Mercedes Sanz-Bachiller: una vida de acción (II)

Su gran obra fue el Auxilio Social, una institución creada para ayudar a mujeres y niños víctimas de la guerra sin importar el bando

(La primera parte de este artículo puede leerse aquí)

Mercedes después de Onésimo

Tras el asesinato de Onésimo, su hermano Andrés heredó la jefatura territorial de la Falange de las JONS en Valladolid. Su primera tarea fue la de cubrir el puesto de jefe provincial de la Sección Femenina de Valladolid, vacante porque Rosario Pereda había quedado atrapada en Santander al inicio de la contienda. El 12 de agosto de 1936 nombró a Mercedes Sanz Bachiller. Tuvo varias razones para ello: Andrés Redondo conocía la trayectoria de Mercedes al lado de Onésimo y le era, al cabo, no solo de confianza sino custodia de su legado. Había demostrado valentía al hacer de enlace entre los falangistas libres y los presos (su marido se contaba entre ellos) y había colaborado en lo que estaba a su alcance a la preparación del levantamiento militar. Aunque no falta quien ha leído el nombramiento como un modo para que Andrés afianzara su propia posición. Sanz Bachiller se instaló en la Academia de Caballería, organizando la recogida y confección de ropa de abrigo para el frente. Por esos días, Andrés le ofreció la concesión de un estanco para asegurar el sustento de sus tres hijos; Mercedes lo rechazó, y él buscó niñeras para que pudieran quedar atendidos mientras ella seguía con su tarea. Mercedes Sanz Bachiller se convirtió, sin buscarlo, en el símbolo de la viuda que sacrificaba su dolor por la causa.

«Quedo mudo de asombro. Sigue la visita, pero yo no me entero ya de nada. Mi atención ha quedado presa ante aquel asombro de estoicismo, encerrado en un débil cuerpo de mujer. (…). Yo no podía imaginar un caso de fortaleza igual. Algo sobrenatural hay en esa mujer. Su dolor está domado dentro del pecho por un imperativo sobrehumano. Sólo el espíritu de su muerto, que vive en ella, es capaz del prodigio». 27/8/1936 — Mauricio Karl en el Diario Regional de Valladolid.

La Sección Femenina nacional se había fundado en junio de 1934, impulsada por José Antonio Primo de Rivera; la de Valladolid, meses después, por iniciativa de Rosario Pereda siguiendo instrucciones de Onésimo Redondo. Su existencia se extendió por tanto desde la época prebélica, la contienda y el franquismo.

Mercedes recordaría después que, cuando tomó el cargo, había solo 37 afiliadas en Valladolid —aunque según otros datos de la época la cifra pudo ser mayor— y que el 1 de septiembre de 1937 ya sumaban más de 12.000, incremento motivado en parte por la euforia en las primeras semanas del Alzamiento.

Una solución para el hambre

Javier Martínez de Bedoya (Bilbao, 1914-Madrid, 1991) había estudiado Derecho. Su ideario político estaba modelado por su catolicismo y la idea de la unidad de España. Bedoya justificaría después su paso a la acción: había que aceptar la batalla allí donde la diesen los demócratas (que no lo eran), «porque, en caso contrario, siempre llevarían ventaja los que se saltasen los principios y las leyes a la torera».

Pero un hecho marcó su vida: escuchar el discurso de Onésimo Redondo en la Casa Social Católica de Valladolid el día que la reina Victoria Eugenia pasaba por Valladolid, camino del exilio de Irún. Poco después se afilió a las JONS y se convirtió en uno de los colaboradores más cercanos de Redondo. Su pensamiento político se estructuró entonces alrededor del jonsismo, rechazando el marxismo, el liberalismo, el capitalismo y abrazando el libre sindicalismo. Sin embargo, con el nacimiento de la FE-JONS, Martínez de Bedoya desarrolló un rechazo a lo que él consideraba el «señoritismo» de la falange madrileña —reafirmando a su vez su sintonía con la «verdad» de Onésimo Redondo— que le llevó a dejar la política (abandona la FE-JONS junto a Ledesma Ramos) para centrarse en sus estudios.

En julio de 1935, Javier llegó a Alemania para aprender el idioma y preparar el siguiente curso en la Universidad de Heidelberg. Allí constató el culto a Hitler y el nazismo, y vio cómo las jóvenes mujeres de la Jungfrau hacían cuestaciones por las calles para ayudar a los desvalidos.

Regresó en 1936 a Guernica, donde su padre tenía una notaría y donde le sorprendió la sublevación militar.

En septiembre viajó a Valladolid y comenzó a organizar la actividad sindical con Andrés Redondo. El 1 de octubre, Bedoya tenía aún una visita pendiente: acudir a dar el pésame de Onésimo a su viuda, Mercedes Sanz Bachiller. En el transcurso de la misma hablaron de los problemas sociales que había traído la guerra y de la necesidad de ocuparse de ellos. Javier comprendió que lo que había visto en Alemania podría servirle para paliar la miseria de los damnificados y consideró que Mercedes era «el gran instrumento que ponía Dios en su camino».

Así pues, la idea de los comedores sociales fue importada por Martínez de Bedoya de la Alemania nacionalsocialista. Decidieron ponerle el mismo nombre traducido del alemán, Winterhilfe, naciendo así el Auxilio de Invierno. Pero no es menos cierto que esa preocupación por los niños desamparados y las madres que pedían ayuda existía previamente en Mercedes: «¿Cómo vamos a permitir que los niños pasen hambre? Para mí, entre los niños no hay rojos, ni azules»[1]. Sin sus dotes organizativas, su carácter, su energía y su determinación —«yo voy a pedir dinero prestado para comenzar»—, ninguna idea teórica se hubiera materializado.

Arrolladora, innovadora, carismática.

La capacidad de trabajo de Mercedes era espectacular. El Auxilio de Invierno fue su gran obra. La guerra iba dejando cientos de viudas y huérfanos en la más absoluta miseria y Mercedes trataba de combatir la avitaminosis en una población devastada, ofreciendo comedores gratuitos. El día 30 de octubre se inauguró el primer comedor en Valladolid, con capacidad para cien huérfanos de guerra. En esos primeros días pensaron que la guerra duraría unas semanas, que sería una batalla. Jamás imaginaron una guerra civil. Pero, una vez acabada esta, Sanz Bachiller creía que fue inevitable. La URSS quería apoderarse de España, hacer de ella su bastión en el Mediterráneo. La prueba es que sin la ayuda de los soviets, la guerra no hubiera durado nada. Mercedes reflexionaría en voz alta en su vejez: «La guerra evitó que Rusia convirtiera a España en Albania. Franco debió estar tres o cuatro años más, hasta consolidar una democracia, y luego marcharse. Era un hombre honrado, pero le pudo el poder»[2].

Así que, debido a la duración de la contienda, el Auxilio de Invierno pasó a llamarse el Auxilio Social. Mercedes vivió los tres años de la guerra dedicada en cuerpo y mente a dicha institución, creada para ayudar a mujeres y niños víctimas de la guerra sin importar el bando al que pertenecieran.

Mercedes Sanz-Bachiller contaba, además, con la motivación de su propia reconstrucción personal tras el asesinato de su marido: «Me pregunto en todo momento cómo volver a ser persona y cómo entender que los demás lo son». Poseía una fuerte personalidad y confianza en sí misma, amén de la capacidad de contactar con las personas que le eran necesarias en cada situación y organizarlas.

Javier y Mercedes trabajaban codo a codo. Se desligaban de las luchas internas por el poder en la Falange. A principios de noviembre del 36, ambos viajaron a Sevilla, donde se encontraba Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio y jefe de la Sección Femenina a nivel nacional, para exponer su plan de acción y solicitar la contingencia de la Sección Femenina a fin de extender el proyecto a toda España.

Ese mismo mes, Pilar se trasladó a Salamanca. José Antonio había sido fusilado por el gobierno de la II República el día 20 en Alicante. Comenzó a dirigir la Sección Femenina desde allí y, al comprobar in situ la magnitud que podía alcanzar la obra de Mercedes Sanz-Bachiller, el Auxilio de Invierno, sus recelos crecieron, a pesar de las palabras de elogio que tuvo para con ella en la visita que realizó a los comedores junto a Manuel Hedilla (Jefe de la Junta de Mando Provisional de Falange).

El 19 de diciembre, el Auxilio de Invierno puso en marcha las Cocinas de Hermandad, con el fin de llevar comida a domicilio en recipientes metálicos para viudas y ancianos. Con la entrada del nuevo año, la red seguía creciendo.

Comienza el Rock and Roll

Del 6 al 9 de enero de 1937 se celebró entre Salamanca y Valladolid el I Consejo Nacional de la Sección Femenina, en el que se libró la primera batalla por el control del Auxilio de Invierno (AI) entre Mercedes Sanz-Bachiller y Pilar Primo de Rivera.

Mercedes pensaba que el AI debía constituir un servicio independiente, como otros de Falange. Pilar opinaba que, al estar Mercedes bajo su mando como Jefe de la Sección Femenina, el AI debía estarlo también. Además, en la práctica, el AI se servía de las afiliadas de la Sección Femenina para llevar a cabo su actividad en los comedores, en las cocinas o como mano de obra. Tampoco estaba Pilar de acuerdo con la presencia de hombres en determinados puestos del AI, que ella consideraba debían ser exclusivamente femeninos.

Pilar Primo de Rivera

El Consejo se saldó con el reconocimiento del AI como servicio de Falange de carácter nacional y de Mercedes Sanz-Bachiller como su Delegada Nacional. Sin embargo, ni Pilar Primo de Rivera consiguió imponer su autoridad de forma clara ni Mercedes consiguió que el AI se desligara totalmente de la Sección Femenina para depender sólo de la Junta de Mando Provisional de la FE-JONS.

Sanz-Bachiller contaba que su única enemiga —«porque fuimos un poco enemigas»— fue Pilar Primo de Rivera. «Nos queríamos mucho, pero Pilar era muy absorbente y no digería que yo, siendo mujer, tuviera el Auxilio Social. Ella quería que todo lo que hiciese una mujer le perteneciera. Era más inteligente de lo que parecía y estaba preparada. Un poco calva, la pobre, pero no era fea, solo descuidada. No le interesaba la feminidad ni la coquetería».

Tras el Decreto de Unificación de Franco, en el que los partidos de derechas de la zona nacional constituyeron la FET de las JONS, Mercedes fue nombrada Delegada Nacional del Auxilio Social y Javier Martínez de Bedoya, Secretario Nacional. Esto convirtió a Mercedes en una de las mujeres con más poder en la zona nacional, con competencia para unificar todas las obras benéficas financiadas por el Fondo de Protección Benéfico Social. Pilar Primo de Rivera tuvo, por tanto, que ceder competencias y vio limitado su campo de acción.

El modelo asistencial que puso en marcha Sanz-Bachiller estuvo influenciado por el jonsismo del que era heredera haciendo suyo el mismo lema para el Auxilio Social: «Por la Patria, el Pan y la Justicia». Sin embargo, el catolicismo que fue fundamental en la JCAH de Redondo perdió fuerza en el programa de las JONS hacia su conquista del Estado. Defendían la separación Iglesia-Estado, pero con «máximo respeto para la tradición religiosa de nuestra raza».

El Auxilio Social era imparable. Pusieron en marcha el Auxilio de la Vejez, el Auxilio del Enfermo y la Obra del Hogar. Mercedes creó la Institución de Amigos del Auxilio Social, que se expandió por Lisboa, Biarritz y París (cuyo comité dirigía el mariscal Pétain) y más tarde por Buenos Aires, Manila, Nueva York o Londres, este último presidido por la reina Victoria Eugenia. Mercedes, que hablaba a la perfección francés aprendido en las Dominicas, fue ayudada por Carmen de Icaza, novelista bilingüe, residente en Alemania y miembro de la Asesoría Técnica del Auxilio Social. Estas instituciones organizaban gardenparties u otro tipo de actos benéficos cuya recaudación iba para el Auxilio Social.

A través del Comité de Amigos del Auxilio Social de Estados Unidos, los cuáqueros ofrecieron su ayuda. Mercedes Sanz-Bachiller recordaba cómo «se trataba de una religión que no eran ni católicos ni judíos, pero sí amantes de la Humanidad. Impusieron como condición que se ayudase por igual a la zona nacional como a la roja. De cada barco que llegaba repartíamos».

Mercedes viajó a Alemania para estudiar las organizaciones vinculadas a la NSDAP que prestaban asistencia social. Aunque todo su trabajo se centró en el Auxilio Social, seguía siendo Jefe Provincial de la Sección Femenina de Valladolid desde agosto del 36. Con la liberación de Santander, Rosario Pereda regresó a Valladolid y Mercedes renunció al cargo en la Sección Femenina para dedicarse plenamente al Auxilio Social, del que celebró el I Congreso. En tan solo un año habían pasado de montar un comedor a ser la Delegada Nacional de una institución cuyo número de servicios no cesaba de incrementarse, destacando la Asistencia Técnica Nacional y la Obra de Protección a la Madre y el Niño.

La obra titánica de Mercedes y Javier no podía seguir dependiendo, como en sus inicios, de la voluntariedad de las afiliadas a la Sección Femenina. El proyecto se había extendido ya a todas las provincias de la zona nacional y necesitaban más mano de obra. Decidieron crear el Servicio Social de la Mujer y dotarlo de la categoría de deber nacional.

Presentaron el argumentario y la articulación de sus estatutos a Franco, y este decretó su instauración el 7 de octubre de 1937. El recién creado Servicio Social otorgaba a las mujeres el mismo derecho y deber al trabajo de la reconstrucción de la Patria que a los hombres, que ya cumplían el Servicio Militar, aunque señalaba que las mujeres tenían distintas aptitudes, por lo que se les asignarían funciones mecánicas, técnicas o administrativas. Debía ser cumplido por mujeres de 17 a 35 años durante un mínimo de seis meses, con algunas exenciones. El reglamento que lo desarrolló, sin embargo, devolvió peso a la Sección Femenina en la tramitación —germen de nuevos roces—. Martínez de Bedoya cuenta en sus memorias que, al invadir un terreno que no era privativo de ellos, tuvieron «la sorda y continua hostilidad de Pilar Primo de Rivera, de todas sus amistades políticas, de sus grupos de presión».

Más madera: la batalla por el poder

Octubre de 1938, II Congreso del Auxilio Social en Valladolid: Mercedes certificó que el Servicio Social era competencia del Auxilio Social y que tendría continuidad. Anunció la Obra Nacional del Ajuar, para confeccionar ropa, e hizo público el agradecimiento a Franco por la asignación del Servicio Social al Auxilio Social, con mención especial al ministro del Interior, Serrano Súñer.

En el fondo, las disputas entre Pilar Primo de Rivera y Mercedes Sanz-Bachiller caían siempre en el mismo escollo: una concepción distinta de la presencia de la mujer en la vida pública y una pugna por el poder.

Pilar Primo de Rivera reclamaba para la Sección Femenina la formación de las mujeres, «que le había sido arrebatada conscientemente». En abril de 1937 había sido nombrada Delegada Nacional Femenino del movimiento FET-JONS, con la tarea de integrar a todas las organizaciones femeninas y tenerlas, por tanto, bajo su mando.

Pero Mercedes, al ser nombrada Delegada Nacional del Auxilio Social, consideraba que este se convertía en un servicio de la FET-JONS, por tanto independiente, y que podía gobernar con autonomía y tratar de tú a tú a la Sección Femenina.

La otra línea roja trataba de mujeres y hombres: Pilar no entendía que en el Auxilio Social hubiera hombres que ocuparan cargos; Mercedes pensaba que estos debían ocuparse de las actividades político-sociales y que pretender que las realizaran mujeres era un «capricho feminista». La paradoja no se les escapaba a ninguna de las dos: ambas ejercían un poder que, en teoría, defendían como ajeno a su sexo —Mercedes por herencia jonsista, viuda de Onésimo; Pilar por legitimidad falangista, hermana de El Ausente.

Con todo, Pilar Primo de Rivera reconoció que, cuando Franco anunció en una Junta la muerte de su hermano José Antonio, «en esos momentos de triste certidumbre, Mercedes se portó muy bien conmigo».

Y Mercedes, a la muerte de Pilar en 1991, dijo: «Disentimos muchas veces, Pilar, pero siempre nos sentimos unidas en comunes ideales. Descansa en paz».

El 19 de octubre de 1937, Franco nombró a Mercedes Sanz-Bachiller miembro del Consejo Nacional de la FET-JONS —uno de los tres órganos rectores del Partido Unificado— en la posición 10. Ese mismo mes se celebró el primer aniversario del AS y, el 3 de noviembre, Mercedes recibió en la embajada alemana en Salamanca la Cruz Roja del Reich.

Javier Martínez de Bedoya, por su parte, se convirtió en colaborador del ministro del Interior Serrano Súñer al ser nombrado jefe del Servicio Nacional de Beneficencia, adscrito a dicho ministerio. Desde su posición, Martínez de Bedoya consolidó legal y económicamente el Auxilio Social.

A finales de junio de ese año, el Comité Internacional del Trabajo y la Alegría nombró a Sanz-Bachiller presidente del Comité Mundial Femenino y miembro del Comité Internacional Consultivo, congreso este último al que asistió Il Duce. Con estos nombramientos se internacionalizó el fenómeno «Mercedes Sanz Bachiller». Y, aún antes de que acabara el verano, fue condecorada con la Gran Cruz de la Gran Orden Imperial de las Flechas Rojas, distinción que también recibió Pilar Primo de Rivera.

De nuevo, campanas de boda

«Comprendí que en cuanto acabase la guerra, lo lógico y lo natural sería que perdiésemos a Mercedes, que pronto recompondría aquella vida que creía tan rota cuando la encontré en septiembre de 1936».

Tras la batalla del Ebro, en 1938, las tropas nacionales estaban listas para entrar en Cataluña. La directiva del Auxilio Social se trasladó a Barcelona y fue allí, en el hall del hotel Ritz, donde Mercedes despachaba con unos y otros cuestiones de importancia para la asistencia de la población que quedaba víctima de la guerra, cuando Javier Martínez de Bedoya propuso matrimonio a Mercedes Sanz Bachiller.

—Lo que propones, Javier, es una locura: primero, por los hijos que tengo, que son tres. Segundo, por la campanada política que supondría la boda de la viuda de un héroe de la cruzada.

—Lo que yo no he olvidado —respondió Javier— es que tus hijos son de Onésimo, mi mejor amigo.

Con el dinero que había donado el Sindicato de Cultivadores de la Remolacha de Castilla la Vieja a los hijos de Mercedes y Onésimo, y algunos ahorros, Mercedes adquirió una finca en Torremolinos, Aldeamar.

—Creo que podrás disfrutar de una casa junto al mar cuando nos casemos —de esta manera, Sanz-Bachiller aceptaba, semanas más tarde, la proposición de matrimonio de Martínez de Bedoya.


[1] Declaraciones de Mercedes Sanz-Bachiller recogidas por José María García de Tuñón Aza, «Mercedes Sanz-Bachiller, fundadora de Auxilio Social», El Catoblepas, nº 107, 2011.

[2] García de Tuñón Aza, op. cit.

Es ilicitana y autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' (Ediciones Monóculo). Ha participado en obras corales como 'Ser Conservador es el nuevo Punk' de La esfera de los libros o '¿Librar la batalla cultural?', de CEU Ediciones. Como columnista ha aparecido en medios como El Debate, El Español o The Objective. En la actualidad escribe en la sección de Opinión de la Gaceta de la Iberosfera y mantiene colaboraciones con La Iberia o el diario decano de la prensa uruguaya El País. También firma artículos en la revista La Antorcha

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