¿Qué paso en Francia el 17 de octubre?

Los distintos responsables de la violencia

Ha habido múltiples levantamientos populares en Francia desde hace 1000 años. Fueron las famosas jacqueries, disturbios, o revueltas endémicas del pueblo. Más recientemente, desde 1945 ha habido numerosas protestas o movilizaciones políticas que a veces se descontrolaron y derivaron en violencias con heridos e incluso muertos

Las mayores manifestaciones han movilizado en las calles hasta un millón de personas. Citemos entre otras: la del Frente de Liberación Nacional, en 1961, durante la guerra de Argelia (con varias decenas de muertos); las de los acontecimientos de mayo 1968; la de 2006 contra los contratos de primer empleo; la de 2003 contra la reforma de las pensiones: la de 2002 contra Jean-Marie Le Pen; la de 1984 en defensa de la escuela libre (privada); o también la de 1968 a favor de De Gaulle. Si se excluyen los acontecimientos de mayo de 1968, las más destructoras y costosas financieramente ocurrieron bajo el mandato de Macron (en octubre 2026, las pérdidas alcanzaron 1, 1 billón de euros; en 2023, 1 billón de euros y 1500 comercios fueron afectados y en 2018 (chalecos amarillos): 250 millones de euros).

El 17 de octubre se alcanzó uno de los picos más altos de violencia. Hubo de 500 a 600 000 personas en las calles de las grandes ciudades de Francia y 120 000 en Paris. El balance final fue terrible: 3000 pequeños comercios destruidos y saqueados (bancos, hoteles, restaurantes) cerca de 1000 policías heridos, varias decenas de manifestantes heridos (2 muertos: uno por ataque de corazón y otro por una caída desde la cumbre del Arco de triunfo). El coste financiero se elevó a más de 1 billón de euros.

Si comparamos esa manifestación con la visita de León XIV en Paris el 26 de septiembre (una misa con 800 000 personas) es de notar que en aquella circunstancia no hubo ni un solo cristal roto. Evidentemente las personas no eran las mismas.

¿Por qué tantas destrucciones en esa manifestación del 17 de octubre 2026?

La manifestación del 17 reunió 3 categorías de personas:

  1. Primero una muy importante “masa de maniobra” que manifestaba pacíficamente contra la pérdida de poder adquisitivo y en defensa de los servicios públicos. Otros también se manifestaban contra la carencia de profesores y medios materiales en los institutos de educación secundaria y en la Universidad (Las primeras manifestaciones empezaron en septiembre y fueron en efecto las de los alumnos de los institutos).
  2. Segunda categoría: los Black bloc – Bloque negro (activistas vestidos de negro como los ninjas). Son unos 1000 o 2000 revolucionarios profesionales, con varias decenas proviniendo del extranjero (Alemania, Italia, Países Bajos, Inglaterra), debido al conocido laxismo de las autoridades francesas. Ellos son los verdaderos vándalos o alborotadores. Rompen, deterioran escaparates, tiendas y monumentos públicos con martillos y otros instrumentos e inmediatamente después se esfumaban para no estar detenidos.
  3. Tercera categoría: los saqueadores. Ellos vienen de los suburbios (son mayoritariamente inmigrantes o hijos de inmigrantes). Saquean y a menudo venden el producto de sus robos en las redes de internet. En esa categoría se debe incluir los jóvenes narcotraficantes (14 a 15 años), vigilantes del tráfico de drogas y a veces asesinos a sueldo.

¿Quiénes son los mayores responsables?

80 % de los franceses rechazan la violencia. 60 % de ellos culpan la izquierda (es decir los lideres social liberales complacientes y los extremistas de LFI capitaneados por Jean Luc Melenchon).

Según el gobierno francés los responsables son los extremistas autores de las violencias: LFI incito a la insurrección. Por su parte Trump ha insistido sobre los efectos de la inmigración. En cuanto a la extrema izquierda, practica la inversión acusatoria acusando la actuación violenta de la policía (habla siempre de su racismo estructural y justifica la violencia en respuesta a la violencia de Estado). Una interpretación conspiranoica denuncia la manipulación de los vándalos por el gobierno. Este jugaría con el miedo de la opinión pública para luego presentarse como salvador y garante del orden republicano». Finalmente, hay otra explicación muy extendida: la incompetencia de los mandos de la policía. Veámoslo.

La principal fuerza policial durante las manifestaciones son las CRS (una especie de guardia de asalto). Las Compañías Republicanas de Seguridad se crearon en 1944. Tenían entonces un efectivo de 15 000 hombres (efectivo que subió durante la guerra de Algeria). Hoy tienen apenas 13 500 hombres para una población que ha subido de 40 millones a 70 millones. Sin embargo, la gendarmería paso de 50 000 a 100 000 hombres. En 1983 se contabilizaban 22 barrios periféricos problemáticos (donde la policía apenas se arriesga). Hoy en 2026 son más de 1400. Durante 40 años no se hizo nada o casi nada en serio.

El 17 de octubre se movilizaron 50 000 policías en toda Francia (apenas 5000 en Paris) cuando para los chalecos amarillo se movilizaron hasta 90 000 (8000 en Paris). La pregunta lógica es ¿se equivocaron los servicios de inteligencia? ¿fueron totalmente incompetentes los mandos policiales empezando por el prefecto de policía de Paris (especie de superintendente de la policía) y el ministro de interior? La cosa no esta tan clara.

El servicio de inteligencia de la prefectura de Paris es uno de los más eficaces del mundo con un efectivo de 1000 funcionarios. La información que recoge a diario sirve el poder desde hace 358 años (1767). Tienen una experiencia considerable e infiltrados por todas partes.

Una famosa anécdota merece ser contada: Louis Andrieux celebre prefecto de Paris entre 1878 y 1881, abogado, francmasón y radical socialista escribió sus memorias Souvenirs d’un préfet de police en 1885. Era por cierto el padre del famoso escritor comunista Louis Aragon, filiación que este escondió cuidadosamente toda su vida. En su libro, Louis Andrieux explica muy bien cómo la policía recluta sistemáticamente confidentes en todos los partidos políticos gracias a los fondos secretos. Con sentido del humor dice que los más fáciles de reclutar eran los socialistas, comunistas y anarquistas y los más difíciles los monárquicos porque perteneciendo a las categorías sociales superiores ellos costaban mucho más caro. Esto, lo saben perfectamente los criminólogos actuales. En un siglo y medio nada ha cambiado.

Entonces ¿por qué no supieron utilizar las informaciones de los servicios de inteligencia las autoridades francesas? ¿Incompetencia o ceguera ideológica? Pues las dos. Macron y los macronistas son neoliberales. Por lo tanto, creen en el dulce comercio y la fluidez de los mercados. Los temas de seguridad nacional les parecen cosas sin gran importancia que solo interesan a hombres del neandertal. Ellos viven con los ojos fijados en la City de Londres y Wall Street de Nueva York. No hacen caso a las informaciones que no entran en su lógica. Las instrucciones que dan a sus servicios de inteligencia son: focalizarse sobre la lucha contra los grupos nacionalistas, contra el peligroso masculinismo … y la amenaza de Rusia. El enemigo para ellos es el bando nacional. Por lo tanto: 10 minutos de trabajo sobre el progresismo izquierdoislamista y 10 horas sobre el odio de extrema derecha. No hay más ciego que el que no quiere ver. En septiembre 1938, el general Prételat presento un informe al jefe de Estado Mayor francés Gamelin. Llamaba su atención sobre el riesgo de una ofensiva alemana en las Ardenas flanqueando la línea Maginot.  Y que le dijo Gamelin: “Vuelva, pues, a sus estudios teóricos”. Dos años después, en mayo 1940, ocurrió lo previsto por Prételat y fue el mayor desastre del ejército francés…

En realidad, los servicios de inteligencia conocen 80 a 90 % de los Black bloc (individuos generalmente de clase media y superior, muchos marginales y toxicómanos). Si el ministro de interior quisiera detenerlos a las seis de la madrugada justo antes de cualquier manifestación no habría problema. Más, la policía es experta en redadas, pero solo cuando las autoridades las ordenan. Y para eso se necesita voluntad política. Tristemente, las autoridades francesas están bloqueadas, paralizadas, temerosas y a menudo corruptas (Ni que decir que los cocainómanos abundan entre los líderes políticos y los altos funcionarios. Se suele oír que los pobres trabajan demasiado y que necesitan distracción).  No se aplica el código penal, no hay detenciones (o casi nunca) a raíz de las acciones delictivas de los Black bloc. Al contrario, hay cierta connivencia o complacencia. Ejemplo: los sabotajes de las vías del tren por parte de los Black blocs han quedado siempre impunes. Además, les benefician la justicia ideológica, la falta de consideración por la policía en el más alto nivel (Macron entre otros), la detestación estructural del orden y de la autoridad por buena parte de las pseudoelites.

Jean-Luc Mélenchon, artífice de la Nueva Francia y soñador de insurrección

Acusado de echar leña al fuego, Jean Luc Mélenchon es el líder más apreciado de los jóvenes franceses de 18 a 24 años (con 49 % de intenciones de votos). Aunque, entre los menos de 35 años Mélenchon se encuentra codo a codo con Marine Le Pen.

¿Pero quién es Mélenchon? ¿Cuál ha sido su carrera política? Empezó como trotskista entre 1972 y 1977. En aquella época eligió Santerre como apodo clandestino, siendo Joseph Santerre un rico maestro cervecero, revolucionario que supervisó la ejecución de Luis XVI y que luego fue general de división en la guerra y genocidio de la Vendée. ¡Todo un programa! Luego y durante 30 años fue socialista. Partidario de Mitterrand, miembro del Gran Oriente de Francia, laicista furibundo, voto “sí” al tratado de Maastricht en 1992. En el gobierno del primer ministro Jospin (otro ex trotskista) fue ministro delegado de educación profesional bajo la tutela del ministro de educación Jack Lang hoy implicado en el caso Epstein. En 2005, voto no a la Constitución europea, pero a partir de 2008 se radicalizó.  Abandonó el partido socialista, renunció al republicanismo laicista y asimilacionista y cayó en el islamoizquierdismo creando sucesivamente el Partido de izquierda (en 2009) y La Francia Insumisa (en 2016). Orador talentoso, dirige su partido LFI con mano de hierro predicando la convergencia de las luchas entre islamismo, antisionismo y wokismo. Excelente orquestador del desorden y del caos como buen ex trotskista, se enfrenta ahora a un techo de cristal debido a sus excesos verbales y a sus posiciones criptorrevolucionarias.

Emmanuel Macron pasa revista a las tropas durante el desfile militar del Día de la Bastilla

Emmanuel Macron, el presidente de la Republica más odiado por los franceses

Esto dicho, tanto los macronistas como los “insumisos” son discípulos de Foucault y Bourdieu, partidarios abiertos de la desconstrucción de la familia y de la nación, de la escuela descolonial (que enseña el odio de la Francia rancia del pasado), del abandono del juramento hipocrático (con la eutanasia y el derecho al aborto inscrito en la Constitución), del matrimonio igualitario para los homosexuales, de la complacencia con la pedofilia (y por buena razón, Emmanuel y Brigitte tenían respectivamente 14 años y 39 cuando se conocieron) etc. Pero al final a Macron le ha salido el tiro por la culata, ha sido un efecto búmeran. Su progresismo social-liberal o liberal-libertario ha sido superado por su izquierda. Durante su campaña electoral y luego durante su mandato Macron dijo: “No hay cultura francesa. La cultura francesa es diversa”. “El colonialismo es un crimen contra la humanidad”. “Debemos deconstruir nuestra historia” y, más recientemente, a raíz de un atentado perpetrado por un derechista, cocainómano y consumidor de cannabis y diagnosticado esquizofrénico por los médicos, declaro: “Es la primera vez que un atentado busca matar por razones de color. de piel o de religión” ignorando olímpicamente los 305 muertos en atentados desde el año 2000.  Todo esto lo han entendido los nuevos franceses inmigrantes e hijos de inmigrantes. Y ahora le pasan factura proclamando: “Vinisteis a nuestra casa, nosotros vamos a la vuestra y nos servimos, nos cobramos lo nuestro».

Los diez años de presidencia de Macron (2017-2027) han sido desoladores, devastadores. Con él, el sueño de la sociedad multicultural se ha convertido en pesadilla de la sociedad multiconflictual. Macron quedara en la historia como el peor presidente de la V República. Los magnates de la prensa vendieron su figura a los electores como “El Mozart de la finanza” pero bajo su mandato la deuda pública aumento de 1425 billones de euros, pasando de 98% del PIB a 120% del PIB. En total 3700 billones de euros de deudas públicas. 50 % de esta deuda está en manos de Estados o instituciones financieras extranjeras. Por eso, los mercados financieros piden a Francia tipos de interés cada vez más alto. A esto hay que añadir el desprestigio de la democracia representativa que Macron heredo de sus antecesores y que agudizo. En 2005 los franceses votaron «no» en el referéndum sobre la Constitución europea y el presidente Sarkozy hizo que la casta política votara en el parlamento dos años después un texto similar pisoteando la democracia y la soberanía nacional. Nunca más hubo referéndum en Francia debido a la voluntad de políticos charlatanes y egoístas que para colmo de hipocresía y mala fe no tienen vergüenza en invocar la autoridad de De Gaulle. Macron agravó esta situación incrementando la división y fragmentación comunitaria, abandonando y traicionando el país en nombre de la utópica Europa civilización LGBT y de la pretendida Europa social. Muchos no olvidan la ceremonia blasfematoria de apertura de los juegos olímpicos con los Drag Queens organizada por dos amigos de Macron el historiador mundialista Patrick Boucheron y el artista Queer homosexual Thomas Jolly. Muchos otros le reprochan sus atentados a la libertad de expresión (denegación de crédito a cualquier asociación o partido que no agrada al poder, cierre de cuentas sin previo aviso o explicación, grandes medios de comunicación en manos de oligarcas amigos). La izquierda ha abandonado a la clase obrera desde 2010 y la derecha ha abandonado a la familia, la religión y los valores tradicionales para centrarse en los intereses económicos. El Estado está en quiebra. Francia está desprestigiada en todo el mundo y ha venido a ser una potencia de tercera categoría. La tributación es una de las más altas de los países de la OCDE y sin embargo el sistema social y educativo, la policía, la justicia y el ejercito están al borde del colapso. La crisis demográfica es obvia, la criminalidad incontrolable, el empobrecimiento de las clases medias y bajas visible, el narcotráfico nunca ha sido tan prospero. Un panorama desolador. ¡Gracias, Macron!

Para ser justo y completo, no se debe olvidar que, desde la presidencia de Mitterrand, en nombre del Pacto republicano (hoy puesto en duda) contra la extrema derecha, los social liberales y liberales libertarios han dominado la vida política francesa y que, en última estancia, han sido siempre ayudados por la izquierda radical. Pero hoy a seis meses de las elecciones presidenciales el veredicto de los sondeos parece inapelable: Macron tiene solo un 12% de satisfechos, y los candidatos macronistas “potenciales”, en la misma línea que él, recogen apenas 10 a 13% de intención de voto. Según los sondeos, los dos grandes vencedores actuales son Mélenchon (17%) y Marine Le Pen (36%). Un duelo muy probable en la segunda vuelta de las presidenciales de mayo 2027 que aterroriza la casta política instalada al poder desde décadas. Francia está hoy al borde de la quiebra y de la ruina, una situación peligrosísima que muchos franceses no entienden. Pase lo que pase no habrá regeneración del país sin esfuerzos, renuncias y sacrificios.

Historiador y politólogo nacido en Bayona en 1948. Doctor de Estado en Ciencias Políticas, diplomado en Derecho y Ciencias Económicas. Es autor de introducciones a las ediciones francesas del Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo de Juan Donoso Cortés y de La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset. Ha publicado, entre otros, 'Más allá de la derecha y la izquierda'. 'Historia del pánico recurrente de los bienpensantes', 'José Antonio: entre odio y amor' o 'Resistir a lo políticamente correcto en la historia' (Editorial Actas).

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