¿De qué hablamos cuando hablamos de nación española? Que existe un lugar que se llama España es innegable, por mucho que algunos se empeñen en tirar de otras fórmulas –Estado, mito, concepto…–, por no hablar de los que afirman, sin sonrojo, que España como nación no existe, incluso argumentos más disparatados. España es una historia apasionante, por ello también llena de altibajos con momentos de extraordinario florecimiento y otros de profunda decadencia. Historia de la nación española. Una huella milenaria, de Rafael Sánchez Saus (La esfera de los libros), hace un recorrido por las raíces que histórica, cultural y políticamente dotaron de una identidad a España cuyos habitantes crearon e impulsaron las bases y condiciones para su forja como nación.
Sánchez Saus es catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Cádiz. Fue rector, hoy honorario, de la Universidad CEU San Pablo de Madrid. En la actualidad es director general de la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria y de la Cátedra Alfonso X El Sabio. Ha publicado una veintena de libros entre los que podemos destacar Al-Ándalus y la Cruz y Las élites políticas bajo los Trastámara. Con un estilo limpio y ameno, que discurre como si de un viaje se tratara, ha conseguido trasladarnos no sólo una lectura grata sino categórica por la verdad que domina cada una de estas 400 páginas. Desde nuestra profunda romanización –donde se coincide en que puede estar la clave de la futura nación– hasta la Constitución de Cádiz, Sánchez Saus analiza ese devenir que ha sido la consolidación progresiva de la nación española hasta la actualidad.
Es imposible concretar el momento «aquí hay una nación española». Sí damos fe de que a partir de «cualquiera que hayan sido los rasgos de algo que haya terminado convirtiéndose en nación, España siempre los ha tenido en función de las circunstancias históricas» (lengua, solidaridad común, proyección…)
Ciertamente, los historiadores y politólogos han primado muy diversos elementos a la hora de definir qué es una nación en función de las circunstancias del momento histórico en que han escrito, inclinaciones ideológicas, etc… Pero lo cierto es que resulta imposible encontrar un rasgo definidor de la nación, desde cualquier perspectiva que se adopte, que no lo posea España o no lo tuviera de forma sobresaliente en el momento en que ese rasgo puede considerarse decisivo. Por eso, quienes niegan la existencia de la nación española no tiene más remedio que forzar extraordinariamente los argumentos o, simplemente, negar lo que las fuentes afirman a cada paso.
La idea clave es que España no sólo es una nación, sino que además posee los elementos comunes y asentados que la convierten en la más antigua de Europa. Como decía Julián Marías, «España es la supernación».
Yo no sé si la más antigua de Europa, esos debates son bastante estériles. Yo sí diría de existencia indiscutible desde hace siglos, aunque con los rasgos propios de lo que era una nación en cada momento. La continuidad histórica es un factor importantísimo y la nación española, a lo largo de los tiempos y de las formas y rasgos que ha ido adoptando, la posee en grado máximo.
Julián Marías puso de relieve que España, cuando acababa de conseguir la unidad política que la consagraba como nación, además de la histórica, poblacional y cultural que tenía de tiempo atrás, tuvo que abrirse al mundo por circunstancias azarosas como ninguna otra nación lo había hecho nunca, tanto en América como en otros muchos escenarios. Y lo hizo con éxito asombroso y sin diluirse o perder su identidad. Por eso la llama «supernación».
Lo que sí se puede afirmar es que en el siglo XV ya podemos hablar de nación cultural e histórica. Su libro busca dar a conocer, precisamente, la «conciencia histórica» en lugar de tragar con una «memoria histórica sesgada»
La nación cultural e histórica estaba formada ya antes del XV, por eso precisamente fue tan fácil e indiscutible la unidad dinástica que entonces sobrevino. Esa conciencia de una patria común, compatible con la existencia de distintas realidades políticas, de reinos diferentes que comparten una historia previa y común muy antigua y prestigiosa, fue un factor decisivo en la aspiración y la consecución de la unidad política.
¿España como realidad histórica es el resultado de la labor de sus reyes y la catolicidad?
Qué duda cabe de que el cristianismo fue durante siglos, y en alguna medida todavía, un factor muy poderoso de identidad hispana. Además, dotó de unidad espiritual y moral al pueblo español. Durante muchos siglos, ser español era sinónimo de ser católico. Esto ha dejado una enorme huella en la conciencia nacional, aunque hoy muchos españoles no se reconocen en la fe de sus ancestros. En cuanto al impacto cultural, es simplemente abrumador en cada rincón de España.
Por otra parte, en los 1600 años de existencia de poderes soberanos en España, antes fue provincia de Roma, siempre han sido monarquías excepto los menos de diez años de existencia conjunta de las dos fugaces repúblicas. ¿Cómo ser ciegos a la realidad de lo que ha supuesto la Monarquía en la vida de España y en el surgimiento de la nación? En el largo proceso de la formación territorial, poblacional y política de España que supone nuestra Edad Media, los reyes fueron absolutamente decisivos. En algún sitio he escrito que a España la hicieron sus reyes.
¿La primera unidad nos la dio Roma?
En efecto. Una personalidad en el seno de una unidad superior que era Roma, su Imperio. Pero Roma, a lo largo de los 600 años que se mantuvo en España, de los que 400 lo hizo dominando y manteniendo en paz toda la Península, labró los cimientos de la futura nación, de modo que Hispania era una realidad plenamente consolidada en el seno del Imperio cuando este entra en crisis para acabar desapareciendo. Esa personalidad era tan fuerte que los godos nunca estuvieron dispuestos a dividirla entre facciones, pese a sus conflictos internos. Ese expediente, sin embargo, fue muy común entre otros pueblos germanos y en otras zonas de Europa. Cuando san Isidoro, en su Laus Hispaniae canta las excelencias de España, la personifica en una matrona egregia. Hispania, aunque dividida administrativamente en provincias, siempre fue una y así fue imaginada en aquellos tiempos.
España, también lo sabemos, es increíblemente resistente. Sólo tenemos que repasar las condiciones adversas que nos han condicionado en cada época y que usted destacó en la presentación del libro. ¿Cuáles son los tres grandes problemas que identifica en nuestra conformación histórica?
Las grandes pruebas para la aparición, consolidación y futuro de la nación española han sido, consecutivamente, la invasión árabe, que destruye una realidad llamada a ser, con toda probabilidad, la primera de las naciones de Europa. En segundo lugar, la resistencia cristiana al Islam generó identidades particulares (Navarra, Aragón, León, Portugal, Castilla, etc…) que, pese a la gran corriente de unidad detectable desde los siglos medievales, ha generado movimientos cíclicos contra la identidad común que adquieren consistencia en algunos lugares (Aragón, Cataluña, País Vasco) ya en el siglo XVII. El reformismo borbónico corrigió en parte esa tendencia pero, aunque el XVIII fue fundamental para la consolidación de la nación española, era ya tarde para reducir particularismos que en el futuro iban a ser conceptuados como un factor debilitante del Estado nacional. Por último, las graves dificultades del periodo 1790-1840 obstaculizaron la construcción de ese Estado nacional al estilo de los que por entonces se constituyeron en casi toda Europa. El resultado final de esa evolución es el Estado de las Autonomías que, en su deriva actual, considero un auténtico peligro para el futuro de la nación española.