecanismos mediante los cuales el Estado va aumentando progresivamente su control sobre la sociedad. Estados Unidos nació como una sociedad con un Estado muy reducido, y este fue creciendo mediante procesos como los que estamos comentando, especialmente aprovechando las guerras.

De ahí procede una tradición de oposición a la intervención exterior que continúa hasta nuestros días. La estamos viendo actualmente en Estados Unidos. Dentro del movimiento trumpista existe una corriente contraria a las intervenciones militares exteriores e incluso a determinados compromisos con Israel. El lema America First tampoco es una invención de Trump. Procede de aquella época, de los movimientos contrarios a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. La idea era que Estados Unidos debía ocuparse de sus propios asuntos y no intervenir en las guerras del resto del mundo.

Por eso el pensamiento de la Vieja Derecha resulta tan interesante: muchas de sus posiciones siguen presentes. También se les denomina paleoconservadores por oposición a los neoconservadores. ¿Y qué caracteriza al neoconservadurismo? Su aceptación de elementos socialdemócratas en economía y su defensa del intervencionismo exterior. Considera que la democracia debe expandirse por el mundo, incluso mediante la fuerza militar. Autores como Irving Kristol y otros neoconservadores posteriores, como David Frum, se apartaron del viejo modelo conservador y adoptaron posiciones mucho más intervencionistas. Esto también está relacionado con la mentalidad de la Guerra Fría, que Rothbard criticaba profundamente. Fue una de las razones por las que se distanció de Buckley.

La Vieja Derecha defendía que Estados Unidos debía evitar el comunismo dentro de sus propias fronteras mediante sus políticas, sus instituciones y la difusión de ideas, pero sin intervenir en los asuntos internos de otros países. Era, en definitiva, una visión bastante antiestatista, aunque sus representantes no fueran anarquistas. Defendían ciertas libertades económicas, el libre comercio y los impuestos bajos, sin llegar necesariamente a las posiciones del anarcocapitalismo.

Es cierto que la tradición americana ha sido bastante antiestatista. La derecha estadounidense siempre ha tenido un sentido individualista muy marcado. Al final, Estados Unidos es un país formado por colonos que iban a hacer fortuna, a jugarse la vida y a vivir de manera prácticamente anárquica. Es una tradición que han mantenido y siguen manteniendo. Veo una diferencia considerable con Europa. Había un político polaco, Janusz Korwin-Mikke, que decía que, a lo mejor, en Europa la libertad frente al Estado podía interesar al 5% de la población, mientras que en Estados Unidos podía interesar al 25%. Existe una América profunda que sigue oponiéndose al intervencionismo estatal. Por ejemplo, en 2022, en Idaho, el miliciano Ammon Bundy hizo una campaña a gobernador basada fundamentalmente en la defensa de la propiedad privada y el rechazo al Gobierno federal, y obtuvo aproximadamente el 20% de los votos. Es una tradición que tienen muy arraigada. Se oponen al Gobierno federal, aunque no necesariamente a los gobiernos estatales o locales.

Exactamente. Están en contra de Washington. Defienden los derechos de los estados, que es una tradición que quizá la derecha hispana no entiende bien. La idea es que cuanto más cerca esté el poder del ciudadano, mejor. Y cuanto más descentralizado y menos concentrado esté, mejor también. Es un principio tradicional de la derecha americana que aquí parece haberse olvidado. Parece que el poder tiene que estar concentrado en un lugar y que los demás territorios no pueden ejercerlo. Pero la libertad necesita precisamente desconcentración del poder.

La derecha americana tuvo siempre bastante clara esa idea, incluso dirigentes como Ronald Reagan o Donald Trump. Los estados deberían conservar el máximo poder posible. Lo que ocurre es que algunas políticas de Trump, como las actuaciones federales en materia de fronteras e inmigración, no encajan precisamente con el espíritu de la Vieja Derecha, que consideraba que el Gobierno central no debía intervenir en los asuntos propios de los estados. Esa es la tradición que estamos comentando.

Es una tradición intelectual a la que ponemos un nombre para poder estudiarla. Rothbard tiene un trabajo titulado The Foreign Policy of the Old Right, sobre la política exterior de la Vieja Derecha. También hay autores posteriores que utilizan la denominación paleoconservadores y estudian sus distintas vertientes. Pero insisto en que aquellas personas no tenían conciencia de pertenecer a un colectivo. No existía un partido paleoconservador ni una organización común.

Algunos eran más socialdemócratas, otros más libertarios y otros defendían determinadas formas de intervención económica. Harry Elmer Barnes, por ejemplo, tenía posiciones distintas de las de Frank Chodorov, que era mucho más libertario en lo económico. Lo que compartían era su oposición al intervencionismo exterior y a determinados planteamientos del Estado moderno. Rothbard fue quien agrupó intelectualmente aquellas corrientes y les dio una denominación común.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la llamada Vieja Derecha americana cayó bastante. Empezaron a dominar los conservadores próximos a William F. Buckley y los fusionistas, como Frank Meyer, que pretendían combinar el libertarismo con el conservadurismo. Posteriormente surgieron autores muy reconocidos que se aproximaron al paleoconservadurismo, como Russell Kirk, Richard Weaver o James Burnham. Una diferencia fundamental con los autores anteriores es que eran mucho más comunitaristas y bastante críticos con el individualismo. ¿Cómo se pueden conciliar esas posiciones con la tradición libertaria?

Vamos a ver. Para mí, uno de los mejores autores de todos los que has citado es Robert Nisbet, porque combina muy bien el comunitarismo con el antiestatismo. Tiene libros extraordinarios. Por ejemplo, Community and Power, traducido al español, y otros trabajos sobre el conservadurismo y el cambio social. Son libros que hoy están bastante olvidados y que casi nadie estudia. A ver si algún joven como usted los recupera.

Nisbet combina muy bien el libertarismo y el antiestatismo con la idea de comunidad. Su planteamiento es que cualquier sociedad sin Estado, o con un Estado mínimo, tiene que apoyarse necesariamente en comunidades: parroquias, vecindarios, familias y comunidades estables, que podríamos llamar orgánicas. Esas comunidades constituyen el verdadero freno al poder del Estado. Las familias y las comunidades limitan la penetración del Estado en la sociedad. El Estado prefiere individuos atomizados, porque puede dominarlos con mayor facilidad. Y muchos libertarios, sin darse cuenta, le hacen el juego al Estado al promover una visión excesivamente individualista.

Yo creo que el libertarismo tiene que ir acompañado de algún tipo de valor comunitario, sea religioso, familiar o de otra naturaleza. No puede basarse exclusivamente en un individuo aislado, actuando como una mónada. Eso no me parece correcto. Después está Russell Kirk, que también me gusta bastante. Kirk tuvo una polémica muy importante con Rothbard en Modern Age, una revista en la que ambos escribieron. Sin embargo, al final de su vida Kirk fue acercándose cada vez más a determinadas posiciones paleoconservadoras. Se convirtió al catolicismo ya de mayor y fue muy contrario a las intervenciones exteriores de los Bush, especialmente a las posiciones intervencionistas que se estaban desarrollando en aquella época. Sus libros, como La política de la prudencia, son muy interesantes.

Richard Weaver también es un autor extraordinario. Tiene Las ideas tienen consecuencias, que está traducido al español. Plantea el debate entre nominalismo y realismo, y atribuye buena parte de la decadencia intelectual de Europa al triunfo del nominalismo, especialmente al nominalismo de Guillermo de Ockham. Es una interpretación filosófica muy interesante.

Kirk, además, era bastante defensor de la América rural y sureña. También podríamos incluir autores posteriores, como Alasdair MacIntyre, aunque este tiene un enfoque más filosófico. Quería preguntarle también por la campaña presidencial de Pat Buchanan en 1992, que reunió a paleoconservadores y paleolibertarios. Buchanan había trabajado para Ronald Reagan, pero posteriormente se distanció de algunas de sus políticas. En aquella campaña participaron o influyeron figuras como Paul Gottfried y Murray Rothbard. También se desarrollaron conexiones con los libertarios del Instituto Mises y con conservadores posteriores, como Tom Woods. ¿Qué tenían en común aquellos movimientos y cómo se produjo ese acercamiento?

Antes de aquella campaña hubo otra muy importante, en 1964, que también reunió a libertarios y conservadores. Fue una campaña presidencial en la que participaron personas procedentes de distintos sectores de la derecha, incluidos algunos vinculados a la John Birch Society. Ahora no recuerdo el nombre del candidato. Fue una campaña que terminó perdiendo las elecciones frente a Lyndon Johnson.

¿Se refiere a Barry Goldwater?

Exactamente, Barry Goldwater. Esa era la campaña. Goldwater reunió a muchos intelectuales y corrientes conservadoras diferentes. Incluso participaron autores relacionados con el tradicionalismo. Por ejemplo, Frederick D. Wilhelmsen, que era un intelectual americano muy próximo al carlismo español.

Wilhelmsen mandó a sus hijos a estudiar a la España de Franco porque consideraba que Estados Unidos se había vuelto demasiado moderno y se había ablandado culturalmente. Llegó a ser carlista y tuvo una relación importante con el tradicionalismo español.

La derecha americana es una derecha con una tradición intelectual muy importante. Tiene muchos pensadores y se toma en serio las ideas. Podemos estar de acuerdo o no con ellos, pero elaboran teorías y reflexionan sobre sus planteamientos.

Volviendo a Pat Buchanan, Rothbard estuvo muy próximo a él al final de su vida. Buchanan había sido uno de los redactores de discursos de Reagan y un intelectual cercano a su administración. Posteriormente creó su propio movimiento político, con posiciones proteccionistas y otras diferencias importantes respecto al libertarismo. Rothbard intentó asesorarlo y aproximarlo a determinadas posiciones paleolibertarias. Fue probablemente el momento en el que Rothbard estuvo más próximo a los paleoconservadores.

Después de la campaña de Pat Buchanan, que reunió a paleoconservadores y paleolibertarios, hubo otro movimiento muy importante: el de Ron Paul. Ron Paul también participó en las primarias republicanas y tuvo una influencia considerable sobre el Tea Party y sobre una parte de la derecha estadounidense actual. Creo que, más que su hijo Rand Paul, quien representa de manera más fiel algunos de sus principios es Thomas Massie. Massie se enfrentó recientemente a Trump por la cuestión de los documentos de Epstein. El otro día escuché una respuesta suya bastante curiosa. Le preguntaron si iba a pasarse al Partido Demócrata y respondió que votaba con los republicanos el 91% de las veces, y que cuando no lo hacía era porque los republicanos querían meter a Estados Unidos en una guerra, arruinar el país o defender a pedófilos. ¿Qué queda actualmente de aquellos principios y cómo se manifiestan dentro del movimiento conservador estadounidense?

El movimiento MAGA es muy heterogéneo. Yo no considero que Trump sea propiamente un ideólogo. No veo en él una gran consistencia teórica ni un conocimiento profundo de estas tradiciones intelectuales. Puede simpatizar instintivamente con algunas de esas ideas y comprobar que políticamente le funcionan. Pero no creo que Trump conozca especialmente bien toda esa tradición. En cambio, muchos de sus seguidores, intelectuales e influencers sí la conocen.

Lo verdaderamente sorprendente es la fuerza que está recuperando el aislacionismo en Estados Unidos. Estaba leyendo recientemente un libro de Andrew Koppelman, Burning Down the House, sobre el libertarismo moderno. Koppelman es profesor de Derecho en Estados Unidos y señalaba algo muy interesante: que la línea rothbardiana está adquiriendo una influencia inesperada sobre la política estadounidense. No porque se esté imponiendo el anarcocapitalismo, evidentemente, sino porque determinadas soluciones que plantea la derecha actual habrían sido impensables hace algunas décadas.

Por ejemplo, durante la presidencia de Obama, muchos republicanos criticaban el Obamacare, pero no lo cuestionaban necesariamente desde sus fundamentos. En ocasiones simplemente proponían reducir algo su gasto. La línea rothbardiana, en cambio, planteaba una oposición mucho más radical al intervencionismo estatal.

Y algo parecido sucede con la política exterior. Tucker Carlson, por ejemplo, representa una corriente muy crítica con las intervenciones internacionales. También Charlie Kirk había expresado determinadas posiciones que se apartaban de la línea neoconservadora tradicional. Especialmente en relación con Israel y con la participación de Estados Unidos en conflictos exteriores. Esta es una tradición claramente aislacionista: Estados Unidos no debe intervenir en las guerras de los demás ni asumir la responsabilidad de resolver todos los conflictos internacionales.

Junto a ella existe una cierta vertiente libertaria, porque algunos sectores libertarios han apoyado el movimiento MAGA. Es una amalgama de corrientes diferentes. Dentro del movimiento hay republicanos convencionales, como Marco Rubio, y otras figuras mucho más próximas a las posiciones paleoconservadoras. Probablemente la corriente aislacionista y libertaria no sea la que tiene más influencia dentro del Gobierno. Pero sí creo que tiene mucha fuerza entre los jóvenes y en determinados sectores de la opinión pública. Es una de las corrientes que mejor sabe expresar sus principios y conectar con sus seguidores.

En cierto sentido, podríamos hablar de un triunfo tardío de Rothbard, aunque naturalmente con muchas diferencias y matices. Koppelman señalaba con sorpresa que la influencia intelectual que estaba creciendo no era tanto la del republicanismo moderado ni la de Russell Kirk, sino la de la tradición rothbardiana. Y esto resulta muy interesante.

Economista y politólogo, ha escrito también artículos en Chronicles y Mises Institute

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