Sobre esmeraldas, zafiros, perlas y rubíes

Entrevista con Óscar Martínez, autor de «El jardín mineral» (Siruela), sobre el papel de gemas y piedras preciosas en el arte y la cultura

Esta belleza literaria aspira a encontrar ojos que descubran el brillo que ha intentado ocultar entre sus párrafos su autor, Óscar Martínez, doctor en Bellas Artes y profesor de Historia del Arte en la EASD de Valencia. El jardín mineral (Siruela) es el brillo y color que emana de las perlas y los rubíes, de los zafiros  y los corales, de las esmeraldas y los diamantes. Pero no sólo eso. Este ensayo nos invita a descubrir sus simbolismos y su papel en el arte y la cultura. Una especie de «lapidario moderno», en cuanto a «texto que tiene a los minerales y las piedras en el centro de su universo y ofrece, como hacen las propias gemas con sus múltiples facetas, un acercamiento multidisciplinar, variado, heterodoxo y plural». Óscar Martínez, tras los fascinantes Umbrales. Un viaje por la cultura occidental a través de sus puertas y El eco pintado, también con el sello Siruela, nos abre las puertas a la Historia para no olvidar quiénes somos y quiénes fueron aquellos antepasados que dejaron su rastro de ingenio y vivencias a través de las piedras preciosas.

Cuenta que sus padres le regalaron de niño una colección de minerales. Vaya diferencia aquellos juegos de antes (Química, Geología…) que despertaban los sentidos. Ahora los niños no salen de las pantallas, no investigan, no tocan tierra, agua…

Sin querer caer en la tentación del «cualquier tiempo pasado fue mejor», sí que creo que se ha producido un cambio fundamental de paradigma como en pocas ocasiones ha ocurrido en la historia. La irrupción del mundo digital ha supuesto un terremoto cuyas ondas sísmicas todavía no han mostrado todo su impacto. Y sí, desde ese punto de vista, los juegos y el tiempo libre de hace cuarenta años —cuando mis padres me regalaron aquella primera amatista— poco tienen que ver con el de ahora. Además, yo tuve la inmensa suerte de crecer en un pequeño pueblo, rodeado de naturaleza y de pocas normas (o tan sólo las necesarias). De allí, de aquellos años, proviene mi amor por la naturaleza y la historia, por el arte y las gemas, por todos los tesoros que el mundo esconde.

Nos anima a que entre en juego nuestra curiosidad, mantener la capacidad de asombro, emocionarnos… En unos casos será con melodías, en otras con el color, texturas…

La capacidad de asombro es una de las herramientas más poderosas que posee el ser humano y, gracias a ella, en unos cientos de miles de años hemos pasado de las cavernas a explorar las galaxias. Esa curiosidad innata de nuestra especie se encuentra si cabe más condensada en la infancia, ese periodo maravilloso en el que cualquier cosa nos maravilla. Es imposible mantener esa fascinación por lo nuevo que embarga a un bebé o a un niño, pero, en lo posible, deberíamos hacer todo lo posible por no perder del todo la capacidad de entusiasmarnos por lo que nos rodea. En mi caso, persigo, busco y ansío esas experiencias y momentos. A veces el asombro aparece en un viaje, en otras ocasiones durante la lectura de un texto o frente a un cuadro, pero siempre está imbuido de una energía casi mágica que, dentro de lo posible, intento revivir y transmitir en mis libros.

Vivimos en un mundo obsesionado con la utilidad, la tecnología, lo instantáneo, pero ¿por qué olvidar el observar, comprender…? Usted está a favor de los saberes, mal llamados, inútiles… 

No sólo yo, sino mucha más gente más importante y relevante que yo. Nuccio Ordine con su célebre ensayo La utilidad de lo inútil o Irene Vallejo en El infinito en un junco, por poner sólo dos ejemplos muy recientes, han reflexionado sobre este tema. Vuelvo a intentar no caer en el error de considerar cualquier pasado como mejor, pero a veces sí que es imprescindible mirar atrás para conocer posibles horizontes de futuro. Durante siglos, lo que hoy llamamos ciencia y la filosofía estuvieron unidas. Con todas sus carencias, la biología, la medicina o la astronomía de la Antigüedad y la Edad Media estaban en las manos de estudiosos que también se consideraban filósofos. Personajes como Aristóteles, Avicena o Roger Bacon sabían que no podemos enfrentarnos a la comprensión de los misterios del macro y del microcosmos sin el sustento y el apoyo de los saberes humanísticos.

Al igual que ante las puertas de las que habla en su maravilloso Umbrales nos enfrentamos desde el exterior, a usted le gusta invitarnos a enfrentarnos mejor desde el interior. Ahí surge la magia, la textura…  

En mis libros transito por temas que ya han sido tratados, como no podía ser menos. Considero casi imposible ofrecer algo en verdad original, pero al mismo tiempo creo que sí pueden rastrearse nuevos enfoques para iluminar algunos aspectos de la cultura o del arte bajo una mirada ligeramente distinta. Eso intenté en Umbrales con la arquitectura al detenerme en las puertas de los edificios, un elemento que quizás no había recibido la atención que merecía, o al dedicar todo un libro como El eco pintado a los elementos metaartísticos de algunas obras de arte. Ahora, con El jardín mineral hago algo similar al buscar un punto de vista híbrido para acercarme a unos elementos como son las gemas y las piedras preciosas.

¿Qué es El jardín mineral? ¿Anhela parecerse a los minerales que describe con sus multifacetas, una especie de lapidario?

Como indico en la introducción, El jardín mineral es un texto híbrido. También afirmo que podría ser calificado como una especie de «lapidario moderno», en el sentido de que es un texto que tiene a los minerales y las piedras en el centro de su universo —como ocurría con los lapidarios medievales—, pero no es un lapidario al uso, o al uso de aquellos textos. Los llamados lapidarios de la Edad Media solían tener cada uno un enfoque muy determinado al enfrentarse a las gemas: algunos las relacionaban con la taumaturgia y la protección frente a enfermedades y maleficios; otros las conectaban con los saberes astrológicos del zodiaco; y algunos se detenían en cuestiones más poéticas y literarias. ¿Qué pretende por su parte El jardín mineral? Ofrecer, como hacen las propias gemas con sus múltiples facetas, un acercamiento multidisciplinar, variado, heterodoxo y plural.

Comienza por la perla, que son las que reinan. ¿Qué hay detrás del hechizo que acoge a estas pequeñas esferas?

Las perlas han sido, durante milenios, las verdaderas reinas de la orfebrería y la joyería por varios motivos. Su forma esférica las acercaba a la idea de perfección que subyace en esa figura geométrica, mientras que su color blanco las relacionaba con la pureza, la verdad y el concepto de ideal. Además, y no menos importante, su escasez extraordinaria y lo exótico de su origen —esos mares del Sur a los que tantos textos de aventuras volverán una y otra vez— las hacían muy codiciadas por los poderosos. Tenerlas era poseer pequeñas lunas brillantes y esféricas, y poseerlas en gran número mostraba una riqueza y un poder inigualables.

Antes de que se establecieran rutas como la de la seda ya existía una ruta del ámbar…   

En efecto. El ámbar fue una de las primeras sustancias lujosas con las que se comerció, quizás sólo superada por el polvo de ocre rojizo con el que el ser humano lleva cubriendo a sus muertos desde hace centenares de miles de años. Sin llegar a los niveles de la perla, el ámbar poseía también una serie de elementos que lo hacían muy apreciado: sus orígenes lejanos, en este caso en las frías aguas del mar Báltico; un color dorado que lo hizo ser conocido como «el oro del norte»; un relato mitológico que lo relacionaba con el dios Sol Helios/Apolo y con una historia dramática; e incluso su especial capacidad para «imbuirse» de lo que hoy sabemos que es electricidad estática, pero que, en aquellos tiempos, era visto como un fenómeno que rozaba lo mágico. De hecho, no hay que olvidar que nuestra palabra para esa energía proviene del término griego para ámbar —elektro—.

La amatista guarda un gran significado para usted. La relacionaban los griegos con la sobriedad y en la Antigüedad se tallaron vasos y copas para no caer en la ebriedad. Sin olvidar los anillos que adornaban a obispos y cardenales…

Como bien comenta, la amatista es una piedra central en mi relación con las gemas y, por ello, también ocupa un lugar central en el libro. Aunque a día de hoy sea muy común después de que hace décadas se descubrieran ingentes depósitos en Brasil, durante siglos fue una de las gemas más apreciadas, tanto por su dureza, sus facetas cristalinas y, sobre todo, su color. El violeta es uno de los tonos menos comunes en la naturaleza y, por ello, ha sido siempre relacionado con elementos de gran potencia simbólica. La conexión más directa fue con el vino tinto y, de ahí, su nombre —améthystos significa no borracho, sobrio— y su aparición en el contexto de los banquetes, los simposios y el consumo controlado de alcohol.

El autor, Óscar Martínez (fotografía de Juan Prats)

Su experiencia con un reactor nuclear explica mucho sobre el color azul. Casi siempre tenemos la sensación de que la materia es sólida, estática e impenetrable, pero el color del zafiro depende de un movimiento incesante como una danza atómica…

En mis libros me gusta introducir elementos de otros campos que pudieran parecer ajenos al del arte. Es el caso del capítulo dedicado al zafiro y a la explicación física de su tono azulado. Por cuestiones familiares he vivido muy cerca de una central nuclear y he podido trabajar hasta en dos ocasiones en una de ellas, teniendo la fortuna de contemplar un fenómeno llamado efecto Cherenkov, el cual se produce en un reactor nuclear parado o en las piscinas de almacenamiento de combustible nuclear gastado. Este efecto ofrece una luz azulada de extraordinaria belleza cuya explicación física creí que podía relacionar con el porqué del brillo azulado de los zafiros, estableciendo así ese nexo entre arte y ciencia, cultura y alta tecnología.

Empezó a escribir El jardín mineral por la esmeralda…

Este libro es un texto en el cual el color y su simbolismo son absolutamente fundamentales. Ocurre con todas las gemas, pero quizás con la esmeralda esa conexión es más directa y evidente, pues su verde lo asociamos con lo selvático y lo vegetal. Y de una selva como la colombiana acabaron por provenir las esmeraldas que, desde el siglo XVI, colmaron las joyas y las coronas de medio mundo. Sin embargo, más allá de cuestiones relacionadas con la historia o la orfebrería, en capítulos como el de la esmeralda me gusta detenerme en la potencia simbólica de un color como el verde, un color ambivalente: color de vida, pero al mismo tiempo de veneno, de rejuvenecimiento y de enfermedad. Esos simbolismos contradictorios me resultan muy atractivos y el libro está trufado de muchos de ellos.

La historia de España posee numerosas historias que acogen piedras preciosas como la del Tesoro de Recesvinto

Como bien comenta, en el libro cito algunas gemas míticas como la perla Peregrina o el diamante El Estanque, que juntos formaban una de las joyas más importantes de toda Europa: el joyel rico de los Austrias. Sin embargo, buscando de nuevo una cierta novedad, decidí dedicarle buena parte de un capítulo a la corona de Recesvinto, pues además de ser una pieza de orfebrería absolutamente excepcional y única, su historia desde su descubrimiento en el siglo XIX es digna de una novela. Y dado que no soy novelista y que no seré yo quien escriba ese libro, sí he querido que formara parte de este como uno de sus capítulos más sugerentes.

El rey Felipe VI regaló un impresionante ópalo negro engarzado en una sortija a Letizia cuando cumplió 31 años. Nombra varios cuadros de reyes que impresionan por sus joyas, ¿destacaría alguno en especial?

Más que un rey en concreto, si ahora mismo tuviera que responder a esta pregunta me decantaría por el Dios Padre que aparece en el centro del Retablo del Cordero Místico de Jan van Eyck conservado en la catedral de San Bavón en Gante, Bélgica. Lo vi hace tiempo antes de que comenzar un ambicioso proyecto de restauración integral que, desde hace algunos años, está devolviendo a este políptico su esplendor original. En la corona y las joyas de este personaje aparecen diamantes, rubíes, zafiros y perlas, todos ellos enmarcados y engastados en coronas y joyas del más brillante oro. Estoy deseando que termine la restauración para poder volver a Gante a disfrutar de esta maravilla.

Es de agradecer el uso que hace de la etimología. Ese paseo por el origen de las palabras, ahora que las Humanidades están desterradas en Educación, es una maravilla

Una de las partes que más satisfacciones me ha deparado al escribir el libro ha sido precisamente la de la etimología. Ya desde el comienzo del proyecto decidí incluir estas pequeñas explicaciones porque me parece que el origen de las palabras es capaz de abrirnos mundos enteros de significados y explicaciones. Conocer algo de etimología es una herramienta maravillosa para enfrentarnos al lenguaje y los ejemplos en el libro son abundantes. Desde la ya comentada sobre el término griego para ámbar hasta la del rubí, no por conocida menos sugerente, sería difícil quedarme con una sola. Animo al lector a descubrirlas paseándose por las páginas de este jardín mineral.

(Ilustración: detalle de la Cruz de Lotario, alrededor del año mil, hecha de oro y plata con 102 gemas y 35 perlas)

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