Paracuellos 1936: las claves de un pasado en la sombra

Entrevista con el investigador José Manuel Ezpeleta sobre una masacre que fue planificada y organizada y que ahora ignora la memoria oficial

Con el investigador e historiador José Manuel Ezpeleta analizamos los hechos acontecidos en Paracuellos de Jarama en el año 1936. Con una base documental construida durante décadas de investigación en archivos históricos, Ezpeleta aborda la organización de las sacas de presos en el Madrid en guerra, el número de víctimas enterradas en el Cementerio de los Mártires, las responsabilidades dentro de la cadena de mando de la época y los debates historiográficos que todavía suscita este episodio noventa años después.

El Gobierno de Sánchez, en concreto el ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, dirigido por Ángel Víctor Torres, rechazó declarar Paracuellos lugar de memoria pese a los miles de asesinados que ahí permanecen porque, según ellos, carece de relevancia histórica…

El actual Partido Socialista Obrero Español, como sectario que es, aplica su propia ley de Memoria Democrática sólo a todo aquello que le es favorable, incluidos aquellos lugares donde la «represión franquista» tuvo lugar, dejando a un lado los otros lugares de la represión de los gobiernos republicanos durante la Guerra Civil.

No extraña el silencio alrededor de Paracuellos viendo la obcecación a mantener oculto que en ese cementerio hay tantos españoles enterrados. Igualmente ocurre con los edificios que albergaron las checas más cruentas de Madrid, que carecen de placas informativas. ¿Omitir todo esto supone una distorsión deliberada de la Historia?

La Historia es la que es, y no se puede cambiar a favor de intereses partidistas. Lo que allí ocurrió nunca será reconocido por las izquierdas españolas, y lo que es peor, el olvido sistemático por parte de los españoles con el paso del tiempo. Esto explica el nulo interés por poner placas en aquellos lugares donde se asesinó de forma deliberada a tantos inocentes. Al contrario, desde hace tiempo, alcaldes socialistas pusieron placas en las fachadas de sus ayuntamientos rememorando a sus antecesores de 1936 a 1939.

¿Por qué sucede todo? ¿Cuáles fueron los desencadenantes estratégicos? ¿Respondía Paracuellos a una estrategia política para eliminar, de forma preventiva, a toda la élite intelectual, militar, religiosa y profesional que pudiera oponerse al Frente Popular?

Paracuellos representa la culminación de una revolución puesta en marcha con la llegada de la II República y que con la formación del Frente Popular, a través de las elecciones de febrero de 1936, sólo faltaba ejecutarla. Mire, a modo de ejemplo de cómo el proceso revolucionario tenía ya sus consignas durante la campaña electoral iniciada en 1936. El día 22 de enero, el socialista Francisco Largo Caballero dijo en un mitin en Madrid: «Si algún día varían las cosas que las derechas no pidan benevolencia a los trabajadores. No volveremos a guardar las vidas de nuestros enemigos, como se hizo el 14 de abril… Sí aquellas no se dejan vencer en las urnas, tendremos que vencerlas por otros medios hasta conseguir que la roja bandera del socialismo ondee en el edificio que vosotros queráis».

El día 26 del mismo mes, Largo Caballero pronunció en Alicante un discurso, refiriéndose a las próximas elecciones declaró: «Las elecciones no son más que una etapa en la conquista y su resultado se acepta a beneficio de inventario. Si triunfan las izquierdas, con nuestros aliados podemos laborar dentro de la legalidad. Pero si ganan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada. Yo deseo una República sin lucha de clases; más para eso es necesario que desaparezca una de ellas. Y esto no es una amenaza, es una advertencia; y que no se diga que nosotros decimos las cosas por decirlas: nosotros las realizamos».

El 2 de febrero en Valencia, en otro discurso, señaló: «La clase trabajadora tiene que hacer la revolución… Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen si los excesos de la revolución se extreman hasta el punto de no respetar cosas ni personas».

Más tarde, el alcalde de Alicante llegó a declarar lo que había que hacer a la hora de votar: «El 16 de febrero no dejéis votar a las beatas ni a las monjas; cuando veáis a alguien que lleve en la mano una candidatura de derechas, cortarle la mano y rompérsela en las narices y se la hacéis comer». Con el inicio de la Guerra Civil se dio rienda suelta con la intención de eliminar a todo aquel que consideraba desafecto o enemigo al régimen republicano, mezclado con un anticlericalismo radical para extirpar de raíz todo signo religioso. Así lo manifestó el diario socialista-anarquista Solidaridad Obrera, el 15 de agosto de 1936: «Hay que extirpar a esa gente. La Iglesia ha de ser arrancada de cuajo de nuestro suelo». La revolución social y antirreligiosa, desencadenada apenas un mes del inicio de la guerra, ya era una realidad que duraría hasta el final.

Los fusilamientos se concentraban en las primeras horas del día, con la penumbra del alba…

En uno de los primeros días del mes de noviembre de 1936, el Partido Comunista Español junto con los asesores soviéticos en Madrid, tomó la decisión de trasladar a los militares presos de las cárceles de Madrid a Valencia para que no se unieran a las tropas «nacionales» si la capital era tomada. Esta decisión se conocía en el interior de las cárceles y prisiones por las milicias y comités que las custodiaban, lo que explica que los presos llevaran sus pocas pertenencias al ser llamados y despojados antes del inicio de las expediciones o sacas, ya que estas, desde su formación hasta su llegada al grupo de pinos del cementerio de Paracuellos, podían tardar hasta diez horas por término medio, pues durante el trayecto tenían que pasar varios controles con sus respectivas contraseñas.

Con un profundo estudio de la inmensa documentación existente, todas las sacas fueron planificadas con toda la logística requerida, tanto humana como de medios materiales. Pensemos que para tal fin hacía falta toda una estructura gubernamental apoyada por todos los partidos políticos y sindicatos del Frente Popular.

El 6 de noviembre el Gobierno de Francisco Largo Caballero abandona Madrid rumbo a Valencia, dejando el control en manos de la Junta de Defensa de Madrid, ¿fue ese momento de transición y aparente descontrol institucional la oportunidad política para que JSU y el PCE ejecutaran las sacas? ¿Cómo sitúa usted la jerarquía de responsabilidad desde el Gobierno de Largo Caballero hasta el ministerio de la Gobernación con Ángel Galarza y Santiago Carrillo como consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid?

Este día ante el vacío gubernamental que dejó el Gobierno en la capital al marcharse a Valencia, el Ministerio de la Gobernación y con ello la Dirección General de Seguridad, quedaron, entre otros, en manos de la socialista Margarita Nelken. Ella fue la que, dueña del «descontrol» y con su grupo de trabajo en la D.G.S., conformó las primeras listas de presos, que deberían ser evacuados a Valencia, poniendo en marcha las sacas del día 7 de noviembre con las directrices del Partido Comunista y las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), aparte de los socialistas y anarquistas.

Al formarse la Junta de Defensa de Madrid por mandato de F. Largo Caballero, y presidida por el general José Miaja para la defensa de la capital, se conformó con la participación de todos los partidos y sindicatos del Frente Popular, y compuesta por diferentes Consejerías, entre ellas la de Orden Público con Santiago Carrillo Solares al frente y José Cazorla Maure como suplente. Una de las primeras decisiones de Carrillo fue la creación de un nuevo organismo denominado Consejo General de la Dirección General de Seguridad, al que incorporó como vocales a los jefes de las checas de Madrid y del Comité Provincial de Investigación Pública. Es decir, este Consejo funcionó en paralelo a la D.G.S. del Gobierno. Por lo tanto, Santiago Carrillo fue el máximo responsable de las cárceles de Madrid, nombrando como hombre de confianza al socialista Segundo Serrano Poncela como Delegado de Orden Público, cargo equivalente a Director General de Seguridad. En razón de este cargo, las listas de presos llevaban su firma, aparte de otras listas firmadas por policías de la checa de Fomento, que dependían del C.P.I.P.

Estos, más los componentes de toda la organización que Santiago Carrillo creó para su Consejería, son los responsables directos de las sacas y asesinatos en Paracuellos. Esta Consejería enseguida nombró sus comisarios políticos en las doce comisarías de Madrid, no habiendo más autoridad que la del Comité Provincial de Investigación Pública con sus ochenta brigadas de milicianos, muchos de ellos responsables directos en los fusilamientos de Paracuellos de Jarama, más los integrantes de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia creadas en septiembre del mismo año.

Carrillo reconoció en entrevistas en la Cadena Ser y en El País en 2005: «Incluso en algún caso yo he tenido que eliminar a alguna persona, eso es cierto». Y lo justificaba bajo el paraguas de la supervivencia, cuando en Paracuellos se ejecutó a menores de edad, civiles desarmados, mujeres, enfermos… muy peligrosos no parecían para su supervivencia

Santiago Carrillo siempre dio una versión diferente y exculpatoria, según el medio que le entrevistase y, por supuesto, cambiando sus versiones mintiendo al entrevistador. El confirmó que eliminó a alguna persona, pero nunca reconoció su responsabilidad en el asesinato de miles de personas en Paracuellos.

En realidad se puede decir que aquello fue una limpieza ideológica y religiosa, aunque muchas de las víctimas fueran menores de edad, pues en aquella época los valores morales y religiosos de los jóvenes estaban íntimamente asociados a sus padres, y donde iban estos, ellos les acompañaban. Esto explica el número de menores asesinados en Paracuellos.

Existe aún hoy la discrepancia de cifras en torno al número de víctimas. ¿Cuáles son las cifras exactas que usted ha verificado documentalmente? Dado que nunca se han abierto las fosas, sabemos que las cruces que vemos hoy no marcan el lugar exacto del cuerpo de cada víctima…

A lo largo de los años, historiadores y escritores han hablado de diferentes cifras de asesinados, todas ellas inexactas y, en algunas ocasiones, muy exageradas. El tema de las cifras con respecto a las víctimas es complejísimo a la hora de su estudio, ya que gente que en principio lo fue en Paracuellos, en realidad fue asesinada en otros lugares, y por el contrario, gente de otras localidades de fuera de Madrid con destino a las cárceles fue asesinada en Paracuellos sin pasar por ninguna prisión.

Hasta la fecha y en continua revisión, la cifra de asesinados en el cementerio de Paracuellos es de 3.750, ya que no todos los fusilados salieron de las cárceles de Madrid, a la que hay que añadir 403 restos exhumados de un total de 414 procedentes de Soto de Aldovea, Torrejón de Ardoz, entre 1939 y 1940, más 200 de otros lugares de Madrid, previamente identificados.

Con respecto a las actuales cruces que se pueden ver en el cementerio, sólo representan a un 10%  como máximo, y su posición es aleatoria en función de la fecha de la muerte.

El abanico de profesiones y extracciones sociales era amplio. Más allá de militares y religiosos, hubo médicos, abogados, empleados de comercio, escritores, que terminaron en los autobuses camino de Paracuellos.

Como usted muy bien dice, las profesiones y oficios son de todas las clases, siendo muchos de ellos miembros de Acción Católica o de la Adoración Nocturna, aparte de los sacerdotes y religiosos. Hubo denuncias, delaciones vecinales, antiguas venganzas, etc, por pertenecer a un partido político u organización sindical de derechas. Gente que se ocultaba en domicilios particulares o pensiones y que, al ir a realizar un registro, fue detenida, incluso milicianos que por rencillas internas o venganzas personales también lo fueron, sin contar todos aquellos militares en activo o retirados por la ley de Azaña.

Han aparecido nombres de personas afiliadas a la UGT o con un pasado vinculado a la izquierda. ¿Cómo se explica que el propio aparato del Frente Popular terminara enviando a Paracuellos a miembros de sus propias organizaciones?

Con la formación del Frente Popular se conformó una amalgama de documentos acreditativos a los partidos políticos y organizaciones sindicales. Los más numerosos e importantes fueron los de la UGT y CNT. Ahora bien, hubo miles de personas como empleados de fábricas, empresas, comercios, etc. que, a raíz de las huelgas generales que se desarrollaron durante la II República, se vieron obligados a afiliarse por la sencilla razón de que era necesario para poder trabajar. Esto implicaba quedar inscrito y colaborar con una cuota mensual, pero hay que señalar que hubo miles de trabajadores que, sin saberlo, fueron inscritos por sus patronos o dirigentes sindicales. Esto explica que cuando estalló la Guerra Civil cientos de ellos fueron detenidos por pertenecer a estos sindicatos o partidos políticos, sin que ellos tuvieran conocimiento de ello siendo detenidos, juzgados y fusilados. La mayoría de los casos con carnet de UGT y CNT, anteriores al 18 de julio de 1936, lo fueron por venganzas personales entre ellos, como los oficiales de prisiones de la cárcel Modelo o Celular, que a partir de los sucesos del 23 de agosto de 1936 no compartieron sus ideales políticos o revolucionarios con los demás comités dueños de toda la Modelo.

A diferencia de lo que ocurre en otros lugares bajo las leyes de la memoria histórica, en Paracuellos nunca se ha exhumado ningún cadáver para su identificación o traslado, ¿a qué es debido?

Del cementerio de Aravaca nunca se exhumó y trasladó a nadie a Paracuellos. Sí de otros cementerios y fosas comunes, tanto de la capital como de pueblos próximos a Madrid. Nunca hubo exhumaciones, allí permanecen. Sólo en los años cuarenta se propuso exhumar a todos para su posterior traslado al Valle de los Caídos, pero esto nunca se produjo por el volumen de personas, el coste económico más la negativa de los familiares por escrito, entre otras cosas.

Las instituciones ignoran una realidad que la tierra misma no puede ocultar, la tierra grita…

Como le decía, jamás ha habido exhumaciones, por lo tanto allí permanecen los restos de todos ellos y, en ocasiones, los conejos al hacer sus madrigueras sacan huesos y otros objetos enterrados con las víctimas.

Los actuales grupos de pinos, donde eran bajados de los autobuses y camiones los presos, conservan en su interior los proyectiles de la época dando un silencioso testimonio de lo allí acaecido.

Teniendo en cuenta que en las listas hay ancianos, mujeres, periodistas, obreros de la UGT y menores de edad, que no tienen pinta ninguna estas personas de formar una organización armada, ¿por qué el aparato del Estado necesitaba construir el mito de la «quinta columna»?

El término «quinta columna» comenzó a difundirse en octubre de 1936 según expresión del general Emilio Mola al hacer referencia a que había ya cuatro, que eran las compuestas por militares que avanzaban hacia Madrid, quedando una quinta en las cárceles y compuesta de militares detenidos después del alzamiento. Con este término también se catalogaba a aquellas organizaciones clandestinas de derechas, que se dedicaban a proporcionar escondites en domicilios particulares a personas y a dar ayudas materiales a los presos en las cárceles de la capital, entre otras actividades. Incluso hicieron de enlace entre los refugiados en las distintas embajadas y legaciones diplomáticas con sus familiares de fuera de Madrid.

Como organización ya plenamente establecida funcionó en los años siguientes. Otra cosa es que este término se usara por el aparato del Gobierno para clasificar e identificar al enemigo político como desafecto con el fin de eliminarlo, por lo que la mayoría de las milicias se tomaron la justicia por su mano deteniendo y asesinando a todos aquellos sospechosos de pertenecer a dicha organización.

¿Se puede hablar de la intervención de asesores soviéticos o tácticas estalinistas? ¿Hasta qué punto Paracuellos fue una réplica directa de las purgas revolucionarias de la URSS? 

El Partido Comunista Español junto con el Socorro Rojo Internacional, entidad sustentada por la Unión Soviética, fueron los grandes pilares durante la II República para consolidar la revolución del proletariado en España. Sentaron las bases de la lucha de clases y de las organizaciones obreras, con el ascenso y consolidación del Partido Comunista con José Díaz a la cabeza. Con el inicio de la Guerra Civil, el Gobierno de la República estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, dando resultado a que en agosto de 1936 llegara a Madrid el embajador ruso M. Rosenberg y se establecieran una serie agentes soviéticos en la capital con la intención de ayudar y dirigir al gobierno republicano en el terreno militar y civil, entre otras misiones. Entre los asesores soviéticos estaban los conocidos como periodistas e informadores, incluso altos cargos políticos fueron enviados para dirigir y colaborar con la futura ayuda soviética al ejército de la República.

La intervención de estos asesores y el personal soviético, junto con el Partido Comunista de España, fue esencial, aparte de los socialistas y anarquistas, para poder realizar los fusilamientos en Paracuellos. Cuando se estudian las sacas o expediciones de los tres primeros días –7, 8 y 9 de noviembre–, enseguida emerge el operativo soviético como organizador de las sacas, cosa que después, por la inercia, ya no aparecen en las demás expediciones, siendo las sucesivas sacas hasta el 4 de diciembre organizadas y ejecutadas principalmente por socialistas.

De estas ejecuciones, los diplomáticos que quedaron en Madrid jugaron un papel fundamental en la elaboración de listas de presos copiadas de los listados de extracciones en las cárceles de Madrid, con el beneplácito de sus directores y por medio de la Cruz Roja Internacional estas listas lograron llegar a su sede en Ginebra.

En las cárceles o en los calabozos de las checas se celebraban misas clandestinas, incluso se consagraba pan y vino de contrabando. Algunos sacerdotes escondían las formas consagradas entre sus ropas para, camino a Paracuellos, distribuir la comunión a los que iban a morir, ¿qué testimonios guarda sobre esto?

El tema de la vida religiosa en las cárceles, así como en los domicilios particulares, es de suma importancia para comprender el porqué tantos aceptaron el martirio una vez llegado el momento de salir hacia Paracuellos u otros lugares.

Dentro de las cuatro cárceles –Modelo, Porlier, San Antón y Ventas–, hubo actos religiosos en la clandestinidad. En las celdas, en el caso de la Modelo, así como en San Antón en sus habitaciones, puesto que era un colegio, hubo Misas Secas, es decir, no había consagración por carecer de vino para consagrar. Se rezaba el rosario junto con los sacerdotes o religiosos compañeros de celda. También se confesaban y hasta se comulgaba en Porlier. Es un capítulo que explica la vida religiosa y cotidiana en cada cárcel. En muchos casos, los presos recibían la absolución antes de salir de la cárcel o en el mismo lugar del Martirio en Paracuellos.

Sobre la Hermandad de Nuestra Señora de los Mártires de Paracuellos, ¿es cierto que Francisco Franco mantuvo cierta distancia? Llama la atención respecto al Valle de los Caídos. ¿Cómo se explica este contraste frente a los dos mayores símbolos del dolor en España? ¿Pesó la voluntad de los familiares?

Hasta la fecha yo no tengo constancia oficial de que el general Franco visitara el cementerio de Paracuellos. No creo que la voluntad de los familiares tuviera algún peso. Simplemente, durante todos aquellos años, el Estado estaba en otros menesteres y había que perdonar y mirar al futuro.

Después de décadas investigando, ¿considera que todavía quedan documentos ocultos o archivos privados que podrían aportar datos nuevos o la radiografía documental de Paracuellos está ya completamente cerrada?

Puede que queden documentos en diferentes archivos por consultar, pero el grueso y lo principal, aparte de nuevos datos que puedan aparecer, ya los tengo consultados.

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