«PSOE y PP han sido incapaces de salvaguardar la integridad de la Nación»

"Sí, es una realidad la voluntad de los secesionistas de eliminar el español. Quieren ocupar su espacio comunicativo a través de políticas de sustitución lingüística"
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Jesús Rul ha dedicado más de cuarenta años a la educación en Cataluña. Profesor y coordinador de programas, como el de Formación de Directivos de la Generalidad de Cataluña, entre 1983 y 2015 ejerció como inspector de Educación lo que le permitió comprobar, desde dentro, la progresiva degradación del modelo autonómico con el control nacionalista del sistema educativo en contenidos, nombramientos y cargos, así como la discriminación lingüístico-cultural y el deterioro de los estándares de calidad del sistema. Tras varios títulos publicados en los que expone las causas del deterioro en la convivencia social en España, llega ahora con El español, lengua común (Sekotia) donde analiza la importancia del español como lengua de los españoles y aborda su papel en la cohesión social, la cultura y la educación, así como su influencia en la identidad nacional de España y de los países hispanoamericanos. Nos transmite su interés y amor por el estudio de nuestra lengua, pero también la inquietud sobre los riesgos y amenazas reales que se ciernen sobre el futuro de nuestro patrimonio lingüístico y comunicativo.

«Este libro habla de hechos reales», dice al inicio de El español, lengua común, como esas películas de suspense «basadas en hechos reales». Y no es para menos conociendo casos de profesionales, en Cataluña, excluidos de su puesto de trabajo por el idioma; multas por usar el español…

Sí, es una realidad la voluntad de los secesionistas de eliminar el español. Quieren ocupar su espacio comunicativo a través de políticas de «sustitución lingüística». Imponen las lenguas regionales ––catalán, vasco, valenciano y gallego–– en la vida institucional, servicios sociales, en la educación y sanidad, condicionando la vida de los ciudadanos con requisitos y obligaciones lingüísticas. Llevan así más de 40 años. Lo han convertido en una obsesión que alimenta conductas de fanatismo lingüístico.  La obsesión por revertir el modelo lingüístico con el español como lengua oficial común y el uso de las otras lenguas cooficiales es una fijación inquisitiva que se traduce en imposiciones normativas crecientes. Este «integrismo» lingüístico es dañino para las libertades civiles e incompatible con el orden constitucional democrático.

Me explicaba que «durante décadas he venido observando el impacto de las políticas nacionalistas en la vulneración de derechos de los ciudadanos, en general, y de los alumnos en particular»

Y con la complicidad de los partidos llamados nacionales, cuyo efecto ha quebrantado durante más de 40 años derechos constitucionales, personales y cívicos, con un daño añadido: la «normalización» de lo injusto y perverso, como la inmersión lingüística obligatoria, o inducida desde el poder, la exclusión del español como lengua de educación, los límites al uso del español con requisitos discriminatorios y las multas lingüísticas por usar el español en tu propio país. A lo largo de estas décadas, los nacionalismos antiespañoles se han consolidado aprovechando la Constitución abierta a transferencias de competencias estatales, logradas a cambio de votos para que PSOE y PP obtuvieran mayorías en las Cortes. La deconstrucción del orden constitucional es un hecho: la Constitución ha sido desnaturalizada de los principios y valores fundacionales, con el efecto criminal de enajenar la soberanía de los españoles. El sistema territorial creado es autodestructivo, caro, con duplicidades, desmesura de legislaciones contradictorias e inseguridad jurídica que aleja las inversiones. He visto la destrucción del sistema educativo español fraccionado en 18 compartimentos (17 autonomías y Ceuta-Melilla). Las autonomías controladas por secesionistas funcionan como feudos que utilizan el sistema educativo para imponer su marco conceptual a docentes y alumnos con un denominador común: la exclusión de España y el español. Están construyendo sus «naciones inventadas» a costa de los españoles.

Cómo hemos llegado hasta aquí…

La conciencia de degradación es compartida por muchos españoles. Otros viven de ella a sus anchas. La Transición fue un intento de integrar desde dos dimensiones: política y territorial. Superar la inquina suicida de las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil e integrar a los nacionalismos periféricos, especialmente el catalán y el vasco. Durante un tiempo, la democracia funcionó con la alternancia democrática y el logro de cotas de desarrollo social y económico, pero se truncó con Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez por su abandono de los postulados liberales de la socialdemocracia y su entrega al populismo socialcomunista. Por su parte, la trayectoria de los nacionalismos vasco y catalán ha sido siempre de fractura identitaria y acumulación de competencias.

Visto en perspectiva, el éxito inicial de la Transición ha devenido en fracaso…

Sí, con una clase política, a derecha e izquierda, que ha carecido de visión cortoplacista, proclive a dejar hacer y mirar para otro lado, con demasiados casos de corrupción. Si ampliamos la perspectiva, España está en bucle, repitiendo ciclos de fracaso desde el siglo XIX. Actualmente, por debajo de la superficie de turistas, trenes de alta velocidad, famoseo en las televisiones, bares de tapas y playas, hay precariedad laboral, altas tasas de paro juvenil y fracaso escolar, deterioro de la estructura productiva y de servicios (apagón eléctrico, trenes parados durante más de 12 horas sin responsabilidades…), desajuste estructural entre rentas y capacidad de compra de vivienda y bajada en los estándares internacionales de desarrollo y calidad democrática. La nueva izquierda, con el PSOE a la cabeza y los secesionistas, comparten una misma estrategia: el progresivo empobrecimiento material y moral de la población, indispensable para mantener una masa social subsidiada (a golpe de deuda y déficit), condición de dependencia política y electoral a través de la propaganda como pasa en algunos países hispanoamericanos.

Y la otra causa del deterioro, el fraccionamiento lingüísticocultural…

El español es el objeto a batir por los secesionistas catalanes, vascos y gallegos porque identifica y expresa a la nación como ciudadanos libres e iguales. Se han apropiado de las lenguas que llaman «propias» y consideran impropio el español, lengua mayoritaria de los ciudadanos en Cataluña y País Vasco. También en Galicia, Baleares y Comunidad Valenciana. Imponen a la fuerza las lenguas regionales contra el español en todos los ámbitos, que es mucho por la cesión de competencias estatales a cambio de su apoyo en las Cortes. En las 15 legislaturas nacionales habidas, desde 1977 a 2023, en 11 se ha dependido de partidos regionales secesionistas, pero PSOE y PP han sido incapaces de modificar la ley electoral para que las Cortes, como dice la Constitución (66.1), sea representativa del pueblo español, expresión de la soberanía unitaria de la Nación española (arts. 1 y 2 CE).

Dice en su libro La guerra de secesión contra la Nación de españoles (Amarante, 2021), «están en guerra contra España»…

Sí, en efecto, es una guerra híbrida ––política y cultural–– con violencia e intentos de insurrección para enajenar España de la mente y conducta de los ciudadanos sometidos a su poder, especialmente en la educación. Por eso siempre digo que no son independentistas, sino secesionistas. Aplican los tres rasgos distintivos de los movimientos separatistas: son «desintegradores», buscan el colapso del orden nacional español con motivos políticos y lingüísticos falaces con sustratos étnicoidentitarios esencialistas; son «totalitarios», mediante un plan utópico y sacralizado, centralización del poder, activismo proselitista, adoctrinamiento y propaganda (dominación sociocultural) y violencia (terrorismo de ETA, Terra Lliure o Tsunami Democràtic); y «expansivos», el vasco hacia Navarra y áreas del sur de Francia, y el catalán hacia Baleares, Comunidad Valenciana y territorios del sur de Francia (Rosellón, Conflent, Capcir, Vallespir y parte de la Cerdaña), incorporados a Francia por culpa de las élites catalanas, entregadas al rey francés, Luís XIII, durante un episodio en el marco de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Las élites españolas, ––políticas, económicas, intelectuales y mediáticas–– han sido incapaces de revertir los secesionismos con inteligencia y audacia. La consecuencia es la cronificación del conflicto territorial de las «tribus» secesionistas, rémoras que obstaculizan la unidad, libertad y el desarrollo.

Méndez de Vigo, durante el procés, no garantizaba el español como lengua vehicular. El ministro Urtasun apuesta por el catalán, «lengua de enseñanza en todo el país». Rufián, en el Congreso: «¿Por qué el catalán no puede hablarse en Europa? Es una lengua oficial». Y alguien debería haberle contestado, «¿por qué el español no puede hablarse en las aulas catalanas? Es una lengua oficial»

No sé si Urtasun ignora o pretende, pero el español es la única lengua oficial de España, por eso es lengua oficial de la UE como los demás países miembros. Rufián debe saber que el catalán es lengua oficial en Cataluña, región de España, pero en cooficialidad con el español. Como digo, los partidos nacionales, PSOE y PP, han sido débiles e incapaces de salvaguardar la integridad de la Nación constitucional unitaria y descentralizada. Ha prevalecido la voluntad de los secesionistas en el desarrollo del modelo territorial. Los secesionistas vascos y catalanes son implacables en imponer su modelo de Estado residual: son proactivos y el Estado reactivo, con un mercadeo continuo de votos en las Cortes a cambio de poder competencial. PP y PSOE han sido incapaces de modificar la ley electoral para que los partidos regionales secesionistas no sean decisivos en las Cortes (el modelo electoral proporcional que tenemos es incompatible con partidos regionales en la representación nacional: genera división y dependencias sistémicas). Actualmente, el efecto es notable: Cataluña y País Vasco funcionan aparte. Sánchez es su profeta, se ha entregado al lado oscuro con el Estado plurinacional, esto es, el fraccionamiento de la Nación española. La Nación unitaria española no es una entelequia discutida y discutible, como gusta decir con ignorancia a Rodríguez Zapatero. Tampoco es una cuestión retórica, como le preguntó Patxi López a Pedro Sánchez, «Pedro, ¿tú sabes qué es una nación?». No es eso. Es mucho más sencillo: la Nación es la malla densa de personas, familias, instituciones, significados y valores, que vertebra la identidad nacional de los españoles, su  seguridad y derechos cívicos en todo el territorio nacional, de norte a sur y de este a oeste; del español, lengua común como vehículo singular de comunicación y cultura, de creación, empresa, trabajo y diversión; de la memoria compartida por generaciones; de la historia vivida de siglos, sin el sesgo de la leyenda negra; de su lugar en el mundo, físico y emocional; de los símbolos comunes, como la bandera que los secesionistas ocultan o queman y del himno que ultrajan.  

¿Cuál es el propósito de los secesionistas?

Desacreditar y dividir la Nación. Pedro Sánchez se ha revelado como el destructor de la Nación al entregarse a los secesionistas: indultos, tratos de favor, amnistía a los insurrectos y más transferencias y recursos. El proceso continúa: control nacionalista de la inmigración, un CGPJ separado, lograr una consulta o referéndum que visibilice la división de la soberanía nacional… Han logrado implantar las lenguas regionales en las Cortes y en ese invento medieval de la Conferencia de Presidentes autonómicos con pinganillos incluidos, cuando todos se entienden en la lengua común española. Ese artificio innecesario desacredita el valor comunicativo de las lenguas. Ningún español (incluidos catalanes, vascos, baleares, gallegos o valencianos) debe sentirse discriminado u ofendido por hablar o que se le hable en español porque el español es la lengua «propia» de todos ellos como de los demás españoles. Resulta patético ver a Pedro Sánchez y a José Manuel Albares como agentes, tan interesados como hipócritas, para que las lenguas regionales españolas sean oficiales en la UE. Es absurdo por innecesario, pero es el precio a pagar al socio «delincuente» que vive en Bélgica. El español es lengua oficial de la UE como lo son las demás lenguas oficiales de los países miembros, pero el inglés, el francés y el alemán en la práctica tienen un peso superior. Poco ha hecho este gobierno para promocionar el uso del español en Europa, cuando es la segunda lengua nativa más hablada del mundo después del chino.

Usted sufrió en primera persona este fanatismo…

Las regiones controladas por secesionistas, también por partidos de izquierdas como PSOE, PSC o PSPV pues operan en su marco conceptual, no se caracterizan por la igualdad y el respeto a los ciudadanos, sino por la discriminación, especialmente en lengua, cultura, vínculos sociales de identidad diferencial y obtención de cargos públicos. Tienen una fijación excluyente contra los españoles hispanohablantes. Así ha sido en Cataluña durante la etapa de Pujol con la represión; el Manifiesto de los 2.300 contra la imposición lingüística; el Programa 2000 del nacionalismo, consecuencia de las cesiones de Aznar en el Pacto del Majestic; después con el segundo Estatuto catalán en parte inconstitucional, impulsado por el tripartito presidido por socialistas (Maragall, Montilla) y el violento proceso insurreccional contra España…  En este ambiente desarrollé mi trabajo de inspector de Educación. Me impliqué profesionalmente en algunos proyectos que me encargaron, como la coordinación de la formación de directivos escolares y la coordinación y autoría de libros sobre organización escolar. Hubo intentos de asimilación que eludí. Decidí seguir con mi trabajo profesional de inspector de Educación en distintos destinos en la provincia de Barcelona hasta la jubilación. En este periodo vi desde dentro la progresiva degradación del modelo autonómico con el control nacionalista del sistema educativo en contenidos, nombramientos y cargos, así como la discriminación lingüísticocultural y el deterioro de los estándares de calidad del sistema. Sí, hubo discriminación y también la sufrieron otros compañeros, pero preferí centrarme en mi compromiso con la educación y la dedicación al trabajo profesional, aunque desarrollado en una atmósfera hostil. Internamente, en reuniones y escritos, abogué sin éxito por garantizar, al menos, el mínimo judicial del 25% de educación en español, aunque fue posible en los centros docentes de mi responsabilidad supervisora. El integrismo lingüístico ha crecido desde el proceso insurreccional y después con el gobierno de ERC (Aragonés) y ahora con el PSC (Illa). Sigue vigente la Ley 8/2022 que elimina el carácter oficial y vehicular del español en la educación catalana. El Tribunal Constitucional todavía no se ha pronunciado sobre su inconstitucionalidad.

¿El odio, o al menos la desafección, se enseña?

Los movimientos secesionistas se basan en la diferenciación radical para construir sus naciones a costa de hacer enemigos a quienes se oponen. Integra factores de identidad cultural y, en su caso, lingüístico, político y económico para acumular poder y recursos que alimenten la secesión. La diferenciación cultural y política avanza desde la antipatía, desafección y rechazo a todo lo que signifique España y español. Escala posiciones con la rabia, el odio y la enemistad cuando se sienten cuestionados llegando a episodios de violencia más o menos institucionalizada. No es generalizado, pero los líderes alimentan estas conductas directa o indirectamente. Entre 1968 y 2009, el terrorismo vasco asesinó a 853 personas, con 2632 heridos, 3500 atentados y más de 7000 víctimas. El terrorismo catalán estuvo protagonizado por Terra Lliure, entre 1978 y 1991, con atentados, una víctima mortal, heridos y daños materiales. Y, el eufemísticamente denominado Tsunami Democràtic aparece en 2019, ocupando oficinas bancarias, intentando bloquear el aeropuerto de Barcelona hasta lograr cancelar vuelos, provocando disturbios públicos y destrozos, cortando autopistas…  El avance político de estos movimientos se funda en su progresión social, por eso la propaganda sistemática, el proselitismo y el adoctrinamiento, amasados con beneficios y prebendas, son sus instrumentos imprescindibles. La educación es su campo predilecto de expansión para inocular su marco conceptual en los alumnos. Por ejemplo, las conductas de odio de los jóvenes implicados en los sabotajes de Tsunami Democràtic expresan el impacto de la influencia secesionista. La utilización del sistema educativo con fines secesionistas llegó al clímax durante el proceso insurreccional de 2017 en Cataluña. Muchos directivos escolares y docentes abdicaron de sus deberes profesionales y éticos cediendo a las pretensiones del proceso secesionista, implicando a los alumnos. Lo traté al detalle, citando multitud de casos concretos, en el libro Nacionalismo catalán y adoctrinamiento escolar. Estrategia y práctica de control social y modelaje conductual (Amarante, 2017). Sí, puedo afirmar que la desafección, el rechazo a lo español y el odio se transmiten y pueden crear aprendizajes e incluso inducir conductas inciviles, como está sucediendo.

La función clave de la inspección en Educación es la supervisión de la acción educativa y evaluación de los niveles de calidad. ¿Puede afirmar que la inspección en España no reúne estos requisitos?

En general, no reúne estos requisitos. La inspección de Educación en España no es un actor directamente implicado en la creación del valor educativo. Así lo acreditan su acción y producciones. Responde más a un modelo burocrático (despacho, papeleo) y dependiente (correa de transmisión del poder). Esto es ajeno al profesionalismo. En un mundo competitivo, España lleva perdiendo posiciones en la capacitación del capital humano con una educación instalada en la mediocridad ––vean las pruebas internacionales PISA, PIRLS, TIMSS––, pese a tener una de las tasas más altas de alumnos con educación superior, pero con baja empleabilidad (dificultad para encontrar trabajo relacionada con la formación), que obliga a muchos a marchar al extranjero. Los países líderes en Educación han demostrado que se puede lograr la excelencia educativa. Aquí ponemos parches que no pasan de la superficie. Hay que adoptar políticas mantenidas en el tiempo que modifiquen la estructura del sistema, esto es, a los factores que crean el valor educativo, acreditados por investigaciones solventes y que ya expuse, por cierto, en Los retos educativos contemporáneos. Políticas educativas para un cambio cualitativo (Círculo Rojo, 2017).

¿Qué reformas de calado precisan los próximos planes de estudio?

En España deben revisarse, en profundidad, la estructura y contenidos del sistema educativo. Las reformas deben priorizar el logro de calidad y competencia profesional de los actores del hecho educativo: docentes, directivos e inspectores. Hay una relación directa entre excelencia educativa y competencia profesional: conocimiento especializado, acción y producciones evaluadas. Respecto a la lengua está claro: el español es (debe ser) la lengua de todos los alumnos del sistema educativo español, en todas las regiones sin excepción. En el capítulo quinto de El español, lengua común, describo y caracterizo estos modelos de aprendizaje en autonomías con lengua cooficial garantes con el orden lingüístico constitucional, los derechos lingüísticos de familias y alumnos, así como con la calidad del aprendizaje lingüístico. La exclusión del español en regiones con lengua cooficial debe terminar. Es una fijación estéril que no beneficia a nadie y perjudica a todos. Los secesionistas han logrado crear un tabú con la inmersión lingüística obligatoria (en catalán) o inducida (País Vasco). El político que lo rompa abrirá vías de libertad y respeto a las personas: los alumnos de habla española tienen derecho a aprender la lectoescritura en español (etapas de educación infantil y primer ciclo de primaria); que el español sea lengua vehicular normal en la vida escolar y que las principales materias del currículum se enseñen y aprendan en español. Urge crear una ley estatal que lo garantice con sanciones administrativas, y en su caso penales, por incumplimiento. Ley con rango superior a las legislaciones autonómicas como garantía de derechos y seguridad jurídica, que evite la litigiosidad recurrente en materia lingüística.  

¿Cómo restaurar la convivencia en castellano en Cataluña? 

Con esta obra procuro contribuir a la convivencia civil no desde el sometimiento, sino desde la libertad. La verdadera convivencia sólo es posible con la reconstrucción del orden lingüístico constitucional, monolingüe en español en la mayoría de las regiones y multilingüe en regiones con lengua cooficial. Significa que hay una sola lengua común, el español, y en algunas regiones otras lenguas cooficiales, importantes, pero no preferentes, pues los españoles, en general, no tienen el deber de conocerlas ni usarlas. El desarrollo plurilingüe (bilingüismo) debe ser voluntario para los ciudadanos y progresivo, sin imposiciones en la educación. La construcción de la convivencia sobre el conflicto no es obra de la cesión a la voluntad de poder de los secesionistas, como se ha hecho y se está haciendo, sino de la verdad que procura el entendimiento sobre el deseo incivil; de la unidad lingüística del español sobre la fragmentación. 

Imagino a la lengua española como la naturaleza, autoregenerándose y curándose a sí misma. Más aún, unidos al continente americano y siendo 500 millones de hablantes. ¿Cómo ve la salud del español? ¿Es optimista?

La idea de auto-regeneración aplicada al lenguaje es interesante, porque, en parte, es natural con la coordinación cerebroglotis y, en parte, cultural con los códigos lingüísticos fónicográficos de creación humana. Pero el carácter cultural del lenguaje lo vincula a las necesidades de comunicación y desarrollo sociopolítico y cultural. La evolución de las lenguas, su emergencia, evolución y consolidación, así como su decadencia y extinción, corre pareja al devenir histórico. Pensemos, por ejemplo, en la evolución de las lenguas clásicas, griego y latín. Actualmente hay unos 7100 idiomas en el mundo, pero un 90 % de la población mundial habla menos del 3%. El español es la segunda lengua por número de hablantes nativos, después del chino, y la cuarta por potenciales usuarios después del inglés, el chino y el hindi. Dos criterios son relevantes: la extensión y la centralidad. Sobre el primero cabe decir que el español tiene una extensión excelente, especialmente en Hispanoamérica, pero tenderá a reducirse por la evolución de la natalidad. La centralidad tiene que ver con el interés por aprenderlo y usarlo como lengua de prestigio en diversos ámbitos. En el mundo globalizado actual, el inglés funciona como lengua franca mundial. La centralidad del español en el mundo dependerá del prestigio de las naciones hispanas, de su cultura literaria, musical, pero sobre todo de su peso e influencia en la investigación, tecnología, economía, comercio…

En resumen, el futuro es una realidad abierta…

Más aún en este mundo de cambios acelerados. Tenemos un activo muy importante: el español a través de sus hablantes es una realidad viva. Así ha sido a través de los siglos, desde su nacimiento en la Alta Edad Media, en las estribaciones de las montañas cantábricas hacia el sur expandiéndose por toda la península al ritmo de la Reconquista, haciendo suyos los aportes de los mozárabes y el Imperio cristianorenacentista; desde la Patagonia a California, zonas de la costa atlántica de África y del Pacífico… Su éxito tiene que ver con su eficacia comunicativa entre hablantes de otras lenguas, y lo sigue teniendo. La Hispanidad y el español tienen retos importantes manteniendo la unidad lingüística, compatible con la riqueza léxica y variedad de acentos. Su futuro como lengua global está relacionado con el prestigio internacional de sus naciones y la competencia de sus producciones en todos los ámbitos.

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