Quienes parecen inofensivos son muchas veces los más nocivos. Es el caso del protagonista de nuestra historia, José Miguel Contreras (Madrid, 1958), un comunicador interesado en la radio musical transformado en gurú de los medios, siempre a la sombra de Prisa, del PSOE y el progresismo. Hablamos de un soldado que arrancó su carrera sin grandes cualidades visibles y terminó de mariscal de los resortes de la producción audiovisual española, capaz construir un panorama catódico al servicio del poder. Su estilo de comunicación —vacío, machacón y desenfadado— asalta cada día en los españoles como un ejército de carcomas aniquila el tronco de un árbol.
Si alguien hiciera el biopic de su vida, en la primera escena aparecería a mediados de los años ochenta, como un don nadie con pinta de bonachón en una esquinita de las oficinas de El País. Mandaba en la información destinada a marujas, maridos futboleros y otros públicos que nadie toma demasiado en serio. Desde este modesto espacio, supo construir un trampolín que le impulsó a la dirección de programas de Canal + y luego a Telemadrid, donde incubaría el primer late night de la historia de España, La noche se mueve (1992), protagonizado por El Gran Wyoming. Unos años después, su criatura mutó en El Intermedio, que registra audiencias diarias que rondan el millón de espectadores —la zona cero del cuñadismo progre— y es capaz de reunir a nueve ministros de Pedro Sánchez en el programa especial para celebrar su vigésimo cumpleaños en La Sexta.
Así describe a Contreras el periodista Rubén Arranz en su reciente y recomendable ensayo Extraños compañeros de trama: corrupción, nepotismo, dinero y puñales en la Corte sanchista (Deusto, 2026): “Contreras no es el inventor de nada, pero siempre ha demostrado una especial inteligencia para importar ideas. En aquel entonces, uno de sus hermanos residía en Estados Unidos y le enviaba cintas de vídeo con los programas más populares de la televisión de aquel país. Así descubrió que las series que se emitían al otro lado del Atlántico disponían de una estructura narrativa muy diferente a la de los productores españoles. Allí había tramas que duraban una temporada y personajes que ganaban y perdían relevancia al inicio y al final de cada una. ¡Eureka! Fue así como moldearon la exitosa Médico de familia, que realizó junto con sus socios de Globomedia y que hizo a sus productores ganar un buen dinero”, destaca.
Aquí vamos intuyendo algunas claves de su éxito, por ejemplo la aspiración de “parecer americano” y deslumbrar con ello a los restos desmoralizados de nuestra clase media. También la construcción de paradigmas para la imitación —cómo se porta la familia media, cómo funciona la charla política de buen tono— y la concepción del medio televisivo como un poderoso factor de “acompañamiento”, que poco a poco sustituye a la radio y troquela con máxima eficacia el córtex de los españoles.
Resulta impresionante la ristra de programas de éxito que ha impulsado. Los primeros, aparte del pepinazo de Farmacia de Guardia, fueron 59 segundos, Noche Hache, La noche con Fuentes y Cía, El Objetivo y El Club de la Comedia. «Veía y era muy fan de la stand-up comedy, de la serie Seinfeld. Aquí el plan fue fingir que existían monologuistas. Y el experimento funcionó. Desde entonces han salido decenas de ellos», confesaba Contreras en 2019 a la revista profesional de la Aisge, asociación encargada de gestionar la propiedad intelectual del sector audiovisual. Sin prisa pero sin pausa, Contreras va colocando su infotainment, mezcla de información y entretenimiento, esa charleta cálida, cercana y carente de rigor —buenista siempre— que domina los contenidos audiovisuales en España, desde los monólogos a los telediarios, pasando por concursos y zappings.
A partir de estas premisas, ha llegado a dominar el espectro audiovisual español. Lo hizo con la protección de poderosos aliados, desde el ejecutivo Miguel Barroso —un personaje novelesco, enamorado de Cuba— hasta el magnate separatista Jaume Roures, entre otros con quienes tejió proyectos para aprovechar las ingentes cantidades de dinero público y privado que rondan siempre al PSOE. El equipo relevante lo hizo con Barroso, durante la presidencia de Zapatero. Se les llegó a conocer como Los Migueles, registrando un arranque dorado entre 2004 y 2005, en el que Barroso era Secretario de Estado de Comunicación y Contreras, consejero delegado de la recién nacida La Sexta. “El tándem funcionó de manera engrasada durante toda la legislatura en la que el primero elaboraba los mensajes y el segundo los colocaba en los medios de comunicación afines”, explicaba The Objective. Su especialidad fue ir borrando las fronteras entre Moncloa y los medios, con la especialidad de financiar con dinero público programas de productoras afines, hasta que Contreras fundó la suya.
El asesor político conservador Pedro Herrero ha definido el Sistema Contreras como un engranaje mediático-cultural basado en tres pilares: las crítica constante a la iglesia católica, el antagonismo con la monarquía y la satanización del dominio electoral de la derecha en Madrid, desde Esperanza Aguirre a Isabel Díaz Ayuso. Es importante insistir en que este método puede producir algún discurso duro, pero por lo general confía en registros blanditos y guasones, encarnados por tertulianos, monologuistas y presentadores. La propaganda cuqui entra mucho mejor, una capa de azúcar para hace más tragable el guerracivilismo.

La trayectoria ascendente de Contreras pasa por Radio 3, Canal +, Telemadrid, Globomedia y Atresmedia, es decir el macizo central del discurso mediático progre. Otros elementos clave de su laboratorio de contenidos son el digital Infolibre, la central de datos GECA (empresa especializa en consultoría televisiva) y su empresa audiovisual Lacoproductora. Una red completa de recursos, lista para contagiar a los españoles su visión sociopolítica y el argumentario sociata de turno. La derecha carece de nada parecido, ni remotamente.
No estamos analizando un paradigma moribundo, sino una infección activa que ahora mismo se prepara para uno de sus momentos estelares: el lanzamiento en otoño de Siete, un canal televisivo propio para rematar nuestra paciencia y saturar un poco más el oligopolio del panorama audiovisual. Les podrá sorprender la alegría de inaugurar un canal en plena decadencia del sanchismo, pero es imprescindible comprender que el Sistema Contreras —como buen parásito— se nutre de cualquier crisis de España y crece cuando peor lo pasa el país, véase el Procés, la pandemia o las diversas performances de Pedro Sánchez. Es ahí cuando funcionan sus relatos ansiolíticos, los que se agarran los más vulnerables. Todos conocemos a una cajera, un jubilado o un compañero de oficina enganchado a estos programas y repitiendo sus debates como un papagayo eufórico.
Volvemos al libro de Arranz, que nos explica que todo esto tiene un precio: «No es casualidad que el presupuesto en publicidad institucional de 2017 fuera de 70,1 millones de euros, mientras que el de 2021 se disparara hasta los 123,3 millones, según las memorias aprobadas por el Consejo de Ministros. En 2026, esta partida ascendía a 155,6 millones. Sánchez aprovechó la pandemia para reforzar alianzas mediáticas por la vía del gasto público. Sabía que una parte de estas empresas estaba presionada por sus acreedores, con cajas fuertes vacías y directivos, angustiados. Lo que sucede es que el poder nunca entrega recursos a fondo perdido, sino que suele reclamar la devolución de los favores una vez que los concede”, explica Arranz.
Mientras termino este artículo, la prensa de investigación destapa otro cuaderno de la fontanera Leire Díez donde aparece el nombre de nuestro héroe. “La idea es que Telefónica compre Prisa y que la presidencia la asuma Contreras”, explica la anotación de Leire entre otros movimientos estratégicos de Moncloa para controlar todo el espectro mediático. Esto era una demostración de fuerza especialmente descarada, ya que Contreras había sido cesado como director de contenidos de ese grupo en febrero de 2025. No estamos ante personas que destaquen por su vergüenza o sutileza, saben que se trata de acumular poder, prebendas y presupuesto.
Tenemos enfrente una implacable cadena de montaje de munición audiovisual contracíclica. Si el patriotismo crece en España, entre éxitos de la selección y rechazo al golpe en Cataluña, el Sistema Contreras nos inunda de contenidos antinacionales, desde Dani Mateo sonándose los mocos con la rojigualda hasta la cháchara ‘antifa’, de Marc Giró, que no es más que discurso antiespañol disfrazado de compromiso social. Y rematan con esos presentadores de informativos de La Sexta que no paran de decir egun on y bona vesprada cada vez que entrevistan a un separatista, en señal de respeto. Si se hunde el prestigio del feminismo, el Sistema Contreras lo rescata subiendo las apariciones de perfiles como Marta Nebot, Marta Flich y Henar Álvarez. Si los jóvenes viran a la derecha, te calzan dos esperpentos progresistas junior hasta en la sopa, Alan Barroso y Sarah Santaolalla. Por decirlo en pocas palabras: el Sistema Contreras esconde España y construye una progrelandia paralela.
Si sube un partido socialpatriota como Vox, el sistema cierra sus poros hasta impedir que se cuele ningún defensor por los resquicios y que el espectador escuche solo versiones esperpénticas de sus propuestas. Por ejemplo, las del cómico andaluz Manu Sánchez, nueva picadora de cerebros, que entra en escena caricaturizando la Prioridad Nacional como “Prioridad nazi o ná”. Este ataque burdísimo confirma que el Sistema ha detectado una buena propuesta del enemigo, una que debe neutralizar porque convence a más de la mitad de los españoles, incluyendo a un 40% de los votantes del PSOE.
Una forma de conocer mejor al bicho es ver la suerte que corren los productos antagónicos a sus postulados (que son muy pocos). Cojamos por ejemplo La infiltrada (2024), de Arantxa Echevarría, una exitosa película de acción que retrata la tensión de una agente encubierta incrustada en ETA. Recrear el brutal asesinato del líder popular Gregorio Ordóñez es una propuesta audiovisual de sentido común, pero resulta veneno para el progresismo y fueron muchos los sorprendidos por su éxito y por haber recibido un Goya. La lección principal del éxito de esta película es cuán extraño nos parece encontrar creadores que defienden el bien tras años de chaparrón ideológico del progresismo. La lección secundaria es que todo subidón se paga: el siguiente proyecto de la directora es un biopic de la líder comunista Pasionaria, basado en la hagiografía del historiador comunista Diego González Díaz. Es como si hubiera instalado en la sociedad española un resorte para pedir disculpas cada vez que se hace algo decente (disculpas también para evitar quedarte sin trabajo). Nadie quiere sentirse raro todo el rato. El Estado Mental del PSOE y Sistema Contreras han cerrado la herida.
¿Qué prepara el futuro para José Miguel Contreras? Alguien tan inteligente, práctico y con infinitos contactos lo tiene todo para caer de pie. Incluso podemos apostar a que su figura crezca con un campo progresista en descomposición, más necesitado que nunca de relatos que lo resuciten. Lo que nadie duda es que seguirá conspirando de manera maquiavélica, como deja ver en esta respuesta de 2019, donde atisba la evolución de su sector. “El futuro es el big data, el conocimiento que se tiene de la gente. Y esto afecta directamente al consumo de entretenimiento. Netflix no da, ni dará jamás, un dato de audiencia. Su gran poder es conocer y no difundir los gustos de los casi 200 millones de usuarios que tiene. Todo va a ser secreto, oscuro y estará en manos de grandes empresas. Cuanto más grandes, mejor, porque serán las que controlarán el producto”, vaticina. Al final, se trata de eso: acumular información y construir ficciones que favorezcan a tu bando político y empresarial. Todo para el público, pero sin el público y con dinero público.
Posdata: Otra manifestación evidente de la lógica del Sistema Contreras llega con un tuit de Jesús Maraña, director del digital Infolibre, el jueves de esta semana. Comparte una noticia de su periódico, donde se jacta de que “Feijóo no podrá ‘tomar’ RTVE hasta finales de 2030 sin violar el derecho europeo”. Es un secuestro que les alegra sobremanera, como explica el texto interior: “Para poner fin al mandato del actual presidente de RTVE, José Pablo López, y al de los miembros del consejo de administración, el PP solo tiene una posibilidad: impulsar la aprobación de una reforma de la ley vigente que regula los medios públicos”, celebran.
Recordemos que los tres consejos de informativos —encargados del control profesional del ente— han denunciado las injerencias de López en su trabajo y la falta de rigor de Las cosas claras, el programa de Contreras presentado por Jesús Cintora. Lejos de avergonzarse de sus saqueos, el Sistema Contreras presume de ellos como de una medalla. Aquí han venido a jugar y ya son veinte años arrasando.