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Pinchazos: de leyenda urbana inglesa a propaganda ministerial española

Todos los hombres, como clase opresora patriarcal, pasaban a ser sospechosos y un poco culpables también de algo tan monstruoso como inexistente

En otoño de 2021 una nueva amenaza parecía cernirse sobre las mujeres británicas en pubs y discotecas de todo el país. Súbitamente, comenzaron a denunciarse casos de chicas que habían sido pinchadas durante sus salidas de ocio nocturno, probablemente para inyectarles alguna droga que anulase su voluntad y así quién sabe si robarles sus pertenencias o, aún peor, abusar sexualmente de ellas. En apenas unos meses llegaron a sumarse hasta 1.300 denuncias… era alarmante ¿qué estaba pasando? ¡había que hacer algo! El asunto llegó incluso a abordarse en el Parlamento.

Pero si centramos la atención en sus medios encontraremos el hilo del que poder tirar para entenderlo. Prensa sensacionalista como Daily Express o Daily Mirror y también la misma BBC (cuyo prestigio internacional viene, en el fondo, de ser inglesa) ya desde octubre comenzaron a publicar reportajes con titulares como Señales de que te han inyectado en la epidemia que azota el Reino Unido ¡Es terrorífico! que describían síntomas como pérdida del equilibrio, problemas de visión, inhibición más baja, confusión, náuseas, vómitos y pérdida del conocimiento. En un país que tiene 3.000 palabras distintas para referirse a la borrachera esos signos resultaban sospechosamente familiares. Además, las denuncian provenían en su mayor parte de chicas entre 16 y 18 años, un grupo demográfico particularmente susceptible a las modas y más necesitado de excusas respecto a posibles borracheras. En ningún análisis farmacológico se llegó a detectar rastros de drogas extrañas que anulasen la voluntad; muchos profesionales de la medicina explicaron la dificultad o imposibilidad de pinchar a alguien con una aguja en ese ambiente e inyectarle nada y, lo que más invitaba al escepticismo, no había detenidos, ni testigos, ni grabaciones del hecho delictivo en un país con 5 millones de cámaras de vigilancia.

La policía reiteró en el tiempo que no había evidencia de ningún caso real de este tipo, algunos comentaristas describieron todo esto como una ola de «pánico moral» fruto de una leyenda urbana avivada por medios y redes sociales y psicólogos que analizaron el fenómeno lo relacionaron con ciertos temores inconscientes entre la población a la entonces vigente campaña de vacunación por Covid 19. Para el 31 de octubre ya se habían suministrado más de 100 millones de dosis en el Reino Unido y ser pinchado por una aguja es algo que genera cierta aversión en mucha gente, cosa que esta leyenda urbana habría aprovechado para viralizarse. Tema zanjado, como vemos en esta gráfica las búsquedas en Google en aquel país de «pinchazo de aguja» tuvieron un ascenso fulgurante el 21 de octubre (recordemos que ese fue el día de publicación del titular tan escandaloso antes citado) y poco tiempo después se volatilizaron. De tal manera que para comienzos de 2022 las aguas regresaban a la calma, los ingleses podían volver a lo que mejor saben hacer y al resto del mundo más le valía tomar nota para evitar repetir lo mismo en sus respectivos países… ¡Pero no!

La semana del 22 al 28 de mayo de 2022 en los Países Bajos recoge, según podemos ver en Google Trends, un interés público en los «pinchazos de aguja» de un incremento tan rápido como efímero. De nuevo, como declaró en junio el portavoz de la policía de Amsterdam «hemos tomado cada denuncia seriamente, pero no hemos encontrado una sola muestra de evidencia de pinchazos de agujas (…) Si te pincho con una aguja, giras la cabeza y miras el lugar donde está el dolor. Si quieres usar una jeringa para poner algo en el cuerpo de alguien, alguien lo verá. Nadie ha visto nada. Ni una sola persona. Si no hay pruebas, no podemos decir que sucedió». Ciertamente llegaron a detener a un hombre en un festival de La Haya que portaba dos jeringas, pero la Policía terminó concluyendo que se trataba de un consumidor de drogas habitual y eran para uso personal.

Como muchos imaginarán o recordarán, la cosa no acabó ahí. El país donde se dio el llamado «Bulo del culo», el que tuvo al presidente del Gobierno y a los medios un mes centrado en los gritos por la ventana de un Colegio Mayor, no iba a dejar pasar por alto una leyenda urbana tan útil para la agenda progresista. A principios de julio la agencia EFE, como sabemos de titularidad pública (¿o tal vez deberíamos decir de titularidad socialista?) publicó una noticia recogida en diversos medios en la que podemos leer acerca de las «sumisiones químicas que se registran en España, una práctica en aumento, que está detrás del 33% de las agresiones sexuales de los últimos 5 años». Un dato llamativo, pero si vamos al informe del Ministerio de Justicia en el que se basa el texto (que puede descargarse aquí) ese dato del 33% en realidad corresponde a las peticiones de análisis toxicológico, de los que «El 72,1% de los casos analizados fueron positivos a alguna sustancia (alcohol, drogas de abuso y/o psicofármacos) aisladamente o en combinación». Es decir, haciendo una regla de 3 podemos concluir que en un 23,8% de los casos de abuso sexual la víctima estaba bajos los efectos de alguna droga (en un 80% es el alcohol), aunque el informe no especifica si a las víctimas se las forzó a beber/drogarse o el agresor solo aprovechó ese estado de ebriedad. Ahora bien, ¿qué importancia tiene todo esto? Permítanme seguir con el repaso cronológico y volveremos a ello para entenderlo.

Esta noticia supuso un pistoletazo de salida para la publicación de medidas tomadas por diferentes administraciones, como el reparto de 10.000 cubre vasos para evitar agresiones por sumisión química en las fiestas de Barakaldo, la presentación de una campaña publicitaria del Gobierno de La Rioja, así como otra similar en Barcelona. Entonces llegan los San Fermines y con ellos 4 denuncias de pinchazos ¡Ya lo tenemos a España, por fin! Pero la diligencia policial se convierte en un aguafiestas para la agenda mediática: el mismo día 13 se hace público que esos posibles pinchazos no serían más que «una gamberrada». Dará igual, la maquinaria sigue en marcha.

El día 25 Antena 3 nos sorprende con el titular Un pinchazo en medio de la discoteca: la nueva técnica de sumisión química cuyo contenido se sustenta en un mensaje de Instagram y en el que nos explican que «en los medios de comunicación se pueden encontrar varias noticias sobre ‘pinchazos a chicas’ en las pasadas fiestas de Sanfermines»…¡Si la policía los había desmentido! En fin, ya sabemos que muchos periodistas españoles no dejarán que la verdad les estropee una buena noticia, prosigamos.

Justo al día siguiente llegaba La Sexta con refuerzos titulando Cómo debes actuar en caso de sentir un pinchazo estando de fiesta, y ahí, en el cuerpo de la noticia, podemos ver una referencia a aquella otra de la agencia EFE que tergiversaba considerablemente un informe del Ministerio de Justicia, para concluir en triple voltereta mortal que «detrás del conocido como ‘pinchazo’ se encuentran el 33% de las agresiones sexuales de los últimos 5 años, recoge EFE». Asombroso. Como en el juego del teléfono estropeado, un dato inicial del 23,8% de víctimas de abuso sexual bajo los efectos de alguna sustancia (casi siempre alcohol) en el momento de los hechos denunciados, pasa a convertirse por la magia periodística en un 33% de víctimas de abuso sexual que han sido pinchadas con jeringuillas por sus agresores. Es abiertamente mentira, pero se trata de montar una bola de nieve.

Llegamos al 27 de julio, un día después de la noticia de La Sexta y dos de la de Antena 3, así que ahora le toca recoger el testigo a Telecinco, que nos cuenta cómo «aumenta la preocupación ante la oleada de pinchazos para provocar sumisión química». Oleada. Lo cierto es que la mecha prende y a finales de julio se empiezan a producir denuncias y si nos fijamos en las búsquedas de Google hay un pico de atención pública entre el 31 de julio y el 6 de agosto sorprendentemente similar al que vimos antes en Holanda y Gran Bretaña.

Frente a toda esta farsa la Guardia Civil sí cumplía su labor y no solo desmentía como «bulos» ciertas informaciones sobre pinchazos, sino que tuvo que proteger a un hombre en Asturias falsamente señalado por la muchedumbre como autor de unos pinchazos y a punto de ser linchado. Pero el feminismo mediático (valga la redundancia) y buena parte de la clase política seguían a lo suyo. Ana Burgos, «investigadora» cuya asociación recibe fondos del gobierno de España y de la Generalitat catalana, tenía claro que tras este fenómeno inexistente estaba el «sistema patriarcal» buscando «disciplinar a las mujeres». Mientras que Nerea Barjola, autora del ensayo Microfísica sexista del poder, premiado en2021 por el Ministerio de Igualdad, se permitía pensar que tras todo esto de los pinchazos había un «movimiento de hombres organizados».

La ministra de Justicia, Pilar Llop, declaraba que desde el Gobierno se estaba trabajando para saber qué intenciones había tras los pinchazos (¿no tenían información de lo que ya era público y notorio en Gran Bretaña y Holanda desde hace meses?). Por su parte, Marta González, portavoz adjunta y coordinadora de políticas sociales del PP en el Congreso, echaba en falta la intervención del Ministerio del Interior, del de Igualdad y del de Sanidad (le faltó poco para mencionar también al de Defensa).  La consejera de Igualdad y Feminismos catalana, Tània Verge, fue más lejos y dijo estar valorando que las discotecas registrasen a los hombres antes de entrar. Todos los hombres, como clase opresora patriarcal, pasaban a ser sospechosos y un poco culpables también de algo tan monstruoso como inexistente. Naturalmente hay un nombre que no podía faltar en todo esto, Irene Montero, que el día 1 de agosto anunció que los locales de ocio nocturno pasarían a ser puntos violetas y que en la próxima ley de Solo Sí es Sí, «se introduce expresamente como agravante de un delito sexual cualquier forma de sumisión química».

Vale… ¡ahora lo entiendo! Todo lo anterior había consistido en allanar el camino para esto: avivar problemas irreales a los que se atribuye un origen sociocultural, simbólico, intangible y no mesurable (¿cómo medir si en esa lucha contra el sistema patriarcal se ha avanzado o no?) para a continuación presentar la solución en forma de una ley, aprobada por el Congreso el 25 de agosto de 2022, que contó con los únicos votos en contra de Vox y PP. El resultado de dicha ley lo hemos ido conociendo con todo su lamentable detalle mientras que, respecto a los pinchazos, ya en octubre se publicó un informe por el que de todas las denuncias presentadas ante la Policía Nacional y la Guardia Civil en ninguna se había encontrado presencia de sustancias químicas y, además, «ninguno de los pinchazos se ha relacionado con la comisión de sumisión sexual o agresiones».

Nacido en Baracaldo como buen bilbaíno, estudió en San Sebastián y encontró su sitio en internet y en Madrid. Ha trabajado en varias agencias de comunicación y escribió en Jot Down durante una década, donde adquirió el vicio de divagar sobre cultura/historia/política. Se ve que lo suyo ya no tiene arreglo.

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