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En busca de la prevalencia de los idiotas (XXV): entre grupo de amigos y club social

La amistad verdadera siempre es aventura, exploración del misterio de la vida, búsqueda; se asemeja mucho a un club, a la hetaireía griega

    Ya hemos dicho y demostrado en anteriores entregas que los partidos políticos no sólo no existieron en la Democracia Ateniense, sino que además quedaron prohibidos cuando grupos oligárquicos, tanto en el 411 a. C. como en el 404, intentaron desvirtuar el sentido último de la Democracia. Pero siempre hubo grupos, las famosas “hetaireíai”, perfectamente estudiadas por Olivier Aurenche en su gran obra de 1974, en la que estudia con profundidad tres hetaireiai en concreto, aquellas de las que eran miembros Alcibíades, Leógoras y Teucro respectivamente. Hetaireíai de finales del siglo V que consigue reconstruir. Una hetaireía o hetairikón era un club formado con fines sociales más que políticos. Los miembros eran de la misma edad y estatus (en su mayoría jóvenes y de clase alta, aunque también había pandillas de mayores). Los clubes eran privados y, a menudo, secretos. Un club tenía entre veinte y treinta miembros – el más numeroso, estudiado por Aurenche tenía 31 miembros -, y se reunían en sus propias casas o en los alrededores. La ocasión más propicia para las reuniones era una fiesta o simposio, pero los miembros de una hetaireía tendían a apoyarse unos a otros en todos los aspectos de la vida. Solían ser amigos íntimos y leales; en griego, phíloi. Su apoyo mutuo se ha demostrado sobre todo en los juicios. La mayoría de los rhêtores, como casi todos los ciudadanos atenienses con posibles para divertirse de vez en cuando con los amigos, probablemente eran miembros de una u otra hetaireía, y la membresía de un líder político importante abría la perspectiva de transformar el grupo también en un club político que apoyara al líder político y llevara su nombre. Lo mismo ocurría con un poeta trágico o un escultor relevantes. Lo vemos claramente en las vidas de Plutarco. En las fuentes a esta forma de club político se la llama mayoritariamente “los seguidores de Pisandro” o “los seguidores de Trasíbulo, Ésimo y Anito”. El modismo griego es “hoi perì” (o) “hoi amphí Peisandron”, etc. Había muchas hetaireíai y un hombre podía unirse a más de una. La membresía de varias hetaireíai pudo a la vez allanar el camino para la formación de coaliciones entre las hetaireíai. Pero hay que indicar que todas tenían un perfil muy singular, con sus propias fiestas y ritos, y no deja de ser raro que un “idiôtês” pudiera pertenecer a varias. De hecho, siempre pertenecería a una sola en sentido estricto, aunque ocasionalmente participase del jolgorio y la fiesta de otras. La fuerza unificadora no era ni una ideología ni un programa político, sino relaciones personales basadas en vínculos familiares, matrimonios e influencia regional. Comer, beber y charlar de lo humano y lo divino, criticando con dureza a los prohombres de la ciudad, eran la argamasa de la hetiareía. La piedra angular era la philía, la amistad, el regalo más grande que nos han dado los dioses, a juicio de Aristóteles, y para entender la política ateniense hay que entender la amistad ateniense. Cada hetaireía individual pudo haber sido una organización razonablemente estable, pero las coaliciones eran flexibles y estaban sujetas a cambios rápidos. Según este modelo, la política ateniense sólo aparentemente se determinaba en la ekklêsía después de un debate y una votación del pueblo. En realidad, las iniciativas quedaban en manos de varios rhêtores pertenecientes a dos, tres o cuatro coaliciones. Una coalición estaba compuesta por una serie de hetaireíai y otros pequeños grupos similares, cada uno de los cuales estaba formado por un líder político y sus seguidores. Cuando se combinaban, el número de seguidores era a veces tan grande que una coalición podía controlar a la mayoría. La rivalidad entre los grupos giró en torno a la política de poder y regularmente no estaban en desacuerdo en política exterior o cuestiones constitucionales. Este análisis es muy sugerente y puede que haya algo de verdad en él, pero ciertamente también tiene sus limitaciones. Se basa en fuentes que describen la Atenas del siglo V y aún no se ha aplicado a la época de Demóstenes, aunque sabemos mucho más sobre la toma de decisiones en la Atenas en el período 355-322 a. C. Las principales fuentes que respaldan el modelo son las Vidas de Plutarco y la evidencia que tenemos sobre las revoluciones oligárquicas de 411 y 404. Finalmente, el modelo se inspira en el análisis predominante de la política romana en el siglo I a.C., aunque la Atenas clásica y la Roma republicana tardía tienen muy poco en común, salvo en la tajante división de los tres poderes del Estado.

     Los estudiosos de la historia de la república romana han sugerido que «el antiguo sustituto romano del partido es la ‘amicitia’, la amistad» ( vid. Lilly Ross Taylor, Party Politics in the Age of Caesar, 1966 ). Ahora bien, la palabra griega para “amicitia” es “philía”, y especialmente entre los historiadores americanos de la última generación se ha puesto de moda trasladar el modelo romano a la política ateniense. El problema es que las pruebas que realmente respaldan el modelo provienen de Plutarco, que vivió en Beocia, no lejos de Atenas, pero en el siglo II d.C., cuando Grecia era parte ya del imperio romano. Si acudimos a las fuentes contemporáneas encontramos discusiones filosóficas sobre la philía en Platón, Jenofonte y Aristóteles; pero los historiadores y los oradores no nos dan razones para creer que la philía fuera un concepto político importante, a menos que nos desviemos y afirmemos que philoi, amigos, son lo mismo que hetairoí, camaradas, de quienes sabemos que formaron grupos políticos, id est, hetaireíai. Pero entonces tenemos que afrontar otro problema: el modelo basado en las hetaireíai se aplica sobre todo a la historia de Atenas en la década 413-403. De él disponemos de excelentes fuentes como Tucídides o Lisias. Pero, ¿es permisible proyectar el modelo hacia atrás, al período de Clístenes a Pericles y hacia adelante, hasta la época de Demóstenes? ¿No es arriesgado utilizar lo que sabemos sobre las revoluciones oligárquicas como base para un análisis de la política ateniense en otros períodos en los que las instituciones democráticas funcionaban mejor y no estaban amenazadas por facciones y conspiraciones oligárquicas? Además, para el siglo V antes de la guerra del Peloponeso, ¡la fuente principal es Plutarco! Sin embargo, existen algunas fuentes más fiables que pueden respaldar una proyección del modelo hasta el período arcaico tardío y el clásico temprano. Herodoto 5.71, por ejemplo, conecta las hetaireíai con la conspiración de Cilón en la segunda mitad del siglo VII, y Aristóteles, “Athenaíôn Politeía”, 20.1 ( cfr. etiam Herodoto 5.66.2 ) se refiere a hetaireíai en su relato de la lucha entre Iságoras y Clístenes tras la expulsión de los tiranos en el año 510. Para el siglo IV el problema es diferente, pero no menos inquietante. Disponemos de numerosas fuentes referentes a las hetaireíai, aunque, a diferencia de la década 413-403, ya no hay ningún indicio de que las hetaireíai fueran clubes políticos y columna vertebral de los grupos políticos. Además, los lazos familiares, la amistad y la influencia regional eran sin duda factores importantes y sería erróneo suponer que la formación de grupos se basaba en ideologías o programas, y no en la amistad como principal vínculo. Sin embargo, vale la pena recordar que la mejor evidencia que tenemos sobre los grupos políticos se relaciona con las revoluciones de 411 y 404, cuando la cuestión era si Atenas iba a ser una democracia o una oligarquía. De manera similar, en la «Constitución de Atenas» el análisis de los grupos políticos del siglo V se centra en cuestiones constitucionales; y en la época de Demóstenes la controversia política mejor atestiguada es la oposición entre líderes políticos promacedonios y antimacedonios (vid. v.gr. Aristóteles, Athenaíôn Politeía, 28. Los partidarios de Filipo («hoi philippizontes») se mencionan en Demóstenes 18.176, y Esquines 3.130 ).

    En la partidocracia actual no se entra en los partidos para hacer amigos, sino muy por el contrario para ascender en la nomenclatura a base de calumniar y aplastar a los que aspiran a los mismos cargos. Afiliado y amigo son conceptos que la experiencia ha hecho incompatibles. No se puede ser amigo de quien dudas que te arrebatará tu aspiración, y la duda envenena la amistad y la contamina. Más aún, en nuestro convento de ursulinas de la Agenda 20-30, que es nuestra sociedad, la amistad se pone de manifiesto como un anacronismo, más aún, como un estado de injusticia, al preferir más la felicidad de unos que de otros. El amigo se ilumina al encontrarnos y sonríe porque está feliz al vernos. La amistad verdadera siempre es aventura, exploración de los misterios de la vida, búsqueda. En realidad, la compañía amistosa se asemeja mucho a un club, a la hetaireía griega. Se podría decir inclusive que su estructura es la de una reunión social, pero congelada, embalsamada, inmutable. La amistad toma partido por el individuo en contra de la colectividad, por eso la Agenda 20-30 la persigue con todas sus fuerzas. La amistad es una isla ética, en donde se come, se bebe, se ríe, se disfruta, te expresas como eres y se te quiere, en un mundo exterior carente de moral y en el que todos están en guerra contra todos.

    Resumiendo, las fuentes muestran que los líderes políticos del siglo IV cooperaron y tendieron a formar pequeños grupos políticos; pero es difícil obtener una imagen clara del carácter y organización de estos grupos. Ahora bien, ¿los ciudadanos comunes (idiôtai), que votaban en la ekklêsía, tendieron a seguir a un líder particular y a formar un grupo político más grande pero poco organizado? Según el modelo que hemos esbozado anteriormente, normalmente se supone que una coalición de grupos políticos más pequeños podría influir en tantos ciudadanos que controlaría una mayoría, y también se supone que un rhêtôr líder podría ganarse durante algún tiempo la lealtad de un gran número de los ciudadanos. Sobre los presuntos partidos nos dice el gran Víctor Ehrenberg: “No había partidos en nada parecido al sentido moderno, ni entre los políticos ni entre el público en general. En un extremo de la escala había grupos o camarillas entre los políticos, y en el otro extremo había una amplia distinción de perspectivas entre las clases propietarias y los pobres». ¿Qué se puede encontrar en las fuentes? Casi nada, salvo algún ejemplo: Después de la batalla de las Arginusas en 406, los seguidores de Terámenes estaban ansiosos por que los generales fueran condenados por no haber rescatado a los atenienses supervivientes de las trirremes naufragadas durante la batalla. Las fiestas de las Apatourías, realizadas en el mes de Boedromión, entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, y en las que todos los ciudadanos registraban a sus hijos en las fratrías, se realizaron poco antes de la sesión decisiva de la ekklêsía, y en ellas latía angustiosamente, como una atmósfera plúmbea, la tragedia reciente. Los seguidores de Terámenes se acercaban a todos los que estaban vestidos de negro y con el pelo cortado, y los animaban a asistir a la próxima ekklêsía y a votar en contra de los generales responsables de la muerte de sus hijos, maridos o hermanos. Es evidente que con ello los seguidores de Terámenes influyeron en los familiares de los muertos en la batalla, pero no presionaron a sus partidarios habituales (vid. Jenofonte, Helénicas 1.7.8). Consiguieron, por cierto, su objetivo de masacrar a la mayor parte de los generales, algunos de ellos absolutamente inocentes.

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