Estados Unidos: tierra por plata o plomo

Groenlandia es el nuevo escenario de la expansión del Tío Sam

En uno de sus rasgos de ironía, Julio Camba propuso un concurso internacional para poner nombre a Estados Unidos de América, ya que más que nombre propio es descripción. Esa indefinición, buscada desde la fundación del país, pretende que los Estados Unidos están abiertos a la incorporación de nuevos pueblos (con la excepción de los nativos, que sólo recibieron la nacionalidad en 1924), porque encarnan un proyecto de libertad para todos los seres humanos.

Sólo otro país adoptó una “fuerza vital” igual de universalista en lo ideológico y expansiva en lo territorial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, constituida en 1922 y disuelta en 1991. Las demás naciones, desde China a Alemania, en algún momento de su crecimiento renunciaron a absorber nuevas poblaciones y prefirieron gobernarlas mediante alianzas con los gobernantes locales u ocupaciones.

Otra diferencia con los anteriores imperios, consiste en que, impulsado por su “destino manifiesto” y de acuerdo con su mentalidad capitalista y mercantil, Estados Unidos ha crecido más gracias a sus dólares que a sus soldados, aunque no ha renunciado a la guerra.

El general Patton desnudó los discursos pacifistas, como está haciendo Trump con las invocaciones al “orden basado en reglas”, al decir a sus soldados en vísperas del Desembarco de Normandía: “A los americanos por tradición nos encanta combatir, todo verdadero americano ama el acicate de la lucha”.

La nevera de Groenlandia es el nuevo escenario en el que Estados Unidos recurre al plomo o a la plata, para seguir creciendo como (así se ven sus ciudadanos) un gigante benéfico y magnánimo para el resto de la humanidad.

LAS FASES DE LA EXPANSIÓN

  • La Luisiana

La primera de esta serie de compras fue la del inmenso y despoblado territorio de la Luisiana, que se extendía desde Nueva Orleans al Canadá. Era una colonia que Francia cedió a España en 1762 en compensación por otras pérdidas territoriales sufridas en la guerra de los Siete Años. Durante unos 40 años, el Imperio español trató de colonizarla y de detener la penetración de ciudadanos de EEUU hacia el Misisipí.

Después de la derrota de España por la Francia revolucionaria, Napoleón Bonaparte, primer cónsul de la república, obligó a Carlos IV a cederle la Luisiana, porque deseaba reconstruir el imperio colonial francés. Manuel Godoy trató de condicionar la entrega a que España recibiese Gibraltar del Reino Unido en una hipotética paz europea; pero lo único que obtuvo fue la promesa de que, si decidía la venta la Luisiana, ésta se realizaría solo a España.

Napoleón se olvidó de su plan debido a una epidemia de fiebre amarilla que diezmó el ejército enviado para reconquistar la isla de La Española. Incumpliendo su palabra, en julio de 1803 vendió la Luisiana al presidente Thomas Jefferson por 15 millones de dólares. En su momento, la compra fue muy discutida y se consideró un abuso constitucional por parte de Jefferson.

El dictador francés calculaba que, aparte de recibir un dinero necesario para sus guerras, conseguiría enfrentar a EEUU con Gran Bretaña, y es cierto que entre ambas naciones estalló una guerra (1812-1815), pero ésta no impidió la derrota final del general coronado emperador. España, por su parte, se encontró con un poderoso rival en el golfo de México y en las fronteras de Texas y Nuevo México.

Los Estados Unidos ganaron más de 2,1 millones de kilómetros cuadrados a un precio de unos siete dólares por kilómetro cuadrado. De ella nacieron estados como Iowa, Misuri, Arkansas, Kansas y las Dakotas.

  • La Florida

En 1819, el Tratado Adams-Onís fijó la frontera entre Estados Unidos y el virreinato de Nueva España, donde había habido sublevaciones independentistas. Fernando VII, ya repuesto en el trono, cedió la Florida, muy poco poblada y que siempre había absorbido grandes recursos, a cambio del reconocimiento de la soberanía española en la provincia de Texas y del pago de las deudas a los colonos estadounidenses. La república de México lo confirmó en 1832.

John Quincy Adams, el secretario de Estado que lo negoció, se convirtió en presidente en 1829, sucediendo a James Monroe.

  • Medio México

En 1835, los colonos texanos se sublevaron contra México, el cual les prohibía tener esclavos, y quedaron vencedores en 1836. Una década más tarde, los texanos se plantearon su incorporación a Estados Unidos y entonces México declaró la guerra (1846). Un atrasado país de 7’5 millones de habitantes se enfrentaba a otro de 20 millones y en proceso de industrialización. La derrota fue descomunal.

Por el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), México perdió más de la mitad de su territorio: lo que hoy son California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, más partes de Arizona y Colorado. La frontera internacional se estableció en el río Bravo, que era un río interior durante el virreinato.

Un sector de EEUU reclamó “All Mexico”, la anexión completa, pero no se culminó, entre otros motivos por el recelo de los estados del norte a que los esclavistas controlasen el Congreso.

  • La Mesilla

La nueva frontera con México, sobre todo en su parte occidental, quedó indeterminada. En 1854, el presidente Antonio López de Santa Anna, el peor gobernante que ha sufrido México, aceptó vender más de 70.000 kilómetros cuadrados, un área llamada La Mesilla, a cambio de 10 millones de dólares. Los Estados Unidos se situaban a tiro de piedra de la desembocadura del río Colorado en el mar de Cortés.

Durante las negociaciones, Santa Anna recibió ofertas para vender todavía más espacio entre el golfo de México y el Pacífico: la península de la Baja California, Sonora, Guerrero, Nuevo León… Al menos éstas las rechazó.

  • Alaska

Los rusos estaban presentes en Alaska desde finales del siglo XVIII y en sus exploraciones al sur habían chocado con los españoles. La colonia, aislada e improductiva, sólo tenía frontera con el Canadá británico. San Petersburgo temía que en una nueva guerra con los británicos (entre 1853 y 1856 se había librado la guerra de Crimea) se apoderasen de ella.

Por tanto, el zar Alejandro II, que encima tenía dificultades financieras, aprobó vender Alaska. La operación se realizó en 1867 a cambio de 7,2 millones de dólares. Al igual que en la compra de La Luisiana, hubo protestas, porque se consideraba que Alaska estaba muy lejana y no producía nada salvo pieles. El nuevo territorio abarcaba 1,7 millones de km2 y en la actualidad tiene el segundo mayor campo petrolífero del país.

En poco más de sesenta años, España, Francia y Rusia se retiraron del norte de América y lo dejaron a un nuevo gigante. Otro ejemplo de que el tiempo de Europa concluía.

  • Hawái, Puerto Rico y Guam

En 1898, Estados Unidos salió del continente. No sólo libró la guerra contra España, sino que además en julio se anexionó la república de Hawái, donde un grupo de plantadores de azúcar estadounidenses había dado un golpe de estado en 1894 y derrocado a la reina Lili’uokalani. 

En el tratado de París de diciembre de ese año, Estados Unidos arrebató a España sus provincias de Filipinas, Cuba y Puerto Rico, más la pequeña isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas. Filipinas y Cuba obtuvieron su independencia posteriormente, pero no las otras islas.

  • Las Islas Vírgenes

Durante la Primera Guerra Mundial, el presidente Woodrow Wilson temió que Alemania ocupase las Indias Occidentales Danesas, un pequeño archipiélago al este de Puerto Rico, y lo usase como base para sus sumergibles, por lo que ofreció a Copenhague comprárselo. El Gobierno danés, por su parte, suponía que, si los alemanes les atacaban, Estados Unidos conquistaría sus Indias. Por tanto, se pusieron de acuerdo en la compraventa y el precio, que ascendió a 25 millones de dólares.

El Tratado de las Indias Occidentales danesas se firmó en agosto de 1916. El 31 de marzo de 1917, Washington tomó posesión del archipiélago, que renombró como Islas Vírgenes de Estados Unidos.

  • Más archipiélagos en el Pacífico

Tras las dos guerras mundiales, Estados Unidos se apoderó de nuevos archipiélagos, islas y atolones en el Pacífico. Las únicas con población son las Marianas del Norte y la Samoa Estadounidense.

Nuuk, capital de Groenlandia

EL FUTURO DE GROENLANDIA

En 2019, Donald Trump propuso al reino de Dinamarca la compra de la isla de Groenlandia, lo que entonces se tomo a broma. Pero después de la intervención en Venezuela ya nadie se ríe.

La pretensión de Trump, repetida desde su toma de posesión hace un año, es el control de la enorme isla (2,1 millones de km2) a EEUU. ¿En condición de qué? Desde luego, no con dos senadores en el Capitolio y tres votos en el Colegio Electoral.

Los últimos territorios que se incorporaron como estados a la Unión fueron Alaska y Hawái, ambos en 1959. Desde hace años, los demócratas pretenden convertir en estados la capital o Puerto Rico, a fin de aumentar sus posibilidades de ganar el Senado, pero los republicanos se oponen, porque votan de manera sistemática a sus rivales.

Es de esperar que, si no es ahora, será en un futuro cercano, los 60.000 groenlandeses, mantenidos por las familias danesas a un coste de 500 euros anuales, y con el derecho de autodeterminación reconocido, reciban una oferta de Washington que no podrán rechazar. Es decir, un soborno.

En el proyecto de la Doctrina Donroe (Monroe y Trump) de control absoluto del continente americano, excluyendo a otras potencias, aunque sean aliadas, el estatus que correspondería a Groenlandia sería el de Territorio No Incorporado (Unincorporated territory), idéntico al de Puerto Rico o Samoa.

¿Pero se detendría aquí la nueva fase expansionista de EEUU?, ¿pondrá en su mira, con la excusa de la seguridad continental, las Malvinas, la Guayana francesa o Islandia?, ¿y sufrirá Canadá mutilaciones parecidas a las de México?

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