El municipio de Salt (Gerona), es una ventana al futuro de España –y Europa–. si sigue llegando inmigración de forma completamente descontrolada y contraria al interés de los españoles, en este caso mayoritariamente africana y musulmana, aún más predominante entre los bebés con padres residentes en Salt.
Hace 30 años, en mayo de 1996, recién salido de la Moncloa Felipe González, solo el 3% de la población de Salt había nacido en el extranjero, en línea con la media nacional. Ocho años después, al dejar el poder José María Aznar, el 22% de los empadronados allí eran inmigrantes. A comienzos de 2025, 21 años más tarde, eran el 45% de sus 34.000 habitantes, de los que un 60% eran africanos –más de la mitad de los cuales, marroquíes–, y de ellos más del 90%, musulmanes.

Pero la cosa no acaba ahí. Entre los hombres, los extranjeros nativos eran el 48%, porque la inmigración africana es mucho más masculina que femenina, a diferencia de lo que sucede con los hispanoamericanos que hay en España, entre los que las mujeres son mayoría. Dando un paso más, si sumamos a los inmigrantes “a secas”, o de primera generación, sus hijos menores de 30 años nacidos en España (inmigrantes de segunda generación), el peso total real de la población inmigrante en Salt supera el 60%, y entre los menores de 50 años, sobrepasa el 70%. La cosa llega al paroxismo entre los bebés, que representan el futuro: de los que nacieron en 2024 con madre residente en Salt, más del 80% tenían padre nacido en el extranjero, y más de la mitad, africanos / musulmanes. Los cuadros siguientes son más elocuentes que mil palabras.


Con semejante cambio en el sustrato humano y de valores culturales de su población, unido a la blandura cómplice de las autoridades españolas con la criminalidad —afición a la que los inmigrantes, y en especial los africanos y americanos, tienen en España mucha más propensión estadística que los españoles–, y en concreto frente a delitos como la okupación ilegal de viviendas –y mucho más en Cataluña, donde la tasa de inmuebles usurpados por cada 100.000 habitantes es casi cuatro veces la del resto de España–, un crimen generalmente impune al que (también) tienen mucha más inclinación en promedio los foráneos, no es de extrañar que en marzo de 2025 hubiera allí disturbios violentos tipo banlieue parisina, cuando se desalojó al imán subsahariano Kalikou Diawara (en la fotografía, su hija) y a su familia de la vivienda que habitaban sin pagar su alquiler desde hacía cinco años (sí, 60 meses, más de 1.800 días, viviendo “de gorra” en casa ajena).
Tampoco son de extrañar testimonios como el de un vecino de Salt al autor este artículo:
“Los pocos españoles que vivimos en Salt estamos coaccionados, indefensos ante la ley, abandonados y censurados para que la realidad no se desborde en los medios de comunicación”.
“Hemos perdido los espacios públicos, deportivos, parques plazas, centros sanitarios, colegios comercios, instalaciones deportivas municipales”.“La delincuencia aumenta día a día noche a noche, los robos con violencia son cada día más numerosos”.
¿Y qué ocurre ante semejante panorama con la población nacida en España de padres españoles (catalanes con ocho apellidos locales, con ninguno, o mediopensionistas)? Que muchísimos toman las de Villadiego. Entre comienzos de 2005 y de 2025, según nuestras estimaciones, se han marchado de Salt en números netos más de 6.000 españoles autóctonos –nacidos en España de madre nacida aquí, sean catalanes “de pura cepa” o no–, una cantidad que equivale a 1/3 de los españoles de toda la vida que vivían allí en 2005. Un éxodo mayor incluso que el provocado por la dictadura chavista en Venezuela en términos porcentuales, y que triplica con holgura el causado por la ETA y el nacionalismo asfixiante en el País Vasco en los años de plomo y mucha sangre del terrorismo separatista-comunista (9% – 10% de la población vasca).
Salt ya no parece Cataluña/España. Por demografía lo es ya solo de forma más y más minoritaria. Por eso tantos catalanes/españoles se marchan de ahí, lo que acelera el proceso de reemplazo humano. En ese proceso, por cierto, también cuenta mucho la ínfima natalidad de los españoles autóctonos, con más del doble de muertes que de nacimientos en Salt en 2024. Entre los inmigrantes allí, todo lo contrario, por su superior fecundidad –2,5 a 3 veces la de las españolas.-, y por ser más jóvenes en media: más de 10 nacimientos de madre nacida en el extranjero que muertes de personas nacidas en el extranjero.
Es inadmisible la inmigración descontrolada masiva que políticos y activistas traidores a España –y aún más a Cataluña que al resto del país en su conjunto– han propiciado de forma deliberada en las tres últimas décadas, y que no habría ocurrido sin las legiones de tibios (políticos, y quienes les han apoyado) que la han consentido, cuando no aplaudido. En este contexto, el suicidio demográfico de los españoles por falta de niños, amplificado por el declive de la familia convencional o de toda la vida, que por sí solo (auto)destruye poco a poco el pueblo español y lo empobrece en los campos económico y afectivo-familiar, acelera el reemplazo / sustitución demográfica.
Si no se reordena la inmigración de forma urgente y racional, en el legítimo interés de los dueños de España –nosotros los españoles– y de los muchos inmigrantes bien integrados y adaptados a nuestros modos y costumbres que hay en nuestro país –los más afectados, junto a los españoles de clases medias y bajas, por cada nueva oleada de inmigrantes innecesarios para la economía, y mal alojables por la escasez de vivienda causada por nuestros pésimos gobernantes–, Salt nos muestra lo que pasará en más y más sitios de nuestra patria. Es el canario en la mina. Y ya hay decenas de municipios y barrios por toda la geografía nacional en una situación no muy distinta a la de este municipio gerundense, y varios cientos más en vías de saltificación. ¿Quousque tandem / hasta cuándo?
Alejandro Macarrón Larumbe
Ingeniero y consultor empresarial
Coordinador del Observatorio Demográfico del CEU-CEFAS