Ricardo Martín de Almagro: «La transición ecológica le ha costado 130.000 euros a cada europeo»

El economista ha presentado el informe «La factura de las políticas verdes. Una revisión de la implantación de las políticas para la transición ecológica»

Pedro Sánchez anunciaba la semana pasada que impulsará antes del verano una red estatal de refugios climáticos. Otro anuncio más dentro del Pacto de Estado frente a la emergencia climática. Este nuevo gasto se une a los 45 millones de euros que anunció en la reciente Cumbre del Clima COP30 y a los 1.700  millones de euros destinados, el año pasado, a la financiación climática internacional. La lucha contra el cambio climático y la transición ecológica se ha convertido en una de sus principales prioridades. Mientras, los más acérrimos defensores de esta política climática, como Bill Gates, echan marcha atrás en sus posturas medioambientales, ya no tan apocalípticas. Y, Europa ha rectificado el veto a los coches con motores de combustión. Desde 2013 hasta 2022, solamente en la Unión Europea se recaudó más de 25.700.000 millones de euros con la justificación de la transición ecológica. Supone una aportación de más de 130.000 euros per cápita. Nos preguntamos, pues, si las estrategias económicas responden realmente a un propósito ambiental o si, por el contrario, se orientan a incrementar la recaudación de impuestos. Ricardo Martin de Almagro, economista e investigador de CEU-CEFAS, acaba de presentar el informe La factura de las políticas verdes. Una revisión de la implantación de las políticas para la transición ecológica, perfecto para aclararnos estas dudas y examinar tanto postulado, especialmente cuando éstos pueden motivar políticas que terminan condicionando nuestras sociedades y nuestros bolsillos.

Parafraseando a Vargas Llosa, ¿cuándo empezó a joderse el Perú aka la economía de las políticas verdes? Recuerdo a Al Gore irrumpiendo con su «verdad incómoda» y asegurando que uno de los factores del aumento de emisiones de CO2 era la explosión demográfica. Y mire cómo estamos, la natalidad por los suelos y ningún avance en cuanto a mejoras medioambientales

Cuándo empezó a joderse el Perú… Honestamente, desde que nací sólo conozco al Perú jodido. Es un proceso que viene de lejos, tal vez incluso acompañado por cuestiones que trascienden lo medioambiental y económico y rozan materias más elevadas como la religiosa. No dejo de pensar qué gran «pecado» es decir lo más mínimo que cuestione el marco narrativo en torno al discurso verde. Tal vez la presentación de una amenaza fatal como el calentamiento global junto al plan salvífico de la descarbonización nos conduzca a un marco binario donde cuestionar dicha amenaza o salvación es una herejía imperdonable. Ante este panorama, no hay que tener miedo a debatir y apostar por construir desde la libertad, presentar argumentos y saber evadirse del ruido que se genere; especialmente cuando en virtud del chantaje apocalíptico se señala que el hombre es el problema y se justifica un antinatalismo desquiciado. Es todo lo contrario al progreso, volver a las cavernas.

EE.UU. lidera la tasa de creación de impuestos y tasas con fines ecológicos. En Europa, España ocupa la primera posición con ochenta impuestos y tasas orientadas a objetivos medioambientales. Trump ha criticado esta nefasta política climática. Y China, al fondo, contaminado más que nadie. España al unísono con China, suena a desastre

Es así. El informe parte de datos de la OCDE que vienen con cierto decalaje temporal, Trump no había vuelto todavía a la Casa Blanca. En su mano está, dentro de lo posible, tomar medidas para reducir la maraña impositiva que se apoya en conceptos ligados a la lucha contra el cambio climático. Los casos de Estados Unidos y de España también encuentran una explicación en la estructura institucional de ambas naciones, las cuales son de las más descentralizadas del mundo. Sin embargo, esto no quita que haya un amplio abanico de impuestos, tasas o cánones catalogados como «verdes» que inciden en nuestro día a día. En España, por ponerte el ejemplo que nos toca más de cerca, tenemos impuestos por los daños medioambientales causados por grandes almacenes, por bolsas de plástico de un solo uso, por las afecciones ambientales del uso del agua, por contaminación atmosférica, también sobre gases fluorados de efecto invernadero, o el flagrante caso del impuesto por la producción de combustible nuclear o el impuesto por su almacenamiento. Es una serie de ejemplos y aun así quedarían muchos más por enumerar.

Respecto a China, poco que comentar. Hay economistas, como Thomas Piketty, que justifican el mayor esfuerzo occidental porque consumimos más, lo cual conduce a estos países más contaminantes a emitir más para responder a nuestras necesidades de consumo. Es una chifladura monumental. Sin embargo, ello ha impulsado el desarrollo de energías limpias en los países occidentales. Pese a que esto no se menciona en el informe, no puedo dejar de preguntarme qué nación es la principal productora de componentes o extractora de tierras raras tan necesarias para estos nuevos modelos energéticos más limpios… ¿Nadie ha calculado todavía cuántas placas solares exporta China al resto del mundo? Será un tema a tratar en el futuro.

En ayudas y subsidios, España ocupa el segundo lugar a nivel global. Recuerdo que Sánchez, en noviembre, anunció una contribución de 45 millones de euros a la lucha contra el cambio climático. Se ha propuesto superar los 1.700 millones  de euros de 2024…

Con la cuestión de los subsidios y demás ayudas sucede igual que en el caso impositivo. Dada la estructura institucional de España, al estar tan descentralizada y tener tantas administraciones de diferente ámbito y competencia, nos encontramos con un amplio abanico de ayudas, deducciones o bonificaciones fiscales por diferentes conceptos. La política seguida por Pedro Sánchez es parte de la estrategia seguida por el conjunto de la Unión Europea, una suerte de oficialismo climático del que no se puede disentir y que además viste bien al dar discursos o al hacer ponencias. Deberíamos reflexionar sobre cómo 4.7 billones de euros se han distribuido en la Unión Europea sólo por seguir directrices surgidas del poder político, especialmente desde Bruselas. Este estudio también sirve para reflejar cómo quienes ostentan el poder en las instituciones pueden alterar por completo el mercado, haciendo que haya ganadores y perdedores por el mero hecho de obedecer lo que el oráculo dicte.

Y aquí empiezan a entrar las paradojas. Entre 2007 y 2023, el gasto en protección ambiental de los países de la Unión Europea registró un aumento del 52, 41% y, en contraste, la variación del PIB en la zona euro durante el mismo período fue del 20, 20%…

La variación del PIB en la zona euro se debe a que, tras la Gran Crisis Financiera de 2008, en Europa sufrimos una segunda crisis al tambalearse el euro debido al hundimiento de los países del sur. Ello conllevó que la economía europea se estancase durante más de una década. Cuando empezaba a remontar, Alemania mostró debilidades en su capacidad industrial (lastrada por decisiones estratégicas suicidas) y más tarde llegó la crisis desatada por la pandemia. Sin embargo, este tortuoso periplo no ha impedido que el gasto que mencionas no dejase de crecer. ¿Cómo se decide este gasto? Volvemos a lo mismo: en los parlamentos, a través de los Presupuestos Generales del Estado y demás leyes análogas. Esto nos muestra un especial interés de nuestros representantes en impulsar este sector en detrimento de otros, o en detrimento de una menor fiscalidad que ayude al ciudadano medio a prosperar.

Contra la naturaleza no se puede ir, el impacto real de la eliminación del CO2 sigue siendo incierto. Aunque EE.UU. redujera  a cero sus emisiones, el incremento de la temperatura global se reduciría únicamente en 0,11ºC para 2050  y en 0,23ºC para 2100…

Puede ser controvertido, pero me he limitado a recoger y ordenar lo que la OCDE dice de acuerdo con sus modelos climáticos. Es complejo de explicar, pero se puede resumir así: la OCDE desarrolla escenarios de variación de la temperatura global en función de dos variables, que son el grado de sensibilidad del dióxido de carbono en la temperatura y el porcentaje de reducción de dicho dióxido de carbono. La OCDE entiende que las dos zonas principales a considerar por su actividad son Estados Unidos y la Unión Europea, para los cuales desarrolla estos modelos. Dicho lo anterior, lo que recoge la OCDE es lo siguiente: dada una máxima sensibilidad del CO2 en la temperatura global, si Estados Unidos no redujese absolutamente nada el CO2 que emite, en 2100 la temperatura aumentaría 3.49ºC. En cambio, si optase por reducir el 100% del CO2 que produce, la temperatura… ¡seguiría aumentando 3.26ºC en 2100! Es decir, que 0.23ºC en 2100 es la diferencia entre el peor y el mejor de los escenarios suponiendo que el CO2 tiene una incidencia determinante para la temperatura global. Si en vez de Estados Unidos miramos a la Unión Europea, no reducir las emisiones de CO2 y reducirlas al máximo bajo este escenario de máxima sensibilidad nos llevaría a aumentos de la temperatura de 3.49ºC y 3.36ºC respectivamente, una diferencia de apenas 0.13ºC. Echando la vista atrás, y viendo cuánto está afectando a nuestro poder adquisitivo… ¿no merece una reflexión seria sobre hacia dónde vamos?

Aún tengo clavados en el alma los 130.000 euros per cápita que, leo en su informe, aportamos para la transición ecológica, y que repercute en el menguante poder adquisitivo de los hogares europeos. El tirón especulativo de las expectativas medioambientales es lo que ha inducido a alzas notables nuestra cesta de la compra  y perjudicando notablemente a agricultores y ganaderos en todo el mundo…

Lo que señalas es una parte, pero no es todo. Cuando hablamos de estos impuestos que antes mencionaba de soslayo, hay que destacar que son impuestos que el consumidor final, los hogares, no ven. Son costes que se añaden al proceso productivo encareciéndolo, haciendo que el producto que llega a tu casa lleve un precio inflado no solamente por el IVA, sino también por esta suerte de incidencia impositiva invisible que lastra nuestros bolsillos más de lo que parece. Como bien has visto en el informe, desde 2013 hasta 2022, cada europeo ha desembolsado 130.000 euros. Sin embargo, como mencionaba antes, esto se ha pasado por alto debido a que el precio del producto final que vemos no te está diciendo qué parte de éste son impuestos. Me recuerda al cobro de las nóminas, que directamente percibimos en la cuenta bancaria el salario neto, pero no vemos cuánto le costamos los trabajadores a las empresas. Otro gallo cantaría si recibiésemos el sueldo bruto y tuviésemos que pagar cada uno por nuestra cuenta los impuestos y cotizaciones correspondientes. Igual hasta el ciudadano medio se rebelaba a la más mínima. Seríamos más conscientes de este gran esfuerzo fiscal si en la factura viésemos qué proporción del precio se debe a la carga fiscal «verde» experimentada durante el proceso productivo.

Abruman las cifras y escandalizan. Hasta 2022, en Europa se recaudó más de 25.700.000 millones de euros. En septiembre anunciaba Sánchez los 1.500 millones de euros destinados a la sostenibilidad medioambiental, «que  nos va a permitir alcanzar el hito de las 0 emisiones netas en 2030». Vuelve a prometer algo incierto, pero ahí lo deja caer…

Sánchez rema a favor de la corriente de su electorado y del oficialismo climático que impera en Bruselas. Lo que prometa no me sorprende porque él quiere mejorar su imagen ante quien entiende que es su público objetivo. Creo que respecto a eso no hay duda alguna. Podremos ver la realidad si despejamos el humo creado, y esta realidad no es otra que la cifra que mencionas. De 2013 a 2022 son 25.7 billones de euros los recaudados por impuestos, tasas, cánones, etc. considerados como «verdes»; de los cuales el 60% de esta cantidad lo han aportado Alemania, Italia, Francia, Países Bajos y España. Son cifras abrumadoras, pero sólo recogen los datos que la OCDE refleja para cuantificar el compromiso de cada país respecto al plan salvífico de nuestro tiempo. Precisamente, antes leía cómo el mismísimo Bjorn Lomborg señalaba que estas políticas climáticas (que tanto inciden en la energía) están perjudicando a los más pobres porque no existe energía verde barata. ¿Hay que empobrecerse sí o sí para salvarnos? Como decía anteriormente, ¿tenemos que volver a las cavernas? Hasta Bill Gates ha cambiado su postura para decir que lo importante no es el cambio climático (ya que éste es inevitable) sino saber adaptarnos a las necesidades futuras que vendrán por estas variaciones en la temperatura. Vivimos unos tiempos tan adanistas que por momentos creemos que somos los primeros en enfrentar modificaciones del clima global. Nada más lejos de la realidad.

Habla de un consenso mediático y social que dificulta revisar el coste real de estas políticas, tanto desde el punto de vista económico como su improductividad real. Es decir, a ver quién se atreve a llevar la contraria al discurso impuesto, te cae encima una de órdago…

El objetivo del informe es, entre otros, este que señalas. Disentir y discutir, ser capaces de revisar postulados y asunciones, especialmente cuando éstos pueden motivar políticas que terminan condicionando nuestras sociedades. Se esgrime la «ciencia» como argumento para invalidar automáticamente lo más mínimo que se cuestione. «La ciencia ha demostrado que tal» o «la ciencia dice que cual». Por favor, no caigamos en trampas absurdas. La ciencia se revisa a sí misma permanentemente para ver si sus métodos, teorías e hipótesis son los más precisos. Proponer estas revisiones no es otra cosa que fortalecer el método científico para llegar a conclusiones más sólidas que las previas. Si, en el mejor de los casos, la temperatura va a seguir igualmente creciendo más de 3ºC en 2100… no pasa nada por levantar la mano y preguntar si es correcta la hoja de ruta que nuestros representantes han tomado.

Sánchez acaba de anunciar, entre otras medidas, la creación de «refugios climáticos», que con la perversión del lenguaje suena como de apocalipsis. Toda la vida fueron las plazas de los pueblos y sus árboles o las acequias en la huerta. Ahora se dedican a talar árboles en las ciudades y a enlosar. Es todo incongruente…

No sabía que lo había anunciado. Cuando se hacen este tipo de anuncios, lo que hay que hacer es estar pendientes del BOE para ver quién se lleva las licitaciones para construir estos «refugios». La actualidad nos demuestra que toda esta palabrería termina por tener beneficiarios que juegan con normas diferentes a la del resto de los mortales. ¿Es incongruente? Sí, pero en tiempos de fanatismo tampoco podemos pedir mucho sentido común. Como decía antes, somos una sociedad tan soberbia que hacemos del adanismo nuestra bandera.

Otra perla que soltó Sánchez fue esta frase refiriéndose a la continuidad de los coches eléctricos: «Rechazamos que los vehículos con motor de combustión u otras tecnologías sin viabilidad probada…». Está consiguiendo que digamos adiós a la industria automovilística, cuando éramos una de las más punteras

No puedo dejar de ver en clave electoral todo lo que diga nuestro presidente. En mi caso particular, no tengo nada en contra del coche eléctrico. Si la gente puede y quiere comprárselo, adelante. Con lo que no estoy de acuerdo es con la imposición de una tipología de vehículos en detrimento de otra. Dejadnos elegir lo que consideremos conveniente para desarrollar nuestras vidas. No hay nada más nocivo que el paternalismo estatal, esos políticos subidos a altares mediáticos para decirnos cómo debemos vivir, legislando para que pasemos por el aro. Déjennos en paz.

A la luz de los datos, me pregunto si las estrategias responden realmente a un propósito ambiental o si, por el contrario, se orientan a incrementar la recaudación de impuestos… Por cierto, ¿ve esperanza en el futuro?

Habrá políticos que piensen que el propósito es medioambiental y habrá políticos que sepan que el medioambiente es la excusa para recaudar más y de manera silenciosa. Dicho esto, ¿esperanza en el futuro? Por supuesto. Hay muchos motivos para tenerla y vivir alegremente. Las tendencias sociales cambian y el futuro está por escribirse. Mientras este futuro llega, paciencia, valentía y constancia.

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