Christus. Lo que lleba en seis caxas grandes y en otras dos mas chicas el capitán Diego de
Orgaz, desta villa de Xochimilco a la Villa Rica de la Veracruz para el
señor don Hernando Cortés, y con destino al Emperador, y cuio contenido va
al por menor en esta con la entrega dello y demás, ante mí Antero de
la Fuente, escribano, y Alonso Alaminos, contralor.
I caxa. Un manto grande de seis palmos, todo ello de algodón muy fino, con plumas
blancas y rebiteado de otras plumas de color roxo y berde.
Una pieça de tejido con dibuxos raros de XXII varas.
Otra pieça de tejido de ilo de oro, también de XXII varas.
Otra pieça de tejido de color roxo y franja verde, XII varas.
XVI bolillas de piedra berde, como nueces, una con otra, en una
caxeta de madera muy bien trabajada.
II caxa. Pieça grande de tejido, al parescer lana de color leonado con lista
roxas, muy fino e sutil, en todo XXXV varas.
Otro troço de la misma tela de XIV varas.
Otra pieça de tela de oro en la dicha, XXII varas.
III caxa= Dos pieças de algodón fino, entre las dos XV varas.
Parte de abaxo de una ara de ídolo de plata sólida fina.
Varias pieças de la falsa creencia de los indios, de oro.
Un saquillo de media libra cada, de arenas de oro.
IIII caxa.- Quarentta y dos barretas de plata fundida y moldeada aquí
cada una de dos libras de peso ensayado fino.
V caxa.- XXIV flechas de xeques, arcos, y ajabas y pullas y diferentes armas
todo de gran balor.
VI caxa =. Quatro paños grandes echos con texido de oro por la traza del padre
Jhoan Suarez de la Merced y baste para montarlo de madera finas
y azendillas a la xunta.
E hay dos caxas chicas llevan ajofar, y entre ellas un caracol de
oro y tres conchas de plata labradas muy curiosamente.
De todo lo cual se aze cargo conjunto de entregar fielmente, y o
bligándose a ello quanto en derecho pudiese.
Y firma y comprueba ante
nos el escribano y contralor en esta villa de Xochimilco, a dos
días del mes de mayo año de Nuestro Señor, mill e quinientos veinte y seis.
Diego de Orgaz.
Antero la Fuente, escribano.
Alonso Alaminos Salazar, contralor.
Debo el conocimiento de este documento inédito a Alicia Bardón. La casualidad ha querido que el acceso a él, trascrito por Asma Bouhrass, haya coincidido con las desafortunadas palabras del ministro Albares a propósito de la conquista del Imperio mexica por los españoles capitaneados por Hernán Cortés cuya hueste, repitámoslo una vez más, fue engrosada por miles de guerreros indígenas que vieron en los barbudos la posibilidad de sacudirse la tiranía que tenía su capital en Tenochtitlan.
Cuando el escribano Antero la Fuente estampó su firma, Hernán Cortés ya había vuelto de su desastrosa expedición de castigo a Las Hibueras, selva en la que se adentró para sofocar la rebelión de Cristóbal de Olid, al que no pudo hacer justicia, pues otros españoles se la habían hecho, decapitándolo en la plaza de Naco el 16 de enero de 1524. A la vuelta de aquel viaje, en el que se le dio por muerto, Cortés supo que se le había abierto juicio de residencia. Ello explica el rápido envío de esos regalos a la Corte, a los que siguió su Quinta Carta de Relación, fechada el 3 de septiembre de ese mismo año, en el que expresaba su deseo de que «Vuestra Majestad sea muy cierto de mi limpieza y fidelidad en su real servicio».
En cuanto al envío, destaca en él «una ara de ídolo de plata sólida fina» y «varias pieças de la falsa creencia de los indios, de oro». O lo que es lo mismo, pues quien hace el envío es Ordás, la común idea que los españoles tenían de la que denominaban idolatría de los indios constituía un error. Visión inaceptable para un relativista cultural, la de aquellos hombres era unánime: sólo existía un Dios verdadero, incompatible con aquellos dioses zoomorfos que exigían un tributo de sangre.
Destaca en la misiva el hecho de que Xochimilco, en cuyas aguas siguen navegando embarcaciones de recreo, ya se había constituido como villa, y se había dotado de escribano y contralor, es decir, de veedor, figura, ambas, que siempre formaban parte de las expediciones españolas y que permiten acceder a aquel tiempo gracias a la ingente cantidad de documentación que produjo el imperio español. De hecho, apenas tomada la ciudad de Tenochtitlan, Diego de Ordás se apresuró a enviar a la Corte un memorial de méritos, entre los que destaca su participación en la búsqueda de cristianos cautivos en Cozumel, expedición que permitió incorporar a Jerónimo de Aguilar al contingente español. Aguilar, por su condición de lengua, es decir de intérprete del maya, fue muy útil en adelante. Ordás, por medio de un intérprete nativo, fue el primero en leer el requerimiento de obediencia a la Corona a los indios asentados en las orillas del río Grijalva. El diálogo se saldó con un feroz ataque de estos.
En el documento citado aparece la hazaña protagonizada por Ordás que, junto a otros diez españoles y unos indios porteadores, subió hasta casi alcanzar la cima del volcán Popocatépetl, desde cuyas alturas, coronadas por «gran bulto de humo», fue el primer español en ver la ciudad lacustre de Tenochtitla, que tanto maravilló, hasta evocar las escenas del Amadís, a los castellanos. Aquella audacia, que en 2015 dio lugar a la película Epitafio, de Rubén Ímaz Castro y Yulene Olaizola, quedó plasmada para siempre en el escudo de armas de Ordás, en el que aparece la imagen de un volcán que los veteranos de Italia compararon con el Etna. Ordás fue también el primero en ser enviado fuera de la ciudad de Tenochtitlan y llegó hasta la desembocadura el río Coatzacoalcos, tierras en las cuales, el papel –Informaciones: Diego de Ordas – Archivo General de Indias, SANTO_DOMINGO,9,N.5– así lo dice, estableció alianzas… con los «enemigos de Moctezuma». Lo cual demuestra lo ya sabido: que el mundo al que accedió Cortés no era un paraíso sino una realidad convulsa, violenta, en la cual, por cierto, la esclavitud era algo común.
Ordás peleó bravamente contra la rebelión de los mexicas desencadenada tras la matanza de Templo Mayor y perdió uno de sus dedos, así como un caballo y una yegua, durante la Noche Triste. En aquella catastrófica salida de la ciudad, acaecida el 30 de junio de 1520, Ordás marchó en vanguardia. Restablecido de sus heridas en Tlaxcala, el zamorano jugó un importante papel en la reconquista de la ciudad y aún le quedaron fuerzas para ir a España en 1530 para obtener la capitanía general y el adelantamiento de las provincias que van del río Marañón hasta el cabo de la Vela. Los nombramientos le fueron dados en Madrid el 20 de mayo de 1530.
El 23 de junio del año siguiente, Ordás fue el primer europeo en remontar el Orinoco en pos de una fabulosa tierra llamada Meta. Sin poder alcanzarla, tras ser encarcelado por el conquistador Pedro Ortiz de Matienzo y ser liberado por la Audiencia de Santo Domingo, Ordás murió el 22 de julio de 1532 mientras navegaba hacia España para reclutar nuevos hombres con los que alcanzar su sueño. Su cadáver descansa en algún lugar del Océano.
Sirvan estas notas para dar una pincelada de crudo realismo a los indoctos desahogos presidenciales mexicanos y españoles.