Un regalo para los republicanos

La derrota de Trump, que frenará la renovación demócrata, podría ser una oportunidad de cara a las elecciones presidenciales de 2028

Hay una fascinante encuesta que encargó Fox News hace unos días, preguntando a votantes estadounidenses por su nivel de preocupación respecto a diferentes asuntos. La encuesta ganó cierta fama entre medios izquierdistas y globalistas – yo la vi reportada en el Financial Times de Londres – porque la mayor preocupación del votante resulta ser la corrupción en el gobierno.

Esto nos suena en España, ¿verdad? De hecho, si uno pregunta en casi cualquier del mundo, quitando agujeros negros tipo Venezuela y el Congo donde la mayor preocupación es “que no me violen y me maten cuando vaya a comprar el pan ahora después de responder la encuesta”, la mayor preocupación del votante será la corrupción. Es algo casi inevitable, y que se aplica desde las cleptocracias socialistas tipo España hasta los estados modélicos donde también a veces cuecen habas, como Singapur.

Para el Financial Times y muchos otros medios, sin embargo, la encuesta de Fox News (recordemos, la cadena favorita de Donald Trump y fuente de mucha de la información que el presidente estadounidense recibe) es una indicación del rechazo que genera la presidencia republicana en EEUU, y esa interpretación se ve reforzada por la segunda mayor preocupación del votante según la misma encuesta: un 88% de los votantes encuestados están “extremadamente o muy preocupados” por la corrupción, sí, pero un 85% lo están por la inflación y los precios altos, y un 83% por los precios de la gasolina.

De eso también sabemos en España. En nuestro país, como en otros de Europa, la culpa de la inflación y precios altos es de la combinación de las guerras en Ucrania e Irán (desde luego, no todas culpa de Trump) y también de la política energética suicida de la Unión Europea y de los dos únicos gobiernos del planeta empeñados en extinguir la energía nuclear: los de España y Alemania.

Al final, la encuesta de Fox News realmente explica a la perfección lo que ocurrió en las elecciones “Mid-terms” que se celebraron en EEUU para renovar la mitad de los escaños en el Congreso y muchos puestos en diversos estados. La gente está preocupada por la corrupción, porque siempre lo está, y por subidones de precios relacionados con la política externa, de los cuales al menos en parte se puede culpar a Trump. Así que su Partido Republicano se llevó un revolcón histórico, probablemente el mayor de la historia.

Ahora bien: a estas alturas de la película cualquier politólogo de medio pelo sabe que las elecciones “Mid-terms” han sido tradicionalmente una expresión del voto de protesta. Los dos presidentes demócratas más populares desde John F. Kennedy, Bill Clinton y Barack Obama, registraron importantes derrotas en “Mid-terms” por votos de protesta. La primera de Obama, en 2010, fue descrita por el propio presidente como “topetazo”.

¿Y saben qué ocurrió después del topetazo de Obama en 2010? Que ganó la reelección en 2012, aplastando a los republicanos. Es importante entender que los votos de protesta son así: el centrista mosqueado se pasa al otro lado, el leal decepcionado pasa de votar, y el que siempre va a votar a los suyos hace lo que siempre hace. No tienen por qué cambiar tendencias coyunturales o subyacentes.

Al final, esta victoria electoral va a ser un regalo envenenado porque va a frenar el proceso de regeneración del Partido Demócrata. Bajo un pobre tipo senil que no sabía en qué año vivía como Joe Biden, los demócratas se radicalizaron extremadamente, hasta el punto de ir a las elecciones de 2024 con una candidata, Kamala Harris, elegida solo por no estar senil, ser mujer y por ser (medio) negra, en lo que viene a ser la reducción al absurdo de la moderna política identitaria que domina la izquierda, lo que llamamos “wokismo”.

Trump, que venía de haber ganado su primer mandato contra otra mujer que además era quizá el peor candidato a la presidencia de la historia por lo extremadamente antipática que resulta a todos (Hillary Clinton) magnificó su victoria en 2024 porque Kamala es una persona con muy pocas cosas en la cabeza y ninguna que tenga sentido, y el votante lo entendió.

Durante estos dos años, ha habido un periodo de reflexión en el que los demócratas han considerado si deberían volver un poquito al centro para recuperar la presidencia, conteniendo sus instintos woke. Esta semana, el filósofo Curtis Yarvin explicó este debate de forma gráfica y concisa, en términos que se podrían aplicar igualmente a la izquierda española:

El Partido Demócrata también ha entrado en una nueva fase. Salvo en el periodo comprendido entre 1941 y 1945, su dinámica habitual ha consistido en un juego entre «moderados» y «radicales». Nunca ha existido un conflicto moral real entre estos grupos. Más allá de las simples pugnas personales, la postura de los «moderados» siempre ha sido: «¡Idiotas, no asustéis a las ovejas!», a lo que los otros responden: «¡Idiotas, ¿por qué les tenéis miedo a las ovejas?!». Los radicales han ido ganando esta disputa, poco a poco pero con paso firme. Y ahora han ganado.

Esa es la clave: los radicales han ganado. Gente como Gina Hinojosa, una latina que será la nueva gobernadora del Texas, uno de los estados más conservadores de EEUU, y viene a ser una versión yanqui de Irene Montero, súper a favor de la inmigración masiva y de que un señor con un pene como un castillo se cambie en el vestuario de tus hijas, porque quiénes somos nosotros para cuestionar su identidad de género.

Esta gente se va a pasar dos años asustando a las ovejas. Con sustos de verdad, con propuestas de redistribución de riqueza y de cuotas raciales en trabajos y universidades, con peticiones para ayudar a Hamás en lugar de a Israel, con nuevos planes para destituir a Trump por el motivo que se les ocurra. Habrá rezo islámico en el Congreso y acusaciones penales contra los que se opongan a la importación en masa de más inmigrantes ilegales a los que regalarán papeles con leyes de nietos o lo que se les ocurra. Habrá una destrucción acelerada del tejido industrial y una depauperización generalizada de la clase media. Al que quiere gasolina más barata le van a añadir impuestos a los carburantes, para que vean a quién han votado.

Y, en noviembre de 2028, habrá un candidato radical demócrata soltando discursos woke que tendrá que conceder la derrota ante quien sea el candidato republicano que suceda a Trump. ¿Y saben por qué? Porque los reporteros progres que escribieron sobre la encuesta de Fox News se olvidaron de decirles que hay más preocupaciones de los votantes, y que el 73% está muy o extremadamente preocupado por el crimen, el 66% lo está por la inmigración y el 56% por la seguridad de las fronteras.

Madrid, 1973. Tras una corta y penosa carrera como surfista en Australia, acabó como empleado del Partido Comunista Chino en Pekín, antes de convertirse en corresponsal en Asia-Pacífico y en Europa del Wall Street Journal y Bloomberg News. Ha publicado cuatro libros en inglés y español, incluyendo 'Podemos en Venezuela', sobre los orígenes del partido morado en el chavismo bolivariano. En la actualidad reside en Washington, DC.

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