Hoy es una sombra nostálgica de la música italiana. Pero fue uno de los grandes compositores e intérpretes de la modernización de la música pop italiana de comienzos de los años 60. Dos de sus canciones pueden considerarse como clásicos imperecederos. Su versión de Sapore di sale sigue siendo inimitable. Nunca superada por versiones posteriores de Gino Paoli. La razón es la orquestación percutiente que dramatiza el tema veraniego escrito por Gino Paoli. Esa razón no es otra que el arreglista que por entonces contaba la casa discográfica RCA Italiana, el músico Ennio Morricone, que orquestó esta insuperable versión de Sapore di sale y otros éxitos de Gino Paoli.
El tema Sapore di sale se inscribe en la por entonces naciente canción veraniega. La novedad que Gino Paoli plantea es narrativo: la canción es circular: el tiempo ha pasado de forma perezosa pero irremediable, dejándole en «la boca el gusto de la sal, el sabor a mar, el sabor a ti.» Pero la estrofa que pone en escena la nostalgia de lo perdido, el recuerdo del verano en la playa juntos, es la inicial: «Sapore di sale, sapore di mare / Un gusto un po’amaro di cose perdute / Di cose lasciate lontano da noi / Dove il mondo è diverso, diverso da qui».

Los iniciales años 60 son de un extraordinario éxito tanto de Gino Paoli como de los renovadores de la canción pop italiana, los llamados «urlatori»: Mina y Celentano. Cantantes que desafían la típica canción popular anclada en lo melódico con gritones temas de rock´n´roll.
Sin embargo, todo cambiará en pocos años cuando los «urlatori» se moderen y acepten cantar canciones melódicas, comenzando con la canción que convirtió a Gino Paoli en uno de los más relevante y exitosos de Italia, con proyección internacional, Il cielo in una stanza, cantada por Mina. Una versión que hacía vibrar la apagada versión de Gino Paoli.

La interpretación de Mina de Il cielo in una stanza es tan delicada que hace que la estancia, que según el compositor no era otra que un burdel por su techo violeta, típico de las casa de cintas de aquellos años, se transforma en árboles infinitos, «Quando sei qui con me/ Questa stanza non ha più pareti / Ma alberi, alberi infiniti/ Quando sei qui vicino a me», el techo violeta en un radiante cielo azul y una sencilla armónica en un órgano que vibra «Su nell’immensità del cielo. Per te, per me: Nel cielo».
Esta canción sonaba al final de la desasosegante La chica con la maleta (1961), de Valerio Zurlini, cuando Claudia Cardinale se abandona en la playa, y suena en contrapunto la desgarrada voz de Mina cantando Il cielo in una stanza.

En verdad, la canción de Paoli estaba dedicada de forma secreta a su amor imposible Ornella Vanoni. Fue tan intenso el amor del apasionado Gino Paoli por Ornella Vanoni, ambos tenían 29 años, que después de escribir Senza fine, también dedicada a ella, se pegó un tiro en el corazón, pero logró salir del trance de milagro. Lo mismo hizo su compañero y gran compositor Luigi Tenco al no admitir el jurado de San Remo su canción Ciao amore, ciao, que iban a cantar a dúo con su amante Dalida. Se pegó un tiro en el hotel cuando comenzaba el Festival.

Gino Paoli es uno de los modernizadores de la canción ligera italiana, con sus letras poéticas pero cercanas al habla popular. El éxito nacional e internacional de estas canciones tuvieron dos polos promocionales: el exterior, en numerosas películas de los jóvenes realizadores incluyeron las canciones más relevantes de la discografía moderna pop, y la interior, con las giras por Italia de los cantantes, Rita Pavone, Emilio Pericoli, Edoardo Vianello, Nico Fidenco y Gino Paoli en El Cantagiro y Una canzone por l´estate. Además de numerosas películas, a imitación del cine americano, que servían de promoción a los cantantes de moda. Eran los llamados «musicarelli»: Urlatori alla sbarra (1960), con Mina y Celentano; In ginocchio da te (1964), melodrama con Gianni Morandi, como Una lacrima sul viso (1964) de Bobby Solo, derrotada en San Remo pero que vendió sólo en Italia un millón de copias. Además de las dedicadas a Rita Pavone, que tenía como letrista a Lina Wertmüller y de director de orquesta a Ennio Morricone.
Gino Paoli nació en 1934 en Monfalcone, pueblecito cercano a Trieste, pero su familia se trasladó a Génova siendo niño. Allí montó su primer grupo formado por los componentes de la llamada «Escuela genovesa», formada por Paoli, Luigi Tengo y Bruno Lauzi, famoso además como letrista de canciones como L´appuntamento, que Ornella Vanoni le dedicaba a Gino Paoli. En la versión italiana de Sentado à beira do caminho, de Roberto Carlos, cantaba: «Amore è già tardi e non resisto / Se tu non arrivi non esisto / Non esisto, non esisto».
Estuvo casado dos veces y mantuvo una relación extramatrimonial con una jovencísima Stefania Sandrelli con 15 años, con la que tuvo una hija, Amanda. Tras numerosas peleas y reconciliaciones, finalmente consiguió reunirse con Ornella Vanoni y en 1985 hicieron juntos una gira por Italia cantando por primera vez Senza fine: «Senza fine, tu sei un attimo senza fine/ Non hai ieri/ Non hai domani». La muerte de la cantante en 2025, también a los 91 años, como Gino Paoli, fue un mazazo para el cantante.
Gino Paoli nunca recuperó la magia de los iniciales años 60. Grabó numerosos discos sin excesiva repercusión. En 1974, le dedicó un disco a Joan Manuel Serrat, traduciendo algunas de sus mejores canciones, entre ellas Mediterráneo y La donna che amo. Y se dedicó a promocionar a cantantes como Lucio Dalla y Fabrizio de André.

En 1987 Paoli se presentó a las elecciones en las listas del Partido Comunista Italiano siendo elegido diputado, formando parte de grupo parlamentario de Sinistra Indipendente. En 1992, abandonó la política.
Con su muerte, algunas de sus más conocidas canciones han vuelto por unos días a sonar como vestigios de un ayer nostálgico. Quizá sería conveniente recordar varias canciones de amor realmente hermosas: Basta chiudere Gli occhi y en especial Che cosa c´è, en la que se pregunta qué hace que te enamores: «Che cosa c’è/ C’è che mi sono innamorato di te/ C’è che ti voglio tanto bene/ Che il mondo mi appartiene/ Il mondo mio che è fatto solo di te».