Cuando Roma aún mantenía el espíritu de República, todavía no corrompido por la oligarquía, tenía alianzas amables con otras repúblicas que fundamentaban su régimen en la libertad política. Y, de hecho, este feeling lo reconocían las propias Repúblicas aliadas en el Senado de Roma. Así, tras la batalla de Magnesia ( 190 a. C. ) contra el rey Antíoco, líder del imperio seléucida, los aliados rodios, que eran una Democracia, hablaban de los romanos como campeones de la causa de la libertad y hostiles a los reyes, incluso como enemigos de todo reino. Así, dicen los rodios en el Senado de Roma: “Nosotros, que somos libres, defendemos la causa de la libertad también para los demás, y los reyes quieren que todo esté esclavizado y sometido a su imperio” ( “nos liberi etiam aliorum libertatis causam agamus, reges serva omnia et subiecta imperio suo esse velint” – Livio, XXXVII, 54, 6 – ). Las repúblicas griegas llegaban a ver al SPQR como un faro y arsenal de la libertad política contra los reyes, pues seguían diciendo los rodios: “Habéis asumido la salvaguarda, contra la esclavización por parte de un rey, de la libertad de un pueblo muy antiguo (…); debéis ejercer ininterrumpidamente este patrocinio sobre toda nación acogida bajo vuestra protección (…) Que tengan reyes los bárbaros, que nunca han tenido más ley que las órdenes de sus amos, puesto que están a gusto con ello; los griegos tienen su propio destino, pero sus sentimientos son los mismos que los vuestros ( “Graeci suam fortunam, vestros animos gerunt” ) (…) Les basta con que vuestras armas defiendan su libertad (“libertatem vestris tueri armis satis habent”), ya que no pueden hacerlo con las suyas” ( Livio, XXXVII, 54, 17-25 ). ¡Qué diferencia de visión de Roma tenían estos amigos rodios en comparación con la que tendrá el caledón Calgacus casi tres siglos después! ¿En qué espantosa tiranía universal se ha convertido Roma cuando leemos el discurso de Calgacus en la Vida de Julio Agrícola, de Tácito, el mejor prosista romano? “Robar, matar, saquear: a esto llaman con falso nombre imperio, e igualmente dicen que han pacificado un país cuando lo han dejado desierto” (“Auferre, trucidare, rapere, falsis nominibus imperium, atque, ubi solitudinem faciunt, pacem appellant”, 30 ). ¿Y cómo explicar que aquella hermana grande de las repúblicas se convirtiese en lo que ve Calgacus?
También los EEUU nacieron con el mismo amor a la libertad política que tuvo en sus buenos días la República Romana, SPQR. El primer gran libelo de la Independencia americana fue el de Thomas Paine (en la ilustración), Common Sense, en el que se leía: “La libertad está siendo perseguida en todo el globo. ¡Oh, americanos, acoged a la fugitiva y preparad un refugio para la Humanidad!”. En Londres, Tom Paine fue tan odiado que se estableció la moda entre los gentlemen de llevar en la suela de los zapatos unos clavos que formaban las letras T. P., para pisarlas continuamente con el pie. Common Sense llegó a ser la Biblia de los patriotas americanos. La mayor parte de aquellos patriotas querían romper honorablemente con Jorge III, y para ello fundamentaban su pensamiento político en Locke. En su Tratado del Gobierno, que replicaba al Patriarcha, de Sir Robert Filmer, demostró que todo hombre posee ciertos derechos naturales –Locke había leído el De Indis de nuestro padre Francisco de Vitoria, oportunamente citado por el Papa en una Asamblea en donde nadie lo ha leído–, y que en el caso de que éstos se violaran, el pacto social o “covenant” entre soberano y pueblo quedaba roto. Esta idea enlazaba con los orígenes de las colonias, con el “covenant” de los primeros “pilgrims”. Les permitía probar que eran independientes de Jorge III “en virtud de las leyes de la naturaleza y por la voluntad del Dios de la naturaleza”. El 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee, de Virginia, propuso al Congreso la moción siguiente: “Estas colonias unidas son y tienen el derecho de ser unos Estados libres e independientes”. Se decidió que la redacción de una Declaración de Independencia quedara confiada a tres delegados, John Adams, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin. Adams y Franklin dejaron el trabajo en manos de Jefferson, que era de los tres el que mejor redactaba, y el texto sólo sufrió unos pequeños cambios por estos dos. El 2 de julio, todos los Estados, salvo Nueva York que se abstuvo, decidieron romper con la Gran Bretaña, y el 4 del mismo mes la Declaración fue aceptada.
Todos los demócratas del Mundo Moderno somos hijos de esta Declaración y, por ende, de la Revolución Americana, en la que se defiende que todos los hombres hemos sido creados iguales, que tenemos derechos inalienables, como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad ( “Life, Liberty, and the Pursuit of Happiness” ), que el objetivo de todo gobierno es la garantía de los derechos del hombre, que todo gobierno debe obtener sus poderes con el consentimiento de los gobernados, que si un gobierno deja de garantizar esos derechos, el poder del pueblo estriba en modificarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno ( “the Right of the People to alter or to abolish it, and to institute new Government” ). En una Democracia auténtica el pueblo tiene el derecho de cambiar el gobierno cuando quiera, de acuerdo al derecho natural de la “apocheirotonía” de las democracias del Mundo Antiguo. Con su Revolución América civilizó al mundo, y no existe sobre la tierra hombre civilizado que no abrace la Declaración de Independencia americana.
Ahora bien, aunque es verdad que los EEUU nos han salvado a los europeos dos veces del totalitarismo germánico y del bolchevismo expansivo, también es cierto que a medida que ha ido aumentando el poder de USA ha ido también debilitándose los principios fundadores de la gran República Americana. Exactamente igual le pasó a SPQR. Así, a partir de la campaña contra los etolios de Marco Fulvio Nobilior, Roma impone a los aliados el llamado tratado “foedus iniquum”, en virtud del cual los aliados tendrán los mismos enemigos que el pueblo romano, tomarán las armas contra ellos y les harán la guerra junto a él. Diríase que hoy Donald Trump abraza la misma doctrina que aquel romano, al haber exigido, aunque sin éxito, a todos los miembros de la OTAN la participación en la guerra contra Persia.
Este año celebramos el 250 Aniversario de la Declaración de Independencia de los USA, otro acrónimo como SPQR, o la antigua URSS. Ojalá el espíritu de libertad e infinito optimismo de vida de aquella gran Revolución exitosa inunde los corazones de todo el mundo. ¡Viva América!
(Ilustración: American Progress. John Gast)