Las elecciones generales de Suecia de 2026 del 13 de septiembre han perdido su carácter nacional para ser vistas por el resto de los países de la UE como una prueba de por dónde va el futuro de Europa. Socialdemócratas y Demócratas de Suecia son lo que pugnaban por hacerse con el poder encabezando un ejecutivo de coalición. El Partido Socialdemócrata ha ganado las elecciones parlamentarias y el bloque de la izquierda se impone con una mínima ventaja sobre el de la derecha. La formación liderada por la ex primera ministra Magdalena Andersson (en la fotografía) obtiene el 28% de los apoyos y junto a sus aliados suma 176 escaños. Los partidos de la derecha, tras cuatro años en el poder, pierden tres escaños y se quedan en 173. No obstante, la ventaja en votos es de apenas 28.000 votos entre los dos bloques empatados.
Los socialdemócratas han bajado siete escaños a favor de sus aliados de izquierda, verdes y de centro (antiguos agrarios). Con respecto a la derecha, el retroceso proviene de los demócratas de Suecia, once escaños, a favor de sus antiguos aliados de la derecha, conservadores, democristianos y liberales.
Los primeros son los herederos del Estado de Bienestar sueco, modelo envidiado por toda Europa, y que mostró su solidaridad abriendo sus fronteras a inmigrantes y exiliados de todo el mundo. El Partido Socialdemócrata incluyó en su programa propuestas como la prohibición del lucro en los servicios educativos públicos, la implementación de impuestos progresivos y una inversión estatal en defensa e infraestructuras. La traducción de su propaganda al árabe le ha beneficiado claramente en este colectivo. El 70% de los suecos de origen extranjero han apoyado al bloque de izquierdas. Especialmente a la líder de la izquierda, Nooshi Dadgostar, sueca de origen iraní. En el colectivo musulmán el voto favorable al bloque izquierdista ha sido de un 85 %.
La sociedad sueca en la actualidad tiene un 22 % de sus habitantes nacidos o de ancestros extranjeros, casi la mitad originaria de países islámicos. La inmigración en Suecia procede principalmente de Siria, el 9,53%, Finlandia, el 7,57% e Irak, el 7,37%. El problema mayor no es el yihadismo, sino la llegada de mafias albanesas, kosovares e iraquíes que se han enfrentado por el control de la droga y la trata de personas. Ciudades estratégicas como Malmö, que se encuentra al otro lado del puente de Oresund, que conecta Dinamarca con Suecia, ha contribuido a un aumento de la violencia entre ellas. En esta ciudad, el barrio con mayor porcentaje de población de origen extranjero, Rosengård, el bloque de izquierdas obtuvo el 95,2% de los votos.
El flujo de mano de obra extranjera dañó a la baja los salarios de los trabajadores suecos nativos y ante el abandono de los partidos de izquierda de sus reivindicaciones, los obreros suecos buscaron otras opciones políticas, como los Demócratas de Suecia, ya que los partidos conservadores, democristianos y liberales son representativos de la clase media.
Este es el contexto por el cual un partido, como el de los Demócratas de Suecia de Jimmie Åkesson se convirtió en el partido revelación en las elecciones de 2022 con el 30,4% de los votos y 73 escaños, proclamándose la segunda fuerza parlamentaria detrás de los omnipotentes socialdemócratas. La formación derechista inició su ascenso en las elecciones generales de 2010, cuando recibieron un 5,7% del voto y 20 escaños, y cuatro años después, el partido ascendió a la tercera posición, con un 12,9% de apoyos y 49 asientos en el Riksdag. En el 2022 se convirtieron en un elemento indispensable para formar el ejecutivo. El voto obrero, el jubilado carente de prestaciones sociales que van a los inmigrantes y las mujeres ante el aumento de la violencia sexual han favorecido un incremento masivo de las opciones de una derecha social diferente a la tradicional formada por las profesionales liberales.
Los Demócratas de Suecia han sido cuestionados por sus rivales políticos, acusándoles de albergar a neonazis y un discurso supremacista. Sin embargo, los Demócratas de Suecia han ido cruzando el desierto para transformarse en una formación política aceptable por el sistema, distanciándose de grupos radicales y presentando con sus propuestas una imagen respetable. En ese cambio profundo, Jimmie Åkesson llevó un protagonismo excepcional. Ha potenciado una imagen moderna y alejada de uniformes y simbología radical. Los sectores más radicales se encuentran militando en otras siglas. A partir de entonces el crecimiento electoral fue en ascenso y han ido agregando a veteranos políticos de la formación conservadora, como Sten Andersson.
En su discurso político han reclamado como condición sine qua non para favorecer la integración de los inmigrantes el conocimiento de la lengua sueca y el conocimiento de la historia del país, sin cuya aceptación consideran imposible la integración positiva de los nuevos suecos. En su programa el SD se autodenomina como un partido socialmente conservador, pero con una visión nacionalista. En la actualidad forman parte del grupo ECR, Conservadores y Reformistas Europeos de Giorgia Meloni. Desde el 2022, el SD dio su apoyo al actual primer ministro, Ulf Kristersson, líder del conservador Partido Moderado que ha dirigido el país junto a liberales y democristianos.
El SD quería entrar en el ejecutivo para favorecer un endurecimiento de las leyes de inmigración y un mayor apoyo en el establecimiento de la ley en los barrios conflictivos de mayoría musulmana. Sin embargo, su fuerte retroceso se debe a dos factores. Por un lado, apoyó al gobierno de centroderecha desde el exterior, que naturalizó a 200.000 inmigrantes. La ley de naturalizaciones se endureció en abril de este año a cuatro meses de las nuevas elecciones. Por otro lado, Ulf Kristersson por los conservadores, y Ebba Busch, por los democristianos, compiten en el discurso radical frente a Jimmie Åkesson que hace todo lo posible por dar una imagen alejada de extremismos. Finalmente, los nuevos suecos nacionalizados han sido determinantes en la victoria del bloque de izquierda.