El Movimiento Socialista se entiende por toda España
A lo largo de estas últimas semanas se vienen desarrollando, en diversos espacios públicos de las Islas Afortunadas, los denominados Encuentros por el Socialismo en Canarias, protagonizados mayormente por gente muy joven, cuyo objetivo es la constitución en aquel territorio español de una nueva organización comunista que trabaje al servicio de la “rearticulación política del proletariado”; desenmascarando, de paso, la “farsa socialdemócrata” –a cargo de PSOE, Podemos, Sumar, ERC, CUP, BNG, EH Bildu, IU, PCE, etc.–, quienes vendrían traicionando sistemáticamente, siempre según el criterio de estos jóvenes bolcheviques, a la clase obrera.
Se trata del último movimiento táctico desplegado por un conjunto muy cohesionado de organizaciones juveniles que, originadas en Vascongadas y Navarra, cubrirán toda España, una vez se constituya la nueva organización “hermana”. Se autodenominan Movimiento Socialista, proponiéndose como “andamiaje” de un futuro “partido comunista europeo de ofensiva” y apostando muy fuerte y sin tregua por el “antifascismo callejero”.
Este conjunto de organizaciones tienen su origen remoto –recordemos– en la izquierda abertzale. Así, a finales de 2018, los jóvenes de Ikasle Abertzaleak, principal sindicato estudiantil en Vascongadas y Navarra, rompió con sus mayores de la izquierda abertzale por considerarlos burgueses, revisionistas, socialdemócratas y, en consecuencia, traidores al “legado revolucionario del proletariado vasco de vanguardia”. Arrastrarían, pocos meses después, a más del 50% de Ernai, las juventudes oficiales de Sortu, dando lugar a la hiperactivista Gazte Koordinadora Sozialista (GKS). Más tarde constituirían Itaia, o red de mujeres socialistas vascas, y el Consejo Socialista de Euskal Herria (EHKS), embrión vasco del futuro partido comunista transnacional que ambicionan.
Ya dimos cuenta, en el largo artículo publicado en el suplemento Ideas de este medio, titulado De ETA al Movimiento Socialista[1], de aquellas vicisitudes, su filosofía política y el efecto imitación provocado en otros sectores revolucionarios de toda España. De esta manera, en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, se constituiría la Organització Juvenil Socialista (OJS) a partir de la ruptura en marzo de 2022 de la mayor parte de sus asambleas locales de juventudes con la CUP. A primeros de 2024 se estructuraría en el resto de España, salvo en Galicia y Canarias, la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), especialmente reforzada al desembarcar en la misma buena parte de las juventudes del histórico PCE. Por su parte, la Coordinadora da Mocidade Socialista se constituiría en octubre de 2025. En su conjunto, tales organizaciones, ninguna de las cuáles se encuentra inscrita en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior, movilizan a más de 10.000 jóvenes, desbordando en número y calendario a cualquier otra entidad política juvenil española. Pues bien, desde entonces, se han producido varias novedades.
Así, destaquemos su decidido avance orgánico mediante nuevas estructuras locales y sectoriales, su implicación en el movimiento antifascista, un evidente crecimiento cualitativo y una constante producción teórica a cargo de sus publicaciones Nuevo Ciclo, Marx XXI, Arteka, Horitzó y Diario Socialista; todo ello paralelamente a un calendario activista frenético. Así, por ejemplo, a lo largo de esta tercera semana de abril se vienen desarrollando en siete campus de Vascongadas, Navarra y Bayona (Francia) las Herri Universitateak contra el fascismo. De esta manera, se ofertan más de sesenta conferencias y debates, conciertos, eventos deportivos, conciertos musicales, sesiones de bertsos, talleres de circo, danza, cerámica, grafitti, rugby, joyería, henna, etc., etc., movilizando, al igual que en convocatorias anteriores, a varios miles de estudiantes y acreditando otra vez el predominio en tales campus del sindicato comunista del MS. Destaquemos que el citado modificó su nombre, en noviembre de 2025, pasando a Ikasle Antolakunde Sozialista (Organización de Estudiantes Socialistas de Euskal Herria), eliminando así el término “patriota” de su anterior denominación, como demostración de su total ruptura con cualquier forma precedente de nacionalismo burgués-vasquista. Efectivamente, ya fuere en Vascongadas, Cataluña o Galicia, se muestran decididamente comunistas, internacionalistas y revolucionarios.
En este marco, nos atrevemos a señalar que nuestro libro Bolcheviques. De ETA al Movimiento Socialista: el rearme del Comunismo (Pompaelo ediciones, Pamplona, octubre de 2025), se anticipó en unos meses al interés desplegado por numerosos medios de comunicación, sorprendidos por la irrupción de este fenómeno y sus diversas derivas. De esta manera, numerosos periodistas y analistas (por ejemplo, y sin ser exhaustivos, Mikel Segovia en El Independiente, Javier Ojembarrena en Crónica Vasca, Ander Balanzategi en El Diario Vasco, Luis R. Aizpeolea en El País, Josean Izarra en El Mundo, Marcos Ondarra en The Objetive,Mikel Buesa y Alfredo Semprún en La Razón, etc., etc.) vienen dedicando sesudos espacios a la investigación de este nuevo espacio político, si bien no han aportado novedades que desmientan las intuiciones y aportaciones del libro citado.
Y otra circunstancia que coloca al Movimiento Socialista en primer plano de la actualidad política y de orden público, que no en la parlamentaria, es su apuesta por el movimiento antifascista.
Por el antifascismo hacia el comunismo
Antes que nada, destaquemos que el Movimiento Socialista considera que cualquier táctica movimentista –entendiendo por tal a los de impronta feminista, antifascista, sindicalista, antiimperialista, de lucha por la vivienda– o se constituye en un instrumento consciente y autónomo al servicio de la construcción del comunismo o derivará, irremediablemente, en un mero apuntalamiento de la agenda socialdemócrata y, en suma, del estatu quo de la burguesía internacional. De ahí que su decidida participación en el movimiento antifascista de calle revista características propias, mediante campañas autónomas, lemas y cortejos muy característicos.
Stanley G. Payne[2] y Pedro Carlos González Cuevas[3] ya han analizado en este medio, con la sagacidad que les caracteriza, el alcance y los aspectos más relevantes del fenómeno “antifascista” en la posmodernidad. No obstante, sinteticemos por nuestra parte, enmarcando así la cuestión que hoy tratamos, que el antifascismo se ha convertido en una verdadera “religión de sustitución” al servicio de la ideología radical-progresista y de su control social. Es por ello que lo políticamente correcto, en un reparto de papeles que además de instituciones públicas y partidos políticos implica a periodistas y medios de comunicación, pero también a catedráticos de universidad y demás “intelectuales orgánicos”, se sirve de muy diversos “destacamentos” callejeros instrumentales, es decir, funcionales al espíritu hegemónico del Régimen actual, de voluntad vigilantista y la consiguiente deshumanización de todo aquel declarado como enemigo. Pero, en el desempeño de aquellas funciones pseudo-policiales, no se limitan a meras descalificaciones o reiterados juicios intelectuales concluyentes: nos referimos, concretamente, a una creciente violencia y presión callejeras.
Recordemos así el desalojo de la Antiga Escola Massana en Barcelona, en enero de 2025, que daría lugar a los más graves incidentes callejeros y enfrentamientos con la policía conocidos en aquella ciudad en los últimos años; el episodio de guerrilla urbana sufrida en Pamplona a raíz de la frustrada presencia de Vito Quiles en el Campus de la Universidad de Navarra; los enfrentamientos acaecidos en Vitoria con ocasión de la celebración de la fiesta de la Hispanidad por los falangistas allí desplazados; el acoso a activistas pro-vida del centro “Mujer y Vida” en Valladolid semanas atrás; las agresiones perpetradas contra asistentes a carpas propagandísticas de Vox en numerosas ciudades; los incidentes producidas al término de diversas etapas de la última Vuelta Ciclista a España; los numerosos enfrentamientos con grupos del tipo “Desokupa”, cuerpos policiales y comitivas judiciales con motivo de sucesivos desalojos de okupas y arrendatarios por impagos de rentas en diversas localidades; etc., etc. Pues bien, en la inmensa mayoría de tales eventos, los militantes de las diversas organizaciones territoriales del Movimiento Socialista han desempeñado un papel particularmente relevante.
De qué se trata realmente
Centremos, por tanto, la cuestión: numerosos comunicadores han sido sorprendidos por una serie de eventos de muy variado cariz, pero siempre sustentados en una ideología comunista revolucionaria, que les ha reclamado un ejercicio de atención y análisis. Enfrentamientos en Vascongadas y Navarra entre facciones radicales juveniles por el control de numerosos espacios; incidentes violentos de todo tipo en calles y barrios; levantamiento de nuevas organizaciones comunistas; múltiples movilizaciones “contra la guerra y el fascismo”; radicalización del siempre plural “movimiento por la vivienda”; etc.
No obstante, no pocos de tales comunicadores no siempre han sido del todo afortunados en sus apreciaciones.
Así, algunos entienden que lo antes descrito viene anticipando, en su modalidad de crispación y violencia en las calles, un futuro escenario conflictivo caso de ser desalojados los socialistas y sus socios radicales del Gobierno de la nación. Ciertamente, puede existir una confluencia táctica entre aquellos jóvenes neo-comunistas y los socialistas del PSOE y sus dóciles aliados, en una maniobra de acoso, también en las calles, a cualquier iniciativa de un futuro Gobierno nacional valorado –por todos ellos– como “reaccionario” e incluso “ilegítimo”. Pero no olvidemos que, estratégicamente y en el fondo, ambos sujetos difieren por completo en sus propósitos; no en vano, aquellos jóvenes comunistas persiguen un utópico desalojo del poder de la burguesía y su correspondiente expropiación de los medios de producción económicos, culturales y de cualquier otra expresión de poder, para ponerlos al servicio del proletariado, mientras que el PSOE, Sumar, etc., se limitarían a una “gestión progresista-burguesa” del poder a costa de los “verdaderos intereses del proletariado”.
No falta, por otra parte, quien entiende que se trata de un mero repunte de la vieja kale borroka, si bien extendido al resto de España. Consideramos, no obstante, que tal análisis se queda muy corto. La kale borroka fue la expresión callejera, en su modalidad de guerrilla urbana, al servicio de la estrategia central de la organización terrorista de vanguardia de ETA, que se conoció como “socialización del sufrimiento”. Más al priorizar el conjunto del MLNV la vía institucional, desde 2011, junto a la, en todo caso, paralela de la “construcción nacional” en los ámbitos sociales y comunitarios, ambas perdieron su sentido. Es por ello que entendemos que, quienes vienen protagonizando episodios análogos a los sufridos durante tantos años en Vascongadas y Navarra, y hoy extendidos a otros escenarios españoles, si bien comparten algunas características materiales de la vieja kale borroka, persiguen objetivos muy diferentes. Efectivamente, los sucesivos incidentes de orden público perpetrados por los activistas de extrema izquierda por casi toda España, y que vienen suscitando simpatías y complicidades en los medios de comunicación progresistas y entre los intelectuales orgánicos del régimen, constituyen la expresión autóctona y propiamente española de la más extensa violencia antifascista que se sufre en Europa. Recordemos el asesinato de Quentin Deranque en Lyon por miembros de Jeune Garde el 14 de febrero pasado…
Y los hay, incluso, quienes se han preguntado si GKS (en la fotografía, su manifestación en enero en Bilbao) y demás grupos neo-comunistas vascos no serían sino otra “fachada” de EH Bildu y Sortu, en un reparto de papeles a modo “poli malo” y “poli bueno”, con la kale borroka de fondo y su futuro asalto de la Lehendakaritza del Gobierno Vasco.
Nos encontramos, en definitiva, ante la irrupción de un nuevo –e inesperado– sujeto colectivo en el escenario político español, acaso su movimiento juvenil más motivado y extenso; un cambio cualitativo, por tanto, de incierto futuro, si bien no tendrá impacto electoral.
Reducir este fenómeno a un mero asunto “de orden público” implica, igualmente, un ejercicio de miopía política; no en vano, aquellos jóvenes bolcheviques seguirán creciendo en conciencia, organización e impacto social en tanto persista –y todo parece indicar que lo seguirá por mucho tiempo– un caldo de cultivo propicio a base de precarización de las condiciones de trabajo y una desesperante imposibilidad de acceso a una vivienda decente por parte de amplios sectores de la juventud trabajadora. A ambos factores deben sumársele –siempre conforme su particular y tosca interpretación marxista– los nuevos escenarios bélicos de la geopolítica internacional, el que denominan “rearme autoritario del Estado”, y el crecimiento de los partidos, movimientos sociales y escuadrismo “fascistas”. Es por todo ello que, en suma y conforme sus dogmáticos análisis, concurrirían fatalmente las imprescindibles condiciones objetivas y subjetivas propicias a un nuevo “ciclo revolucionario” cuyo modelo ideal sigue siendo el “Octubre rojo”.
¿Utópicos, fanáticos, trasnochados o diletantes? El juicio de Rémi Brague
Al Movimiento Socialista se le presenta en todo caso, incluso si acierta en una parte de sus dialécticos pronósticos, un largo y muy difícil camino por delante. De entrada, deberán crecer en número y extensión territorial, si bien la atomización social, el individualismo posmoderno y la desaparición de una subjetividad proletaria compartida y militante, constituyen casi insalvables dificultades para el abordaje y conformación de un proyecto revolucionario neo-bolchevique. Concretamente, también tienen pendiente, a medio plazo, una voluntariosa toma de decisiones por lo que respecta al mundo laboral. Recordemos que en la estrategia comunista, la intervención en medios laborales, tradicionalmente por medio de sindicatos-correas de transmisión, siempre ha sido decisiva. Es por ello que, si bien en su inmensa mayoría los militantes del MS son todavía muy jóvenes y de condición estudiantil, vienen desarrollando, en algunas localidades muy concretas, las que denominan Redes de Autodefensa Laboral, a modo de embrión y campo de fogueo dirigidos a un futuro sindicato comunista o, en su defecto, de la constitución de una férrea tendencia en el seno de otro ya existente, ya fuere CC.OO o ELA (antaño moderado y afín al PNV, pero hoy ¡desbordando por la izquierda al abertzale LAB!); si bien una plausible opción entrista no les asimilaría a ninguna orientación o extenuante línea trotskista.
Otra de sus profecías, que devendrá decisiva en el acierto o fatal quiebra de su apuesta militante, y de su credibilidad como proyecto de futuro en suma, es la conformación de un partido comunista de escala continental; lo que parece muy incierto. No obstante, se mantienen muy atentos a las iniciativas de los siempre agitados comunistas griegos del KKE, a las escisiones sufridas por las juventudes del Partido Comunista Francés en 2025 en su empeño por la reconstrucción de una “auténtica” Juventud Comunista en aquella nación, o a determinadas iniciativas del reconstituido movimiento antiimperialista europeo en el que empiezan a dejarse ver…
En su día, concretamente por resolución de 19 de enero de 2019, el Parlamento Europeo declaró también al comunismo como una ideología genocida al señalar que “los regímenes nazi y comunista llevaron a cabo asesinatos en masa, genocidio y deportación y causaron una pérdida de vidas y libertad en el siglo XX en una escala nunca vista en historia”. Sin embargo, no se han realizado, apenas, esfuerzos pedagógicos orientados a la prevención colectiva de aquella tentación totalitaria que tan enormes costes humanos arrojó a toda la Humanidad, también en Europa, durante buena parte del siglo XX, especialmente en lo referido a la inevitable deriva criminal de la ideología comunista.
No obstante, de nada servirían programas pedagógicos preventivos, en el ámbito educativo, mediático, comunitario, simbólico, etc., de no desplegarse efectivas políticas sociales, valientes y de fondo, al servicio de las necesidades humanas –materiales y espirituales– de los jóvenes europeos.
En todo caso, sin un buen diagnóstico analítico e intelectual de la realidad política, cultural, económica y social de España –y por ello, también a nivel europeo–, no es posible diseñar y desplegar una estrategia responsable, ajustada y correcta que responda a las necesidades de las nuevas generaciones y de los retos de futuro de la sociedad europea.
Es una tentación, sin duda, despachar el reto presentado por estos jóvenes bolcheviques, aparentemente tan fuera de la Historia como de los cambios antropológicos hoy operativo, con un tranquilizador “no tienen futuro”, o similar juicio. No obstante, nos permitiremos, ya concluyendo este texto, remitirnos al criterio del gran filósofo francés Rémi Brague, quien en febrero pasado respondió al redactor de Religión en Libertad Pablo J. Ginés[4], a su pregunta “¿qué tiene más futuro: ¿el comunismo clásico o el wokismo, la ideología woke?” con lo que sigue: “el comunismo clásico tiene más fuerza y vida porque promete cosas buenísimas para el futuro, mientras que el wokismo no promete nada (…) Los que creen en el wokismo, ¿quieren que tenga futuro? Porque ¡no proponen nada para el futuro! El marxismo hablaba del progreso, del futuro luminoso, de ‘cumbres radiantes’, decía Stalin. Pero, lo woke, ¿de verdad es un movimiento? Es estático y no promete nada”.
No desdeñemos, en suma, el mesianismo, voluntarismo y activismo de estos jóvenes neobolcheviques; y más en tiempos de rupturas de viejos consensos, disolución de las antiguas creencias, pero también, de la búsqueda de sentido existencial y arraigo vital e identitario.
[1]https://ideas.gaceta.es/de-eta-al-movimiento-socialista/.
[2]Antifascismo sin fascismo (el enemigo que no existe), https://gaceta.es/actualidad/antifascismo-sin-fascismo-el-enemigo-que-no-existe-20210126-1357/.
[3]El antifascismo como profesión y como mentira, https://ideas.gaceta.es/el-antifascismo-como-profesion-y-como-mentira/.
[4]¿Qué tiene más futuro: el wokismo o el comunismo clásico? Responde Rémi Brague (https://www.religionenlibertad.com/cultura/260223/futuro-wokismo-comunismo-clasico-remi-brague_116713.html).