Las mafias pro-inmigración: el caso alemán

Se ve que la nostalgia por los tiempos de la Stasi pervive en Alemania. Lo que han hecho ha sido extender el modelo de So Done a la gente que usa "discursos de odio": es decir, que critica la inmigración

Esto es como chiste: van en un bombardero un inmigrante egipcio que se gana la vida censurando a la gente que expresa sus opiniones en Internet, un juez nombrado por los verdes y un representante de una ONG polaca. ¿A quién le caen las bombas encima?

A los alemanes, claro.

A principios de mayo, el ministro del Interior alemán, el centro-derechista Alexander Dobrindt (en la fotografía), anunció la abolición del asilo como vía de entrada a Alemania, lo que facultó a la policía federal para expulsar a todos los migrantes ilegales en las fronteras nacionales.

Por supuesto, no iba en serio. Después de unas semanas de confusión informativa en las que el canciller Friedrich Merz aseguró a los socios de la UE que no pasaba gran cosa, hemos entrado en un periodo que podríamos llamar de cogérsela con papel de fumar, en el que se han endurecido ligerísimamente las condiciones para pedir asilo en Alemania sin bienes (como casi todos los inmigrantes) de un país que no está en guerra. Las estadísticas indican que la entrada de ilegales en Alemania sigue viento en popa.

Como explica el anónimo comentarista alemán que se identifica como Eugyppius (en referencia al historiador cristiano norteafricano San Eugipio, quien murió en el siglo VI), las implicaciones legales de estas medidas son lo que debería llamar la atención de todos los europeos hartos de que se nos tome el pelo.

Hay que tener en cuenta que, según la ley alemana (la llamada Asylgesetz), los extranjeros que entran a Alemania desde estados «seguros» no pueden solicitar asilo. Deben ser devueltos directamente a su lugar de origen. Dado que Alemania está rodeada en su totalidad por Estados seguros, este debería ser el fin de este problema descabellado. Pero, qué les voy a contar, no. Lamentablemente, esta sensata ley ha sido sustituida desde 1997, primero por el Convenio de Dublín, luego por el Reglamento Dublín II y ahora por el Reglamento Dublín III, todo ello normas extranjeras que obligan a Alemania a incumplir sus propias leyes porque los líderes alemanes las han firmado en secreto, con la connivencia de las élites políticas y económicas.

Estos convenios prohíben a la República Federal aplicar sus propias leyes, sosteniendo que los extranjeros que entran en Alemania procedentes de terceros Estados seguros deben ser acogidos a la espera de un procedimiento que determine qué Estado miembro de la UE es realmente responsable de ellos. En la práctica, esto significa que casi todos estos aspirantes a asilados permanecen en Alemania indefinidamente, y lo mismo ocurre en España. Hace una década, cuando estudié el tema en detalle viajando a la frontera de Melilla, todo el sistema de asilo es un puro chiste, una comedia que pagamos los europeos con nuestros impuestos y, cuando los centros de acogida (que son albergues con todos los gastos pagados, en los que se entra y sale a voluntad) se llenan demasiado con extranjeros pidiendo asilo, a éstos se les suelta y se les conmina a buscarse la vida en otro país o en las aceras de Barcelona o donde sea.

Dobrindt, que es un pobre inocente, intentó eludir el Reglamento de Dublín apelando al artículo 72 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), que permite a los Estados miembros dejar de lado las regulaciones de la UE cuando sea necesario para mantener el orden y la seguridad.

Ésa los globalistas ya se la saben. Se han pasado décadas colocando a su gente en las universidades y la judicatura. El 2 de junio, un juez nombrado por los verdes al Tribunal Administrativo de Berlín asestó el primer golpe en esta dirección, emitiendo una cautelar contra la política de Dobrindt, con la justificación de que los abogados de la organización Pro Asyl (que da ayuda legal gratuita a los inmigrantes ilegales) objetaron a la decisión de enviar a tres de ellos de vuelta a Polonia, el país por el que habían entrado en Alemania, antes de que se aclare si los inmigrantes pueden pedir asilo.

La decisión, bajo el artículo 80 de «Ley de Asilo» de Alemania apoyada en su momento por el bloque de centroderecha, es inapelable, ya que esa ley busca explícitamente acelerar y simplificar el proceso de acogida. Todos los jueces de la cuerda ya saben lo que hay que hacer.

Si creen que eso es un abuso intolerable del sistema, prepárense para que les cuente lo que hace la ONG REspect! En un mundo en el que domina el cinismo más miserable, lo de esta ONG ya es para Oscar. Parece haberse inspirado en los éxitos de una ONG rival, So Done, que durante los encierros del Covid se especializó en crear herramientas para buscar a gente común y corriente que insultaba a políticos.

Justo en esa época, en Alemania se endurecieron las penas por insultar a gente «en el mundo político», así que So Done se dedica a la delación electrónica. Capturan pantallazos de tu suegra metiéndose con tal alcalde en Facebook, y los envían a un tribunal que inmediatamente asigna una multa. Estas multas suelen no ser muy altas, típicamente un susto de muerte para las víctimas pero no suficiente como para llevarlas a la bancarrota, pongamos 3.000 o 5.000 euros. Siempre se pueden recurrir: pero ello implica meterse en un embarazoso proceso legal, con significativos costes, que puede extenderse durante años (y probablemente lo hará) en el que no hay garantías de salir airoso.

El modelo financiero de So Done funciona precisamente porque la mayor parte de la gente que recibe multas es lista y sabe que tiene pocas posibilidades de mejorar su situación en los tribunales, así que paga. Y la ONG se queda la mitad del dinero, pasándole la otra mitad a los políticos insultados.

REspect, dirigida por un inmigrante egipcio, vio esto y le gustó. Se ve que la nostalgia por los tiempos de la Stasi pervive en Alemania. Lo que han hecho ha sido extender el modelo de So Done a la gente que usa «discursos de odio»: es decir, que critica la inmigración. En 2024, de media procesaron un promedio de 89 casos diarios, 31 de los cuales remitían a la fiscalía, casi todos en X y Facebook. Su ley favorita es el artículo 86a del código penal alemán, que prohíbe el uso de lemas y símbolos asociados a los nazis, y representó el 64% de su botín en 2024. ¿Se cree usted ingenioso, citando tal frase popular en 1938 sin pensar que hay ONGs esperando que les pague la hipoteca? Pues no debería.

Al menos no en Alemania. Si usted escribe «Todo por Alemania» sepa que esa frase era famosa entre los nazis, así que tendrá que pagar un dinero por ella. Si sólo escribe «Todo por A…» sepa que los jueces globalistas están dispuestos a aceptar eso como simbolismo nazi, y cascarle 7.000 euros de multa mas registro domiciliario. Bienvenidos a Europa 2025.

Madrid, 1973. Tras una corta y penosa carrera como surfista en Australia, acabó como empleado del Partido Comunista Chino en Pekín, antes de convertirse en corresponsal en Asia-Pacífico y en Europa del Wall Street Journal y Bloomberg News. Ha publicado cuatro libros en inglés y español, incluyendo 'Podemos en Venezuela', sobre los orígenes del partido morado en el chavismo bolivariano. En la actualidad reside en Washington, DC.

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