Entre otros títulos académicos, Lourdes Moreno Cazalla es doctora en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Complutense de Madrid. Su labor profesional se ha desarrollado, sobre todo, en el área de radios del Grupo Prisa. El año pasado publicó en la Revista de Occidente el artículo “La música urbana latina: el poder blando del español en la cultura global”. Luego debatió sus conclusiones con un panel de expertos en la charla Calas del español: un diálogo sobre la lengua, organizado por la Fundación Areces y disponible en Youtube. Su combinación de conocimientos culturales y empresariales resulta idónea para detectar las claves del crecimiento del español en la industria musical del siglo XXI. Por desgracia, gran parte de la derecha española no parece dispuesta a reconocer el enorme triunfo que supone para nuestro idioma la explosión comercial de superventas como Shakira, Bad Bunny y Karol G, seguidos por millones de jóvenes en todo el planeta.
En las últimas décadas, se ha hecho evidente un ascenso del español como idioma pop global. ¿Hasta qué punto compite con el inglés?
Por ahora el español no supera al inglés en términos absolutos, ya que esta sigue siendo la lingua franca del pop global. Lo que está sucediendo es que gracias al acceso global y digital a través de las plataformas, el español —y otros idiomas como el hindi, coreano, japonés, etcétera— se escucha en más territorios. Además, como cada vez hay un mayor crecimiento de usuarios del denominado Sur global, cada vez habrá más lenguas no anglófonas copando el panorama mundial de la música. Más que hablar de un reemplazo del inglés, hablaría de una mayor diversidad lingüística en el mercado global. El inglés sigue liderando, pero ya no monopoliza el centro de la fiesta.
Señala que mucha gente rechaza el español callejero de la música urbana latina por ser un registro heterodoxo, considerado vulgar. Es algo que no se reprocha, por ejemplo, al flamenco, con su pronunciación plebeya y particular. ¿Se rechaza el pop latino urbano por restos de mentalidad colonial?
Decir que no se entiende a Bad Bunny por su lambdacismo [fenómeno fonético que consiste en la sustitución de una consonante por la letra ele] podría equivaler a decir que a Camarón de la Isla no se le entendía las letras por su quejío cerrado y su fonética gitano-andaluza. Y esto no sucede. Sin embargo, creo que reducir el debate únicamente a una cuestión colonial sería insuficiente. También intervienen factores sociales, mediáticos y de clase. Resulta significativo que, en Estados Unidos, la música latina supera al jazz en volumen de negocio y cuenta con sus propios premios de la Academia Grammy. El éxito comercial y la legitimación cultural no siempre avanzan al mismo ritmo.
Más que hablar de un sesgo geográfico y colonial, que existe, aparecen componentes sociales y mediáticos. En los últimos años, se aprecia un cambio de actitud y percepción hacia el reguetón, o al menos hacia sus artistas y en buena parte está capitaneado por Bad Bunny. Más allá del ritmo festivo y su contribución a la creación de una identidad o pertenencia a grupo, se deben considerar varios aspectos para esta aceptación: por un lado, estaría el cambio en la posición socioeconómica y cultural de los nuevos artistas, ya que muchos de ellos con estudios universitarios y mayor poder adquisitivo (J Balvin, Karol G y Rauw Alejandro, aunque creo que este último no los terminó); por otro, la elevación del género musical y su popularización mediante colaboraciones con artistas latinos y anglosajones, lo cual incrementa la fama y la relevancia de todos ellos, pues si reúnes a tres o cuatro artistas en una canción, se logra tantas veces más tracción comparada con el solista o los dúos que se daban en el rock y el pop; por último, los artistas explotan una doble faceta digital como creadores de contenido y también como personalidades relevantes o influencers en las redes sociales, particularmente en TikTok.
Ramiro Villapadierna, exdirector de la Oficina del Español y codirector de la Cátedra Vargas Llosa, afirmó que “Shakira y Bad Bunny han hecho más por el español que el Instituto Cervantes”. Por supuesto, la prensa se le echó encima. ¿Por qué cuesta reconocer que Bad Bunny y Karol G pueden ayudar al español como The Beatles al inglés?
Entiendo lo que plantea Villapadierna y, en términos de visibilidad global, comparto parte de su argumento. Ahora bien, tampoco diríamos que los Beatles enseñaron inglés al mundo. Lo que hicieron fue convertirlo en la banda sonora de varias generaciones. La música urbana latina puede estar desempeñando hoy una función simbólica similar para esta generación. Pensemos que Bad Bunny ha conseguido incluir canciones en español hasta el el top 10 de Apple Music de China, donde casi la totalidad son temas en mandarín. El artista hizo un concierto en Tokio donde se puede ver en el vídeo cómo los fans japoneses coreaban todas las canciones y las crónicas del evento lo resumieron así: “Español a todo pulmón en Japón”. Pero no tenemos datos de la conversión en estudiantes, consultado con algunos Institutos Cervantes.
El caso de Shakira es mucho más sofisticado porque ella que empezó su carrera en los noventa, ha empleado el inglés como “peaje” para la internacionalización de su música. Antes que Bad Bunny, Gloria Estefan en los noventa, y Shakira junto a Jennifer López, actuaron en uno de los espectáculos musicales que concentran mayor interés y audiencia mundial: el Halftime show de la Super Bowl celebrado en 2020 en Miami. Toda la actuación podría considerarse como una expresión del orgullo latino y del empoderamiento femenino latino, donde se dejaban claros valores y se expresaba una crítica social y temáticas que afectan a la comunidad, desde la desigualdad al clasismo, pasando por la violencia, el edadismo, la migración o el sexismo.
Su texto señala como crucial el factor demográfico: los hispanos somos ya la minoría más grande de Estados Unidos, por encima de los afroamericanos. ¿Qué efectos tiene eso para el pop en nuestro idioma?
Con cifras del Pew Research Center de 2023, se observa que el español juega un papel fundamental en la identidad latina para esta población que vive en Estados Unidos. El 63% admite habla spanglish, una combinación de español e inglés; el 34% de los latinos de tercera o superior generación dicen que pueden mantener una conversación en español, al menos, bastante bien; y el 14% afirma que pueden hacerlo muy bien (Mora y López, 2023). La normalización de esta presencia latina en cualquier manifestación cultural mainstream no es una coincidencia, sino más bien el producto de la realidad demográfica, económica, política y social de Estados Unidos, y demuestra que el crecimiento constante de la población hispana está impulsado, sobre todo, por el número de hispanos nacidos en el país, una generación que se siente orgullosa de sus raíces y se concibe más allá de su propia nacionalidad.
Para entenderlo, un ejemplo muy evidente es el boom de la música mexicana (géneros como los corridos tumbados y artistas o grupos como Peso Pluma, Fuerza Regida, etcétera), que está enraizado en Estados Unidos, y es identidad regional mexicano-americana, no exportación desde Latinoamérica.
Aparte de la demografía, también apunta al factor de la tecnología. Una plataforma como Youtube iguala las condiciones de competencia con el pop anglosajón. ¿Significa esto que hasta que llegó esa democratización de la música el pop en español ha estado compitiendo en inferioridad de condiciones?
En Estados Unidos, el mayor mercado de la industria musical, costaba incluir canciones de éxito solo en español, por ejemplo en la radio o en la MTV. Pero desde los años noventa tenía sus propios circuitos paralelos como radio latina, industrias regionales, Univisión, People Latino…Todo ello estaba en un sistema paralelo. Lo que hicieron las plataformas fue colapsar los sistemas paralelos en un espacio comparable. Es una especie de nivelación: las plataformas tienen sesgos que precisamente los artistas en español han sabido interpretar para retar al algoritmo, como puede ser la publicación más sistemática de singles frente a álbumes, las colaboraciones con otros artistas que hacer conectar con otras audiencias y todo esto son cambios estructurales de la propia industria. YouTube ha sido históricamente clave para lo latino, justamente porque indexaba un consumo que la radio estadounidense ignoraba y, a día de hoy, el vídeo musical más reproducido de la plataformas “Despacito” (2017).
En el texto considera que muchas letras de pop urbano latino son sexistas, pero no pone ejemplos que lo justifiquen (supongo que por motivos de espacio). El caso es que la inmensa mayoría del público en ese tipo de conciertos es femenino. ¿Puede ser machista una forma de arte que apoyan tanto las mujeres y que tanta diversión les procura?
La popularidad entre las mujeres no convierte automáticamente un producto cultural en inmune a la crítica. Son cuestiones distintas. Existen canciones dentro de la música urbana que reproducen estereotipos sexistas, igual que ocurre en otros géneros musicales, en el cine o en la literatura. Pero también encontramos artistas y canciones que cuestionan esos mismos modelos. Además, reducir el éxito del reguetón a sus letras sería un error. Muchas personas se sienten atraídas por estos géneros por motivos relacionados con el baile, la sociabilidad, la identidad generacional o el disfrute colectivo. La cuestión interesante no es si millones de mujeres escuchan reguetón, porque eso es evidente, sino cómo negocian los significados de esas canciones y qué elementos valoran realmente de ellas.
Creo que en estos meses emerge otro factor de crecimiento que raramente se analiza: el fútbol como aliado del pop urbano latino. Shakira cantó el himno de los mundiales en 2010 y 2026 y casi todos los eventos de la Liga apuestan por artistas urbanos latinos. También está el fenómeno de “Tres estrellas”, la canción de Duki y Bizarrap con la que Argentina celebró el Mundial 2022. ¿Qué papel juega el deporte rey en el ascenso del pop urbano en español?
En este sentido, pienso más bien al contrario: la música pop y los sonidos latinos se ha incluido como bandas sonoras de una emoción colectiva. En el Mundial de España en 1982 fue Plácido Domingo quien hizo el himno, en Italia se eligió una canción melódica, creo que desde Francia 1998 con “La Copa de la Vida” de Ricky Martín es cuando se empiezan a considerar más estas obras de ritmo latino, y coros más globales y espontáneos.