GRAPO. Notas sobre el octubre rojo español

50 años del primer atentado como GRAPO de la banda terrorista

Los acontecimientos ocurridos en Francia durante el famoso mayo de 1968 determinaron el surgimiento, en Bruselas, de la Organización de Marxistas-Leninistas de España (OMLE) matriz del PCE(r) (Partido Comunista de España reconstruido) y del GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), nacidos el 18 de julio de 1976. Bajo los poéticos adoquines parisinos, en un estrato más profundo, se hallaba lo ocurrido en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). En su clausura, ocurrida el 25 de febrero de 1956, Nikita Jrushchov pronunció su Discurso Secreto, en el que denunció el culto a la personalidad impulsado por Stalin. Aquel Congreso, caracterizado por su giro pacifista, fue calificado por algunos como una «mascarada socialfascista y socialimperialista»[1]. Los ecos del giro operado en Moscú llegaron a España en junio de ese año en forma de un manifiesto titulado, Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español[2]. El distanciamiento de los puristas marxistas-leninistas respecto de esa nueva URSS condujo al acercamiento a la plasmación de la sexta generación de izquierdas[3]: la maoísta. Sin embargo, de la inicial fascinación por el modelo chino ligado a la Revolución Cultural, se pasó a la decepción cuando el gigante asiático entabló relaciones comerciales con el imperio norteamericano.

Paralelamente a esta disyuntiva respecto del referente al que adherirse, la OMLE tenía al fascismo español, identificado con el franquismo, como elemento de cohesión. Frente al posibilismo y al entrismo preconizados por el revisionista Carrillo, que disponía de una herramienta tan poderosa como las Comisiones Obreras, los miembros de la OMLE no renunciaban a la Revolución. Acariciaban, incluso, la idea de derrocar al régimen mediante acciones armadas que aparecieron con toda su crudeza a partir de 1976. De algún modo, los GRAPO pretendían completar aquello de lo que no fue capaz el maquis, abandonado a su suerte por el PCE. Existían, además, motivos para el optimismo, como el triunfo de la Revolución de los Claveles en Portugal, que no trajo, sin embargo, los cambios deseados, o el auge de las guerrillas en Hispanoamérica. La mitificada figura de Ernesto, Ché, Guevara mantenía su influjo en muchos ambientes estudiantiles. Si el argentino era un icono universal del izquierdismo más o menos definido, para el PCE(m-l), la personalidad en que se veían representados era la del sevillano José Díaz, símbolo del PCE que tanta relevancia adquirió durante la Guerra Civil. La gran conflictividad de la España de mediados de los 70, animaba a los marxistas-leninistas, que creyeron estar ante las condiciones idóneas para abrir un proceso revolucionario.

Mientras trataba de fraguar sus estructuras en España, la OMLE puso en marcha una publicación titulada Bandera Roja y alentó manifestaciones y huelgas al tiempo que los atracos a bancos, autojustificados como expropiaciones, permitían la financiación y el sostén de sus activistas[4]. Desde el núcleo madrileño, que estableció contactos con otros colectivos afines, la OMLE trató de irradiar hacia otras regiones. La gallega, con la industrializada Vigo a la cabeza, fue la primera de ellas. Allí se estableció la Organización de Marxistas-Leninistas Gallegos-Orgaización Obreira. La pretendida revolución comenzó, de este modo, dando autonomía a organizaciones territoriales fuertemente impregnadas por el mito de la cultura.

En junio de 1975, la OMLE se transformó en nuevo partido comunista, el PCE (r), del que los GRAPO fueron su brazo armado. La creación de un ejército popular era la idea límite que manejaba tanto esta organización como el FRAP. La actividad terrorista del GRAPO comenzó el 2 de agosto de 1975, con un atentado cometido en las inmediaciones del Canódromo de Madrid contra dos miembros de la Guardia Civil, en el que resultó muerto Casimiro Sánchez García y quedó gravemente herido su compañero, Inocencio Cabezón Sánchez, y continuó el 1 de octubre de ese año con cuatro atentados simultáneos que acabaron con la vida de cuatro agentes de la Policía Armada que vigilaban sucursales bancarias en Madrid. La acción criminal pretendía ser una respuesta a la concentración de la Plaza de Oriente en la que Franco hizo su última aparición pública. Estos atentados, que pretendían ser la réplica a las ejecuciones de miembros del FRAP y de ETA, no llegaron a ser juzgados porque se beneficiaron de la amnistía decretada el 30 de julio de 1976, que borró todos los delitos políticos y de opinión. La medida permitió el regreso de los exiliados y la puesta en libertad, aunque expulsados del Ejército, de los oficiales de la Unión Militar Democrática, detenidos un año antes y condenados por rebelión militar. Apenas unos días antes de la aprobación de la amnistía, el 18 de julio de 1976, el GRAPO realizó una campaña de colocación de bombas que no causaron víctimas, con la que denunció la persistencia de un Estado fascista que escogía a un rostro amable como el de Adolfo Suárez para llevar a cabo un mero ajuste cosmético.

Una de sus acciones más audaces se produjo el 11 de diciembre de 1975 cuando, tras irrumpir en su despacho, los terroristas secuestraron a Antonio María Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado y miembro del Consejo del Reino. A cambio de su liberación, el GRAPO pidió la libertad de quince presos pertenecientes a ETA, FRAP, UPG y PCE(r). De no producirse esas liberaciones, el cautivo sería ejecutado. Días después de los asesinatos de los abogados de Atocha, el 24 de enero de 1977, la banda secuestró al teniente general Emilio Villaescusa Quilis, ex divisionario y presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. El 11 de febrero de 1977, como consecuencia de la Operación Cromo, los secuestrados fueron liberados de los pisos de Vallecas y Alcorcón en los que se hallaban retenidos. A partir de entonces, el GRAPO desplegó una ofensiva propagandística con el propósito de hacer creer que disponía de una mayor estructura y de difundir el mensaje de que la democracia que venía no era más que la continuación, por otros medios, del régimen fascista. A esta estrategia propagandista le acompañó la colocación de sendos artefactos explosivos contra el Centro Cultural de Estados Unidos en Madrid y el contra el Instituto Alemán. De este modo, los principales apoyos internacionales de la nueva socialdemocracia española, quedaban señalados. La detención de la cúpula del GRAPO, así como la del PCE(r), en 1978, debilitó mucho a la organización, que respondió con ataques contra edificios oficiales, a los que unió, el 22 de agosto de 1978, el asesinato de Jesús Haddad Blanco, director de instituciones penitenciarias. El crimen se justificó como una acción destinada a mejorar las condiciones de los «presos políticos».

Aunque la organización pretendía cortar las evidentes –«de la ley a la ley»– continuidades entre el régimen franquista y la democracia cuya corona ciñó las sienes de quien había sido designado su sucesor, a título de rey[5], por el propio Franco, la aprobación de la nueva Constitución fue un hecho imparable. La nueva etapa política se autopublicitó como la democracia que los españoles se habían dado, dejando escaso margen a aventuras revolucionarias. Dentro del naciente periodo, el GRAPO, que acuñó la expresión «oposición domesticada» para quienes, consideraban, debieran ser compañeros de viaje, continuó actuando en pos de lograr un auténtico Movimiento de Resistencia Popular. En 1979, un artefacto explosivo explotó en una comisaría y dos colegios electorales corrieron la misma suerte coincidiendo con las elecciones generales. A esta acción se unieron ataques a los metros de Madrid y Barcelona en protesta por la subida de precios. En mayo de ese año, una bomba explotó en la madrileña cafetería California 47, matando a 8 personas e hiriendo a otras 56. Asustado por la escala de la matanza, el GRAPO, que ese mismo año acabó con la vida del magistrado Miguel Cruz Cuenca, presidente de la Sala VI del Tribunal Supremo, y la del policía municipal Benjamín Díez González, negó ser autor del atentado. A finales de ese año, la cúpula de la organización fue desarticulada.

En 1980, el GRAPO asesinó al general Enrique Briz Armengol y atentó contra el general Arturo Criado. Aunque el alto mando sobrevivió al ataque, en el mismo murió su escolta, el soldado Florentino García Siller. Al año siguiente, el abatido fue el general Andrés González de Suso.

La victoria electoral del PSOE permitió el establecimiento de conversaciones entre el nuevo Gobierno y la banda. Las conversaciones desactivaron a parte de la organización, si bien, otra facción decidió continuar con la lucha armada hasta su neutralización en 1985. La salida de prisión de Manuel Pérez Martínez, el camarada Arenas, permitió una nueva reestructuración. En esta nueva etapa se produjo el secuestro del empresario Publio Cordón, presidente del Grupo Hospitalario Quirón, desaparecido desde 1995, pese a que su familia desembolsó los 400 millones de pesetas exigidos por la banda. En 2000 Fernando Silva Sande, jefe de los comandos del GRAPO, declaró que Cordón murió al caer por la ventana de la casa en la que estaba secuestrado, mientras trataba de fugarse.

En 2000, la cúpula del GRAPO, asentada en París, con Arenas a la cabeza, fue detenida. Desde 2011, año en el que se produjo su última acción, el GRAPO, que mantiene en prisión a algunos de sus más destacados miembros, se considera desaparecido. La banda dejó un rastro de 93 víctimas mortales y, al contrario de lo que ocurre con ETA, cuyos miembros son homenajeados por ciertos sectores de la sociedad vasca, no cuenta con ningún apoyo popular. Cabe, por lo tanto, preguntarse por las razones de esta diferente consideración. En el caso de la banda del hacha y la serpiente, estas apuntan a sentimientos e ideas profundamente arraigadas en la así llamada Euskal Herria, pero también a los Gobiernos de Madrid, siempre prestos a hacer cesiones a los gobiernos del PNV. Por emplear la manida metáfora nogal, ETA agitó un árbol que daba unos frutos para los que la Constitución de 1978 tenía preparada –nacionalidades y regiones»– una despensa legal en la que no había cabida para experimentos maoístas

Bibliografía

  • Bueno, Gustavo, El mito de la izquierda, Ediciones B, Barcelona 2003.
  • Lorenzo Castro Moral, «El PCE(R) y los GRAPO: De la perspectiva insurreccional al gansterismo político», Fundación Manuel Giménez Abad, 2010, pp. 1-12.
  • Moa, Pío, De un tiempo de un país, la izquierda violenta (1968-1978), Ediciones Encuentro, Madrid 2002.
  • Rodrigues López, Jonatan, «Conformación de la ideología revolucionaria. El caso español del GRAPO», Sémata. Ciencias Sociais e Humanidades, Santiago de Compostela 2020, vol. 32, pp. 327-347.
  • Vélez, Iván, Entrevista a Pío Moa, Madrid 11 de febrero de 2013. https://www.youtube.com/watch?v=3a0pw2Xi3pg
  • Verdú, Jaime, «El XXV Congreso del PCUS una mascarada socialfascista y socialimperialista», Bandera Roja, 2ª época, n. 10, abril 1976.

[1] Jaime Verdú, «El XXV Congreso del PCUS una mascarada socialfascista y socialimperialista», Bandera Roja, 2ª época, n. 10, abril 1976.

[2] En línea en https://www.filosofia.org/his/h1956rn.htm

[3] Véase Gustavo Bueno, El mito de la izquierda, Ediciones B, Barcelona 2003.

[4] Véase, entrevista de Iván Vélez a Pío Moa. Madrid 11 de febrero de 2013. https://www.youtube.com/watch?v=3a0pw2Xi3pg

[5] En el número 40 de Bandera Roja, de abril de 1975, se afirmó que «Juan Carlos no es más que la fachada de una Dictadura que se hunde ante la ofensiva creciente de las masas obreras y populares».

Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

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