Álvaro Pavón: «Corresponde a cada generación analizar hacia qué lado corregir el rumbo. Yo creo que ya va tocando algo de orden»

Entrevista con el autor de «Sila, el origen del dictador» sobre Roma y la profundidad de ese personaje histórico

Álvaro Pavón –filósofo, máster en Filosofía Moderna y un apasionado de la Antigüedad clásica–, ha escrito una primera novela deslumbrante: Sila, el origen del dictador (Plaza & Janés). Lucio Cornelio Sila, un personaje histórico fundamental en el paso de República Romana a Imperio Romano y, sin embargo, de los más desconocidos de la Antigua Roma. No es sólo ese personaje tirano y demonizado que nos han contado a través de la historia, sino una personalidad con más ángulos de los esperados, estratega y apasionado, del que descubrirán que concentra más luces que sombras. Pavón, responsable de este casi hipnótico primer volumen de una trilogía, ha construido un espacio narrativo, con un estilo fluido para degustar con calma, alrededor de una historia de deseos, temores, sexo, amantes, ambición, política, sacrificios, moral y honores que vengar. Lo real y la ficción se funden con tal precisión que sólo podía salir de una mente curiosa y culta como la de Pavón. Y todo desde Roma, donde la gastronomía, los juegos, los foros o las leyes te proporcionan ese placer de estar visitando tus orígenes, volver a la cuna de todo lo que tú eres.

Con usted confirmamos aquel argumento que aseguraba que los hombres piensan en Roma al menos una vez al día. ¡Usted es uno de ellos! ¿Qué tiene Roma que nos fascina tanto?

De hecho algunos hombres pensamos en Roma al menos una vez cada media hora (risas). Respecto a la fascinación, yo ahora estoy leyendo El hijo de la pirámide, de Antonio Cabanas. A mí Egipto me apasiona y de pequeño quería ser egiptólogo. Pero Egipto nos fascina por cuanto ajeno, extraño, exótico. Roma, en cambio, no nos es ajena, ni extraña, ni exótica. Nuestra fascinación por Roma viene de todo lo contrario: nos resulta demasiado familiar. Roma somos nosotros.

Ahora que las humanidades, la historia o la filosofía están reduciendo sus horas en la educación, no han logrado, afortunadamente, que las ganas de saber sobre nuestros clásicos desaparezcan. Novelas históricas como la suya se han convertido en superventas saciando la pasión por nuestro pasado…

Cuando le dije a mi agente que mi deseo era escribir novela histórica, me felicitó por la decisión porque es el género que más vende. Otra persona del mundo editorial me dijo que la gente jamás se cansaría de leer novelas de romanos. Y qué decir del éxito de series de televisión como Roma de HBO, que a mí me influyó muchísimo, o películas como Gladiator. La fascinación es inagotable porque nos reconocemos en ese mundo. Yo estuve el verano pasado en Roma y paseé por las mismas calles que mis personajes. Le puse a mi pareja la cabeza como un bombo diciéndole «aquí pasó esto», «allí sucedió tal cosa»…

¿Por qué Sila? Desde luego fue un personaje de una trascendencia brutal…

Es un personaje histórico fundamental en el paso de República Romana a Imperio Romano, espejo en el que Julio César se mira unos años más tarde para imitarlo o para diferenciarse de él, pero no es ni la décima parte de conocido que César. Su personalidad compleja, llena de contradicciones, lo hace muy atractivo. Patricio empobrecido, amante del teatro, de la literatura griega, de hombres y mujeres, juerguista legendario que se abre camino en la política romana a golpe de suerte, de no poco magnetismo personal, y también de una buena dosis de inteligencia y talento… A mí todo eso me cautivó.

Roma está en plena decadencia final ¿Sila es el  hombre clave de la República romana?

Sila es uno de esos personajes que toman una decisión que cambia la Historia. Es el primer general romano que decide recurrir a sus legiones para dirimir una disputa política. Su decisión de marchar sobre Roma con su ejército es un shock para todo el mundo. Sus enemigos, que lo habían expulsado de la ciudad, no estaban preparados para esa respuesta porque no se la esperaban, no concebían que pudiera hacerlo. Y sin embargo a partir de ese momento el recurso al ejército para resolver un conflicto político se convertirá en un rasgo característico del sistema, no solo hasta el final de la República, con Julio César cruzando el Rubicón, sino hasta el final del Imperio.

Historiadores y escritores presentan a Sila rodeado de venganza, sangre, un personaje oscuro, malvado… Sin embargo, usted nos presenta más ángulos de esta personalidad romana…

Una gran virtud de Sila fue la lealtad a sus amigos. Muchos de estos eran actores y gente de la farándula despreciada por la alta sociedad, que conoció durante sus años de marginalidad, en su juventud. La demonización de Sila nos lleva a verlo como un psicópata, pero los psicópatas utilizan a las personas como instrumento y no había ninguna razón para que Sila, una vez iniciada su carrera política, mantuviese a estas personas a su lado. Más bien todo lo contrario, tendría que haber dicho «si te he visto no me acuerdo» y olvidarse de ellos para codearse solo con la crème de la crème. Pero él jamás renunció a sus amigos, tampoco al hombre que le acompañó durante toda su vida, al que evidentemente amaba y nunca dejó de amar, a pesar de las malas lenguas.

Cuentan que Sila era un hombre de gran belleza y utilizó sus armas de hombre en cuanto al físico. Pero eso no quita, evidentemente, reconocer la persona inteligente que era. ¿En qué se basaba el poder de Sila?

Sila tiene un gran atractivo, un magnetismo y un carisma que le acompañan toda su vida. Gracias a ese magnetismo personal consigue salir a flote durante su juventud despendolada y luego abrirse camino políticamente. Consigue ser elegido para su primer cargo público y ello a pesar de no haber hecho nada de provecho en treinta años, por lo que su sola personalidad debió causar cierta impresión positiva en el electorado. Luego, durante la Guerra de Jugurta los reyes extranjeros quedan encantados con él cuando hace de embajador, y los soldados adoran ver cómo cava zanjas en el barro junto a ellos. Desde luego, sus legiones no habrían marchado sobre Roma de no confiar ciegamente en él. Yo creo que él no deja de ser nunca un gran seductor.

La relación entre César y Sila fue un tenso choque continuo. ¿Podríamos hablar de dos ideas diferentes de gobierno? El proyecto político de Sila como reformador avanzado es digno de mencionar

Son dos formas de concebir el poder radicalmente distintas. César quería instaurar una monarquía, quizá no con ese nombre, pero una vez obtenido el poder no tenía intención de renunciar a él. Sila, en cambio, se concibe como un Solón o un Licurgo: un legislador con poderes extraordinarios para ordenar el sistema político maltrecho para luego retirarse y dejar que ande solo. Durante algo menos de dos años de agenda reformadora frenética, no hay aspecto de la República que Sila no alterase. No puedo sintetizarlo en el espacio de esta entrevista, pero me gustaría señalar, porque creo que no se ha hecho lo suficiente, que muchas de sus reformas habían sido propuestas años antes por el tribuno de la plebe Marco Livio Druso, que no pudo llevarlas a cabo porque fue asesinado. Es decir, Sila aprovecha su triunfo en la Guerra Civil para decir «voy a hacer por las malas lo que a otros no dejaron hacer por las buenas». En ese sentido, intenta que el sufrimiento de la Guerra Civil no sea en vano, sino que sirva para algo constructivo.

Busto de Sila. Museo Arqueológico, Venecia

Para colmo, a Sila le dan dos golpes de estado, no fue fácil su singladura política. Y no sería tan cruel cuando perdonó la vida a César, enemigo acérrimo. Aunque no fue por generosidad… Sila no daba puntada sin hilo.

En efecto, Sila no se lanza a matar gente a diestro y siniestro porque sí. La primera vez que le dan un golpe de estado, siendo él cónsul, restaura el orden con las legiones y muestra mucha contención: solo proscribe a doce personas y luego celebra elecciones libres. Salen elegidos dos nuevos cónsules, ninguno partidario suyo: Cinna y Octavio. Mientras Sila está fuera, Cinna asesina a Octavio y proscribe a Sila y a todos sus aliados políticos. Es esto lo que fuerza a Sila a regresar una vez más a Roma al frente de su ejército, ya con la dictadura en mente. Sila se concibe como un cirujano de hierro que quería tratar la gangrena de la República, y la gangrena entonces se trataba con amputaciones. Entonces el cirujano amputaba un poco de miembro sano con la parte podrida, por si acaso, y por eso mismo a Sila no le tiembla el pulso cuando condena a muerte a miles. Lo que sucede con César es que por él interceden varias personas, y decisivamente el yerno de Sila, Mamerco Emilio Lépido Liviano. No sé bien qué interés tenía Mamerco por salvar la vida de César, pero, cuando años después este pierde a su primera esposa, se casa con la hijastra de Mamerco y nieta de Sila, Pompeya Rufa.

Sila incluso abdica, ¡dimite! Algo que algunos no saben qué es en nuestra época…

En efecto, para Sila «dimitir» no es un nombre ruso (risas). Tras menos de dos años como dictador, Sila reúne al pueblo y anuncia por sorpresa que abdica la dictadura. Nadie se lo esperaba. Todos creyeron que era una broma macabra. El Senado estaba dispuesto a nombrarlo gobernador de la Galia Cisalpina, lo que le habría proporcionado un nuevo mando militar y una buena posición estratégica para marchar sobre Roma cuando él quisiera. Pero él renuncia al poder y ni siquiera se queda en la ciudad como senador, sino que abandona totalmente Roma y se retira al campo, a su villa de Putéolos, en la bahía de Nápoles (a más de 200 km). Nótese la diferencia con César, que inicia su propia guerra civil precisamente porque se niega a renunciar a su mando en la Galia después de ocho años de proconsulado. Yo creo que Sila trataba de imitar a Solón, que nada más renunciar a sus poderes extraordinarios decide marcharse de Atenas a fin de que nadie pudiera tentarlo para regresar al poder.

No falta el sexo en esta novela. Sila tuvo una vida disoluta, apasionado en las relaciones. Además, le gustaba la cultura y eso le acarreó también «problemas». Por otra parte, creo que la sociedad romana era más bien conservadora en cuestiones sexuales…

El Sila histórico, antes de su carrera política, vivió varios años en concubinato con una mujer de mala nota llamada Nicópolis, de la que sabemos muy poco pero de la que se ha especulado que pudiera ser una prostituta enriquecida. Luego, Sila tuvo cinco esposas diferentes a lo largo de su vida. Algunas fallecieron, de otras se divorció. A algunas parece que les profesó genuino amor, cuanto menos cariño. Al margen de todas tuvo siempre a su amante masculino, un joven actor llamado Metrobio que le acompañó al menos la mitad de su vida. También es bien conocida su amistad con el actor Quinto Roscio, al que podemos vincular sentimentalmente con otro senador importante de esta época, Quinto Lutacio Cátulo… El nombre de Sila siempre estuvo vinculado al escándalo. Respecto a la sexualidad en Roma, tenemos dos imágenes contradictorias: represión y libertinaje. A mí me gusta recordar que la idea de una moral universal, válida para poderosos y humildes, ricos y pobres, hombres y mujeres, es algo que surge con el cristianismo. En Roma hay una moralidad sexual muy estricta que aplica solo a las clases altas, que tienen patrimonio y antepasados. La monogamia dentro del matrimonio heterosexual garantiza la paternidad de los hijos y protege el patrimonio familiar. Esta moral no aplica para las clases más bajas, que no tienen patrimonio ni antepasados. Con Sila lo que ocurre es que es un noble desclasado, que en su juventud no tiene perspectivas de futuro, y con eso en mente decide llevar la misma vida que actores y prostitutas, hasta que un golpe de suerte le permite iniciar carrera política. Es un anfibio, no pertenece del todo ni a un mundo ni a otro, y eso es escandaloso se mire por donde se mire.

No se puede hablar de Sila sin Mario, el General, ¿es así?

No se puede. Es el destino el que los unió. Cayo Mario será el mentor y luego némesis de Sila, una «ruptura» que arrastrará a Roma a la Guerra Civil, que estoy deseando explorar en las siguientes novelas. En esta primera, Mario tiene bastante protagonismo y creo que el lector simpatizará mucho con él desde el primer momento, porque es un hombre hecho a sí mismo, que debe vencer a todos los prejuicios y la resistencia de la vieja aristocracia romana, a la que él no pertenece. Ese enfrentamiento de David contra Goliat y su compasión por la plebe romana lo marca como héroe, pero el héroe que vive lo suficiente acaba convertido en villano y quien conoce la historia sabe que Mario terminó haciendo cosas horribles. Esa transformación moral me interesa muchísimo.

La mujer tiene un papel importante en aquella época. Las vestales, por ejemplo… Y Emilia, que marcará buena parte del destino de Sila.

Dentro de la novela, sí. Mi protagonista es un joven libertino y, sin afán de hacer spoiler, justo en esos años sucede históricamente un gran escándalo sexual que sacude toda Roma, en cuyo epicentro está Emilia. Por coherencia temática, no podía tratar ambas cosas como independientes dentro del universo de la novela. Emilia juega un papel importante para que el Sila de la novela se plantee que la vida es algo más que una bacanal constante. Por lo demás, no es el personaje femenino más influyente en la historia, aunque sí el más misterioso. Creo que Nicópolis y Fulcinia, la madre de Mario, interesarán más al lector. También la esposa de Mario, Lusia. Tal y como sucedía en aquella época, las mujeres en mi novela son personajes secundarios, pero con una cuota de influencia decisiva sobre sus maridos, hijos, amantes. En las próximas novelas me gustaría explorar más los personajes femeninos.

Roma nos explica mucho a nosotros mismos. ¿Considera que hay temas que ya trataban los griegos y romanos y que aún nosotros no tenemos resueltos, ya sea en política, en justicia…?

Los romanos eran un pueblo muy práctico. En el caso de la política, entendían que no existen los sistemas perfectos y que una sociedad solo puede aspirar a guardar cierto equilibrio entre dos extremos malos por igual: la anarquía y la tiranía. Todas las sociedades se mueven entre ambos extremos, tanteando a ciegas en pos de ese punto intermedio entre libertad personal y orden social que nosotros llamaríamos democracia. Los romanos entendían que esto era un juego de equilibrios muy sutil. Nosotros buscamos resolver un problema que no se puede resolver, es un problema que debe enfrentar cada generación: ¿cómo reconciliar libertad y orden? Ambas cosas son necesarias, pero el veneno está en la dosis, como decía Paracelso. Algunas generaciones enfrentan un orden social muy rígido y conviene que fomenten la libertad, pero otras lo que tienen que enfrentar es el desorden, y ahí conviene hacer un análisis de hasta qué punto la libertad personal ha eclipsado cosas importantes como el patriotismo, la familia, la fe… Cosas que se traducen en cohesión, seguridad, tranquilidad… Pasarse de rosca en cualquiera de los dos sentidos no es bueno y corresponde a cada generación analizar hacia qué lado toca corregir un poco el rumbo. Yo creo que ya va tocando algo de orden. Como Tocqueville, amo la libertad, pero me preocupan los individuos desarraigados: sin patria, sin tradición, sin familia…

Ha logrado con su buen hacer narrativo dejarnos enganchados a la personalidad de Sila. Y ahora a esperar sus dos próximas entregas que prometen más y mejor… ¿Nos avanza algo?

En la primera novela, Sila, el origen del dictador, vemos a Sila dando tumbos. En la segunda, Sila, soldado de Roma, él se meterá de lleno en la vida de los cuarteles bajo el ala de Cayo Mario y descubrirá que, contra todo pronóstico, no se le da mal ese mundo. Mientras sigue a Mario en África y la Galia, Sila encontrará un sentido a su vida, y el lector encontrará más batallas, más intriga, más corrupción, más traición y también más pasión.

MÁS IDEAS