La UE aspira a ser climáticamente neutra para 2050, una economía con cero emisiones netas de gases de efecto invernadero. Este objetivo es fundamental para el Pacto Verde Europeo y constituye una meta jurídicamente vinculante gracias a la Ley Europea del Clima: lo dice la Comisión Europea, que a veces parece un rapero de película que, pistola en mano, confiesa sus crímenes en canciones que escucha la policía en el coche patrulla.
Este objetivo ha sido totalmente pernicioso para la economía de la UE, generando escasez y encarecimiento de la energía y disparando precios de modo que todos los sectores han sido perjudicados. Nada ha sido más destructivo para la UE que el objetivo de “emisiones cero”. Los cementerios industriales europeos que vemos en nuestros paisajes, con plantas nucleares y factorías cerradas, son ejemplo de ello.
Todos sabemos lo que ha pasado. Pero por qué ha pasado sigue siendo un misterio. ¿Quién fomenta todo esto? ¿Quién gasta dinero en presionar a la Comisión Europea, en organizar campañas y conferencias en favor de la destrucción de Europa? Para empezar a responder esa cuestión, debemos echar un vistazo a una reciente investigación en la revista británica The Spectator, mostrando como la propaganda de emisiones cero ha atraído dinero opaco, frecuentemente procedente de EEUU, a través de una compleja red de organizaciones benéficas interconectadas, grupos de expertos y grupos de presión. Esto lo resume así The Spectator, con su ángulo centrado en el Reino Unido:
“Esta es la historia del lobby ecologista radical: una red de fundaciones, grupos de investigación y organizaciones políticas, a menudo financiada a través de canales extranjeros. Ha tenido un éxito asombroso a la hora de influir en las políticas, controlar el debate y anular decisiones de gobiernos electos en los tribunales. Ha impedido la exploración de petróleo y gas en el Mar del Norte, ha mantenido altos los precios de la energía y nos ha hecho cada vez más dependientes de la tecnología china.”
La clave del tinglado, concluye la revista, es la ONG ecologista más influyente en Europa, la Fundación Europea del Clima (ECF). Creada en 2008, la ECF se describe a sí misma como una fundación que otorga subvenciones para apoyar la acción climática en Europa y más allá. Apoya a más de 700 organizaciones asociadas para ampliar el apoyo político y público a las emisiones cero.
Con una oficina en Bruselas centrada en la política institucional de la UE, la ECF gestiona programas nacionales y regionales que abarcan los principales países de la Unión. Hablamos de Alemania, Francia, Italia, España, Polonia, República Checa y Hungría, además de equipos regionales para Europa Central y Sudoriental. Asimismo, la ECF concede subvenciones a socios en la mayoría de los demás países de la UE a través de organizaciones locales, en lugar de establecer oficinas físicas en cada región.
Como en el caso de otras organizaciones ajenas a cualquier fiscalización de la ciudadanía, la ECF aspira a ignorar la soberanía del pueblo europeo o, como lo define ella misma, integrar la acción climática en marcos sólidos y sostenibles que resistan los cambios políticos. Con sede en los Países Bajos, la organización gastó el año pasado la asombrosa cifra de 171 millones de euros a través de una gran variedad de organizaciones en toda Europa, incluidas muchas en el Reino Unido.
La mayor parte de este gasto, por supuesto, se dedica a financiar organizaciones izquierdistas que al tiempo se vuelven cautivas de los objetivos de la ECF y altavoz de los mismos. Pero la fundación es lo bastante astuta como para no limitarse a influir en la izquierda. También hace donaciones tácticas a grupos de centroderecha que explican por qué es frecuente encontrar a presuntos conservadores repitiendo sus argumentarios: por ejemplo, la necesidad de un tratado internacional de no proliferación de combustibles fósiles (una de las manías favoritas, por ejemplo, de Sumar) y la imposición de un impuesto fronterizo a las emisiones de CO2 (el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, apoyado por el Partido Popular en Bruselas).
Con todo, el ECF no fabrica dinero. Su financiación procede de las grandes fortunas estadounidenses, con pleno apoyo de Washington. Uno de sus principales donantes es la Sequoia Climate Foundation, con sede en California, que destina entre 300 millones de dólares anuales a causas relacionadas con el clima. Otro donante en una escala similar es Bloomberg Philanthropies, bajo el control del ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg. Luego está el Ballmer Group, un grupo de inversión estadounidense fundado por el ex consejero delegado de Microsoft Steve Ballmer.
Esto no debería sorprenderle a nadie. Hace años que el IBEX-35 ha sido visitado por el británico Chris Hohn, inversor activista que busca traer nuevas tendencias progrecapitalistas a la bolsa española y financiador clave de Extinction Rebellion, un curioso grupo de ecologistas radicales que parecen sacados de la clásica película Doce Monos, que organizan bloqueos del tráfico y actos vandálicos para protestar causas al gusto de Greta Thunberg.
Otros donantes de la misma organización radical, en palabras de un artículo de 2019 del New York Times, son “vástagos de algunas de las familias más famosas de Estados Unidos, incluidos los Kennedy y los Gettys”. Con ello, el Times se refería directamente a Rory Kennedy (hermana del actual secretario de Salud estadounidense, Robert F. Kennedy) y Aileen Getty (nieta del ex empresario petrolero estadounidense Jean Paul Getty), quienes iniciaron el Fondo de Emergencia Climática que ha donado cientos de miles de dólares a Extinction Rebellion.
Como explica The Spectator, un objetivo clave de la financiación a ecologistas radicales es distorsionar el debate energético deslegitimando a sus oponentes. Con ese fin, la ECF contribuye financieramente a combatir lo que denomina «desinformación climática», o lo que cualquier otra persona podría considerar libertad de expresión. Por ello, financia a Carbon Brief, un medio de comunicación centrado en atacar a los «empleadores de cero emisiones netas», fuente de muchas de las mayores tonterías sobre el clima que acaban reflejadas en la prensa española.
Otro objetivo importante es utilizar los tribunales contra gobiernos electos para frustrar la voluntad de los votantes. Una importante fundación en pro de las cero emisiones netas, que ha financiado a numerosas organizaciones en este ámbito, es la Fundación Climática Quadrature (QCF), financiada a su vez por Quadrature Capital.
Quadrature Capital es un fondo de inversión libre de gran éxito con 8.400 millones de dólares en activos bajo gestión a mayo de este año. En 2022, el Times informó que el salario medio de sus empleados era de tres millones de libras esterlinas. El director científico del QCF ha declarado que sus inversiones en organizaciones climáticas están «facilitando el proceso para acelerar el movimiento [de cero emisiones netas]». Una de las beneficiarias de sus donaciones es Uplift, una organización que ha llevado a juicio la legalidad de la extracción de petróleo y gas del yacimiento de Rosebank en el Mar del Norte.
Quadrature Capital donó 4 millones de libras esterlinas al Partido Laborista británico en 2024, la mayor donación individual que ha recibido el partido. Tras la victoria laborista en 2024, Rachel Kyte, copresidenta del consejo asesor del QCF, fue nombrada enviada especial del Reino Unido para el clima, sin dejar de formar parte del consejo del QCF.
Existe una idea generalizada, muy errónea, de que el ecologismo radical es una caterva de hippies perroflautas que no usan desodorante. Es hora de olvidar esas fantasías y entender quién es el enemigo al que se enfrenta Europa.