Gulliver y la falsa misantropía de Swift

En el tricentenario de la publicación de «Los Viajes de Gulliver»

Se han cumplido tres siglos de la publicación de Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, un libro universal, por todos conocido, aunque en un grado muy dispar. Pasa, generalmente, por libro infantil, aventuras con un gran impacto en la memoria: Gulliver es un gigante rodeado de simpáticos y no tan simpáticos enanitos. En Valencia hay un gran parque infantil en el que los niños se suben a un Gulliver convertido en paraíso de toboganes y superficies deslizantes.

Liliput es solo uno de los destinos en una obra que hace con los libros de viajes un poco lo que el Quijote con los de caballerías. El humor swiftiano es heredero del cervantino, y Los Viajes de Gulliver son un monumento a la sátira. El libro pasa también por un tratado filosófico sobre la naturaleza humana que adopta la forma de poderosas imágenes.

Pero hay otra visión que entiende el libro como una obra especialmente política. Así lo vio el filósofo norteamericano Allan Bloom, en su ensayo Gigantes y Enanos, publicado en 1990. Para este autor, Gulliver es la continuación de la vieja querella entre los antiguos y los modernos que por entonces se libraba en Francia y saltaba a las islas: ¿la ciencia y el pensamiento moderno habían avanzado lo suficiente como para poder decirse superior a los antiguos? Los antiguos eran, para Swift, los griegos y los romanos: la filosofía griega y la política de la Roma republicana. Swft era un antiguo con un pie en lo moderno, pero ya había dedicado, de joven, un libro, La batalla de los libros, a la cuestión. Allí, también con poderosa imagen, había retratado a los contendientes: el pensamiento antiguo era una abeja, que con musical vuelo va de flor en flor libando en ellas sin dañar su belleza; el pensamiento de los modernos, sin embargo, es una araña que quieta en su sitio, dominadora de una minúscula parcela, se alimenta de inmundicias y produce excrementos. La abeja respeta y alimenta la belleza de todo, la araña se alimenta ella sola. No quedaba duda sobre la distinta nobleza de una y otra. A través de Gulliver, Swift mantendrá viva la visión clásica.

Gulliver viaja primero a Liliput, donde él es el gigante; luego a Brobdingnag, donde es un enano entre gigantes, después a la Isla flotante de Laputa, donde viven seres absortos en las cuestiones teóricas y por ultimo al país de los houyhnhnmes, unos seres racionales con forma de caballo que contrastan con los yahoos, seres embrutecidos con forma humana.

Allan Bloom

Bloom encuentra en la obra una clara división: Liliput y Laputa son representaciones del mundo moderno, de la política y ciencia de su tiempo. Vendrían a ser la Inglaterra de entonces, mientras que el país de los gigantes y el de los caballos súper racionales serían el mundo antiguo.

Gulliver no se siente del todo bien en ninguno de ellos. Es demasiado clásico para los modernos, demasiado moderno para los clásicos. Esto nos habla quizás de su propia situación de bisagra en el tiempo, clásico por formación y temperamento en un mundo ya ilustrado y newtoniano. Se habían inventado el microscopio y el telescopio y esto pudo influir en ese juego de perspectivas, de enanos y gigantes, dando un sentido nuevo a la frase medieval que inauguró la vieja querella: «Somos enanos subidos a hombros de gigantes». Ahora cabía dudar…¿no seremos nosotros los gigantes?

En Liliput, Gulliver empieza pensando que lo es, pero luego va a Brobdingnag y se da cuenta de que no. Allí es un enano doce veces más pequeño. En opinión de Bloom, no hay relativismo aquí. Se inclina por pensar que para Swift, la dimensión de los gigantes se encuentra más ordenada hacia la mejor disposición de las cosas.

Pero hay algo que tiene que ver con el propio método de Gulliver, como una clave gulliveriana en esa perpetua condición intermedia: es superior a los inferiores e inferior a los superiores, aunque en esa posición intermedia, es, digamos, lo suficientemente grande (o clásico) para mirar de forma crítica a sus contemporáneos. Nótese aquí la diferencia entre el Gulliver popular, el gigante de las historias, con el Gulliver posible de la obra, alguien entre dos realidades. Hay quien ha querido ver aquí la propia vida de Swift como angloirlandés: irlandés en Londres e inglés en Dublin. Gulliver está siempre obligado a hacer una adaptación: pasar su mirada de lo lejano a lo cercano, como si llevara unas lentes progresivas, y en ese cambio aprende. Swift personifica en Gulliver el sentido común.

LILIPUT

Nuestro héroe es encadenado por los liliputienses, seres inclinados a la vanidad y a los honores, cuya pequeñez conduce a lo ridículo, trasunto de la Inglaterra de su tiempo. Son seres humanos que ven con extraordinaria nitidez, pero solo lo muy cercano, perdiendo en «conciencia del conjunto» lo que ganan en precisión.

En Liliput, donde Gulliver se hace desvergonzado, orina y defeca, están divididos por disputas de todo tipo en las que no resulta dificil ver los conflictos religiosas de entonces. Liliput estaba marcada, como una guerra civil, por la diferencia entre quienes rompían el huevo por el extremo mayor o por la parte más pequeña.

Aquí Allan Bloom se atreve a sugerir un ejemplo de posición clásica en el autor. Sucede cuando ante las diferencias irreconciliables se argumenta que quede la cuestión (por dónde se rompe el huevo) a la concepción de cada hombre, apelación a la conciencia es abrazada por las sectas en minoría. Por contraste con el país siguiente, el de los gigantes, que no presentan esos problemas de división, Gulliver encuentra otro punto de vista, el del rey, que parece satisfacer más a Swift: «No veía razón alguna para que aquellos que abriguen opiniones perjudiciales al pueblo no sean obligados a cambiarlas o no estén obligados a ocultarlas. Y así como en todo gobierno sería tiranía requerir lo primero, sería debilidad no hacer cumplir lo segundo; pues a un hombre se le puede permitir que tome veneno en su gabinete pero no que los venda como licores». Para Swift, el bienestar general, opina Bloom, no podía someterse a minorías fanáticas.

Gulliver llega a proponer una reforma que Bloom ve cercana a las ideas de John Locke, imposible entre los liliputienses. La incompatibilidad con Gulliver es total. Él y los habitantes de ese país difieren sobre qué es lo bueno, lo bello, lo noble, valores por tanto irreconciliables.

Gulliver con los houyhnhnms

BROBDINGNAG

El destino siguiente invertiría la situación. Ahora el diminuto es él; el país de los gigantes dista mucho del anterior. Viven allí seres virtuosos en un país sin divisiones, sin guerras de cultos, sin inclinaciones bélicas, con habitantes moderados, ordenados, equilibrados, seres éticamente aristotélicos. Brobdingnag es una mezcla de Roma y Esparta. Es ese mundo clásico en el que él, sin embargo, no termina de encajar. Los brobdingnagianos son grandes porque son virtuosos. Gulliver era superior a los liliputienses, pero inferior a estos.

LAPUTA

Tras haber conocido la política moderna en liliput, en el tercer libro, Gulliver viaja a una isla flotante que vendría a ser la ciencia moderna. Está habitada por seres cerebrales que solo piensan en ideas científicas, astronómicas. Preocupados de su yo o del cénit, sin nada más que les afecte. Un mundo sin pasiones en el que pueden compartir a su mujer (ser apreciable geométricamente) sin sentir celos y en el que los gobernantes, a partir de ideas científicas newtonianas, se elevan en la isla flotante sobre unos súbditos que les pagan los tributos pero que no tienen acceso a ellos. La ciencia funda su poder, un poder que pude destruirlo todo pero que no puede ser controlado. El pueblo, tan lejano, no puede ni conspirar.

LOS HOUYHNHNMES

El último viaje vuelve al polo clásico. Encuentra el país de los houyhnhnmes, unos seres con forma de caballo pero racionales. Mucho más que racionales. Seres de una serena y ordenada virtud clásica. Junto a ellos, sometidos, unos humanos embrutecidos, bestiales, repulsivos: los yahoos. Bloom ve los primeros como seres platónicos, como seres hobbesianos los segundos; seres políticos perfectos frente a hombres en el estado de Naturaleza. El país es una «superrepública», una utopía posible porque a los caballos racionales les falta «la parte apasionada del alma». Todos los desordenes pasionales y eróticos los tienen los concupiscentes yahoos, para Bloom, una alusión al hombre moderno. La dualidad del hombre se escinde y Gulliver, entonces, ¿qué es? Un yahoo racional. Tiene forma de yahoo, pero aspira a ser un houyhnhnm. Trata de asimilarse, imita, aspira a ello, y a la vez desarrolla un odio hacia los yahoos que es odio hacia sí mismo. Surge ahí la misantropía que se ha achacado al libro. El odio a lo humano.  

Por eso, cuando regresa a Inglaterra, al arrastrar el asco por esos seres, Gulliver apenas puede soportar a su familia y rehúye el contacto social. Necesita hablar con los caballos todos los días. La vida, fuera del establo, entre humanos, solo se le hace soportable si en el ambiente flota un olor a caballo.

La misantropía de Swift, nos quiere decir Bloom, al venir envuelta en humor, es menos misantropía. La obra invita al conocimiento de la condición humana. Conociendo lo que somos, ni podemos pedir mucho, ni enfadarnos demasiado. Hay una «tierna simpatía» por el hombre que hace «ridícula la misantropía».

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