Nuevo golpe a la Nación

El objetivo golpista es modificar el sujeto constituyente español

¡Qué hora ominosa nos ha tocado vivir! La era de la rebelión del Estado contra la Nación. El Estado moderno (muerto de covid, pero aún insepulto) fue ideado para impedir la guerra civil en el seno de las naciones —Hobbes—. Pero el Poder siempre crece de forma continua y acumulativa —Jouvenel—, ya sea a la vista de todos, ya en la sombra. El Poder transformó al Estado en un organismo que desde hace generaciones explota como a esclavos a los miembros de la comunidad política de la que emanó para servirla —Gómez Dávila—. Esa bestia terrible que es el Estado ha tomado consciencia de sí misma y le hace la guerra a la Nación.

El alzamiento de la Generalidad de Cataluña durante la pasada década estableció una innovación en la técnica del golpismo. En el presente estamos inmersos en una novedosa variante de este método, esta vez ejecutado por el Gobierno central. En ambos casos se trata de sendos golpes a la Nación.

Existe una diferencia esencial entre el golpe de Estado y el golpe a la Nación. El golpe de Estado es una subversión de lo constituido. Es decir, un acto de fuerza desplegado de forma súbita cuya finalidad es derribar al Gobierno existente, cambiar los medios de elección del Ejecutivo o imponer una nueva forma de Estado —por citar los tres tipos más habituales—. En cambio, el golpe a la Nación es un ataque a la integridad de lo constituyente y es ejecutado de forma sostenida en el tiempo.

Lo constituyente —integrado por la reunión de todos los miembros de la comunidad política, la Nación— es lo que genera a partir de sí a lo constituido —los poderes y las instituciones que conforman el Estado—. Por lo tanto, lo constituyente no sólo precede en el tiempo a lo constituido, sino que es su creador y el bien jurídico supremo en el terreno político. Esta es la razón por la que un golpe a la Nación es más grave que un golpe de Estado.

No existía una nomenclatura que distinguiera la pretensión rebelde de 2017 de las demás fórmulas golpistas. Por ello nos vimos forzados a acuñar la expresión «golpe a la Nación» para discernirlo de modo que fuera explicativo de su sustancia política. La rebelión de la Generalidad tenía como propósito quebrar la unidad y la integridad del sujeto constituyente español —que es el cuerpo político de la Nación española—. Transcurridos ocho años de aquella monstruosa traición, nos encontramos sumidos en un nuevo golpe a la Nación, pero con distinto formato.

Delimitemos qué diferencia a la rebelión autonómica de entonces —producto del carácter federalizante de la Constitución— de la que tiene lugar en este momento. El sujeto golpista es el Estado del 78 en los dos supuestos. En 2017 fue impulsado por la Generalidad catalana —una institución del Estado— con la cooperación por inacción de los tres poderes estatales. La ejecución del golpe actual se ha trasladado de Barcelona a Madrid, donde lo promueve el Gobierno. Cuenta con el apoyo de la mayoría parlamentaria del bloque federalista —del que forma parte el PP— y también con el de todas las CCAA. El golpeado entonces y ahora es el mismo sujeto: la Nación.

El objetivo golpista en ambas modalidades es el mismo, modificar el sujeto constituyente español. La primera por sustracción, la segunda por adición. La rebelión del 17 trató de alterar su integridad mediante la detracción de los 7,5 millones de españoles residentes en Cataluña. En el nuevo golpe a la Nación, la comunidad política española ha sido modificada —según datos del INE de 2025— con la incorporación de siete millones de inmigrantes y la nacionalización de 1,9 millones de extranjeros —desde 2013—. Esto supone más de un 18% de toda la población residente en territorio nacional, de acuerdo con estas cifras oficiales. Según recientes declaraciones del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE), el 78 ha recibido en España a «más de dos millones de inmigrantes» en los últimos siete años, 285.000 al año. Dada la imposibilidad de computarla de forma fehaciente, la inmigración ilegal sumada a la oficial sitúa a la realidad muy por encima de estos números.

Al mismo tiempo y con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, en España han sido ejecutados más de un millón de abortos en el período 2014–2024. La tendencia de esta práctica de exterminio de no nacidos es ascendente. En los últimos dos ejercicios ya supera los cien mil anuales. El pasado año hubo 318.000 nacimientos, de lo que podemos concluir que uno de cada cuatro embarazos en España es abortado.

El 78 y su consenso son firmes partidarios de la inmigración y del aborto y de que cuanto más, mejor. El Rey Felipe lo verbalizó hace sólo unos días ante la Asamblea General de la ONU. Calificó la inmigración como «un vector de desarrollo mutuo» y manifestó su deseo de que España sea un «referente global» del aborto. Aún más, el Gobierno acaba de impulsar la página web www.quieroabortar.org.

Esta barbarie no es privativa de España. Comenzó a la vez en todos los países occidentales de la UE. Esta simultaneidad invita a sospechar de una planificación de la que los ciudadanos no han sido informados. Resulta notable que este estímulo para abortar se dirija de forma exclusiva a la población española, nunca a la magrebí, por ejemplo. Lo mismo sucede con el apoyo al cuestionamiento del sexo biológico para incentivar la transexualidad y el adoctrinamiento en la idea de la eligibilidad de la orientación sexual como mecanismo para incrementar la población homosexual. Estos mensajes que depauperan la natalidad están dirigidos sólo a los españoles de cultura cristiana —sean o no creyentes—, nunca a los musulmanes.

Esto sucede en todo Occidente, pero allá el resto de potencias si quieren destruir sus comunidades políticas. Sólo la española incumbe a los españoles y buen provecho podría sacar España del suicidio de sus competidores —en realidad, enemigos— al Norte de los Pirineos. Para ello es necesario contar con gobiernos y legisladores que trabajen para los españoles y no para intereses extranjeros. Esto sólo es posible mediante un Reinicio Moral que provoque un vuelco del ethos político español: una españolidad renacida que reconquiste España y arrase el 78 hasta los cimientos.

En síntesis, matar españoles y traer extranjeros son los dos hechos fácticos de este viaje «hacia el no ser» —Hughes— español. La suma de ambos actos da lugar al nuevo golpe a la Nación impulsado por el 78 y todas sus instituciones y que liquida el sujeto constituyente español, el ser español.

Periodista, escritor y traductor. Ha firmado en los diarios Sur, La Voz de Cádiz, ABC de Sevilla y El Independiente de Cádiz. Fue responsable de Comunicación Externa de Airbus en Sevilla. Fundó y dirigió el periódico Innovación sobre el sector tecnológico de Málaga. Es autor del ensayo «Reinicio Moral» publicado en la obra colectiva «España o el 78» (Manuscritos, 2024), así como de los libros «Palabra de Rey» (Amazon, 2024), «Federalismo cacique» (Amazon, 2023), «Golpe a la Nación» (Manuscritos, 2019), y «La sencillez de las cosas» (2014).

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