España vive tiempos convulsos. A la crisis económica, corrupción, paro, degradación de los servicios públicos o el problema de la vivienda, se une un grave problema de seguridad con una inmigración ilegal desbordada, una cada vez más alta estadística de criminalidad, delitos sexuales –crecieron un 44%– y agresiones sexuales con penetración que han experimentado un aumento del 160%. Asimismo, delitos graves y menos graves –lesiones y riñas tumultuarias que se han elevado hasta un 62,8%–, sin olvidar la amenaza yihadista y el crimen organizado. Todo ello está provocando que los ciudadanos se muestren más preocupados, con una indignación cada vez más manifiesta, ya que este escenario criminal está transformado nuestras calles rompiendo la convivencia y dinamitando la seguridad.
Samuel Vázquez, portavoz nacional de Seguridad, Inmigración e Interior de VOX y presidente de la asociación Una policía para el siglo XXI, reflexiona sobre los grandes retos a los que se enfrenta España y lo urgente que es replantearse el modelo policial actual.
A diario llegan noticias de agresiones y violaciones –Alcalá de Henares, Alhama (Murcia)…–, riñas, ataques indiscriminados… ¿Estamos llegando a un límite que indica que hay que poner freno a esto de una vez?
Claro que tenemos que poner freno a todo esto de forma urgente porque de no ser así acabaremos como Francia o Bélgica, países que nos llevan varias décadas de ventaja viviendo esta nueva realidad criminal. Tenemos que tener muy clara una cosa, y es que todo aquel que diga que la criminalidad ha bajado en España es una persona capaz de anteponer su ideología a la seguridad de sus propios hijos. El actual sistema estadístico de criminalidad es un insulto a la inteligencia porque no protege a nadie más que al discurso político y a los propios criminales. Llevamos años viendo cómo por más que aumenten exponencialmente los homicidios y las agresiones sexuales, los índices de criminalidad global se han mantenido negativos. ¿Y cómo es esto posible? Pues porque en el cómputo actual, una violación cuenta lo mismo que un hurto en Mercadona. Esto es un burdo maquillaje estadístico que ha servido durante décadas al bipartidismo para «presumir» de balances negativos al controlar la criminalidad cuantitativa, pero que ya está empezando a dejar de serles útil porque, desgraciadamente, el crimen se ha convertido en una profesión de éxito en España y es una realidad en la inmensa mayoría de nuestros barrios.
¿A qué nos estamos enfrentando? ¿De qué inseguridad estamos hablando? ¿Cuáles son, exactamente, los problemas que urgen solucionar en España?
Como bien decía anteriormente, la continuidad de nuestro actual modelo policial basado en la estadística y la propaganda es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos. No podemos seguir manteniendo un modelo anclado en una criminalidad de los 80 basada en atrapar a quinquis porque, sencillamente, esto es del todo ajeno a la nueva realidad criminal. Como se aprecia fácilmente, el yihadismo, los grupos criminales modernos, el narcotráfico internacional y la tecnificación de los delincuentes no tienen nada que ver con eso y son realidades criminales mucho más complejas. Por otro lado, y por más que el consenso progre se empeñe en ocultarlo mediática y estadísticamente, tenemos un grave problema con la inmigración ilegal desbordada en el tiempo y en el espacio, y la experiencia ha mostrado cómo las políticas de puertas abiertas tienen una relación directa con problemas de orden público y de seguridad. Y no nos confundamos, no es una cuestión de raza o de orientación sexual, es una cuestión de origen y cultura. De nada vale ya al consenso progre decir que los miles de hombres en edad militar que violentan nuestras fronteras vienen huyendo de la guerra porque está claro que no es cierto. En regiones como Cataluña los datos son demoledores. Allí, el 91% de las agresiones sexuales son cometidas por extranjeros pese a que representan –al menos oficialmente – el 17% de la población en la región. Los procesos de inmigración ilegal, masiva y descontrolada han transformado barrios, han roto la convivencia y han dinamitado la seguridad. Donde no hay ley ni autoridad, la violencia, la corrupción y el fanatismo campan a sus anchas.
Cuando hablamos de Seguridad, hablamos de un organigrama tanto para un país entero como un plan específico para cada ciudad. ¿En qué consistiría ese planteamiento de Seguridad que ofrece VOX?
El primer paso debe ser priorizar la perspectiva profesional sobre el criterio político. La protección y la seguridad de los ciudadanos deben prevalecer siempre por encima de los intereses de las estructuras de poder. Una vez consigamos acabar con el desconocimiento en ciencia policial y criminal de aquellos que ocupan los puestos de responsabilidad, se deben articular urgentemente una serie de cambios en el modelo operativo, el territorial y en los procesos de liderazgo. Por ejemplo, se tiene que acabar con el modelo policial estadístico y suplirlo por uno analítico que vaya al origen de cada problema para atajarlo de raíz, y pondere el crimen cualitativamente y no cuantitativamente. También urge mejorar las condiciones salariales y laborales de nuestros agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad, y dotarlos con equipamientos y medios suficientes para hacer frente a las nuevas realidades criminales. Además, es importante acabar con la losa burocrática actual y apostar por un nuevo modelo operativo capaz de dar respuesta policial real a todas horas durante todos los días del año. De nada sirve tener agentes en un despacho si no podemos asegurar una respuesta rápida y eficaz de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad en las calles. La formación adaptada a la nueva realidad criminal es otra de nuestras grandes fallas. El modelo se puede cambiar en seis años, aunque es algo muy técnico y difícil de explicar para alguien que no sea policía, yo puedo garantizar que estoy rodeado de los mejores, y que sabemos cuáles son las estrategias a implementar.
Está inspirado en medidas de otros países como Australia con «No way», por ejemplo, y ciudades como Nueva York. ¿En qué medidas se inspiran de otros países?
Está demostrado que unas fronteras fuertes salvan miles de vidas y acaban con el negocio y la trata de seres humanos. Los mismos del «Welcome Refugees», los del «corazón asín de ancho» o los de «son tan españoles como Abascal», son aquellos que con sus políticas de efecto llamada y de puertas abiertas están, por un lado, condenado a la inseguridad a los españoles y por el otro, permitiendo la proliferación de las mafias que trafican con personas. Lejos de seguir defendiendo falsas soluciones basadas en procesos de hacinamiento y sistemas de concentración temporales, urge poner en práctica soluciones realistas y señalar a los responsables que han convertido el Mediterráneo en un cementerio. En esta línea, vemos como ahora se habla mucho del efecto Meloni y su plan de externalización de puertos. Pero la realidad es que esto ya se desarrolló hace dos décadas en Australia con su conocida política «No Way» tal y como mencionas. Concretamente allí, externalizaron puertos en Nueva Guinea. Cuando las fuerzas de seguridad australianas interceptaban una embarcación con inmigrantes ilegales, la remolcaban directamente al puerto guineano. Esta medida permitió disuadir la inmigración ilegal desbordada, pero, por encima de todo, permitió acabar con miles de muertes en el mar. Además, el gasto de externalización resultó ser un tercio del gasto mantenido hasta entonces para sufragar las políticas de inmigración progresistas. Vemos que hay soluciones, lo que falta es voluntad política. Sólo VOX defiende el sentido común en materia de inmigración y de defensa de nuestras fronteras.
Existe, en general, un clamor de los ciudadanos ante lo que es un abandono hacia nuestras instituciones y un sentir generalizado de inseguridad. No sabemos, por ejemplo, ni en qué nivel de alerta terrorista estamos…
Creo que no muchos españoles son conscientes de que nuestra Nación lidera las detenciones relacionadas con terrorismo en Europa, cuestión que no dejará de empeorar de no enmendarse rápidamente. De hecho, vemos como cada año se incrementan exponencialmente las amenazas yihadistas en nuestro país y en el resto de la Unión Europea. Pero ni siquiera esta grave amenaza empuja a los líderes progresistas a reforzar la defensa de nuestras fronteras frente a la inmigración ilegal. Sólo en los últimos meses hemos visto como tenían lugar atentados yihadistas en Aschaffenburg, Niza, Mulhouse, Berlín… No se entiende cómo, ante un escenario como este, el gobierno de Sánchez continúa sin activar el nivel 5 de alerta antiterrorista. De hecho, «gracias» a una filtración, supimos que a finales de 2023 en España estaban registrados unos 300 lobos solitarios. Como comentaba antes, ya no funciona el «welcome refugees» ni el buenismo con «los niños que huyen de la guerra». El doble rasero del consenso progre es insostenible: tenemos un gobierno nacional y una comisión europea empeñadas en controlar todas las facetas de nuestra vida mientras permiten la entrada masiva de personas sin documentación y sin registro.
Nuestras Fuerzas de Seguridad están abandonadas por su ministro, a los policías del Sur les cierran su unidad contra los narcos… La sensación es de miedo, abandono, desánimo. No se está hablando claro de todo lo que esto conlleva…
El gobierno de Sánchez ha sido el peor enemigo para nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad. Desde su llegada al poder, las campañas de acoso y derribo a policías y guardias civiles han sido una constante por parte de miembros del gobierno y políticos de la izquierda. Es demoledor ver cómo mientras el narco asesina a guardias civiles en el Estrecho por falta de medios, Sánchez regala equipamiento de última generación a la policía marroquí. La misma impotencia nos producía hace apenas unos días la imagen de nuestros agentes de policía obligados a abandonar un hotel en Mallorca porque Interior no les pagaba el alojamiento. Ni unos, PP, ni otros, PSOE han tratado a nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad como merecen. Sin seguridad tenemos que comprender que nada funciona. Ni la economía, ni los servicios públicos ni el desarrollo social.
Explique, exactamente, de qué inmigración hablamos ¿Qué condiciones deben cumplir los inmigrantes que entran en España?
En VOX siempre hemos dicho el mismo discurso, no es nada nuevo. La permanencia legal de un extranjero en nuestra Nación debe estar supeditada a tres criterios ineludibles. El primero y básico vendría representado por la idea de que cualquier extranjero que quiera venir a España lo tiene que hacer de forma legal y ordenada. En ningún caso y bajo ningún concepto vamos a permitir la permanencia de aquellos que violenten nuestras fronteras y, por supuesto, no se destinará ni un euro de los españoles a sufragar gastos y ayudas sociales destinadas a aquellos que llegan ilegalmente. Además, ya hemos visto cómo hacer lo contrario es recibido con entusiasmo por los grupos criminales que trafican con seres humanos en África, aumentándose el número de muertes en el Mediterráneo. En segundo lugar, también tenemos que dejar claro que todo aquel extranjero que haya entrado de forma legal debe cumplir la ley. Estar viviendo aquí de forma legal no implica que, todo aquel que haga del delito su forma de vida, no sea expulsado de nuestras calles. A España se viene a aportar, pero en ningún caso vamos a permitir que nuestras calles se inunden de delincuentes de fuera. Por último y en tercer lugar, además de entrar de forma legal y cumplir con nuestras leyes, el que venga debe integrarse en nuestra cultura y en nuestras dinámicas sociales.
Parece que la gente no se ha dado cuenta de un detalle: la palabra «ilegal». Empezamos mal si entras ilegalmente. Ahí está una de las claves, en esa palabra, y en lo que conlleva posteriormente sobre beneficios y ayudas cuando no estás legalmente…
Efectivamente. Tenemos que llamar a las cosas por su nombre y actuar en consecuencia. El que entra violentando nuestras fronteras no puede ser recibido con honores, tiene que ser inmediatamente devuelto a su país. Sin embargo, vemos como el consenso progre prioriza el bienestar de los que entran ilegalmente al de los propios españoles. Si esto ya de por sí es grave, imagine en un contexto económico y social como el actual, en el que la mayoría de los españoles no puede llegar a fin de mes, acceder a una vivienda o encontrar un trabajo digno. Las tasas de pobreza y de riesgo de exclusión social han alcanzado cotas inimaginables para un país como el nuestro: lideramos el paro de la OCDE, lideramos, por la cola, las tasas de emancipación en Europa y nuestros servicios públicos son más propios del tercer mundo con listas de espera interminables o trenes e infraestructuras que nunca llegan la hora. Sólo VOX defiende la prioridad nacional en el acceso a cualquier ayuda pública.
Además, nadie piensa en que esto es poco menos que la ley de la selva, es inhumano. Las primeras víctimas son los inmigrantes, huidos de su hogar, saqueados por las mafias transportadoras, desembarcados en países con enormes cifras de parados…
Esto es, sin lugar a dudas, lo más serio. El falso buenismo de Europa está condenando a morir en el mar a miles de personas a la par que permite el lucro de organizaciones criminales que trafican con seres humanos en África. Es necesario señalar sin titubeos a los culpables y a los responsables de esta lacra en la que, sin duda, juegan un papel importante los líderes europeos que continúan fomentando el efecto llamada y las políticas de puertas abiertas. Vemos como nuestras costas del mediterráneo se han convertido en un gigantesco cementerio donde cada año mueren miles de personas y esto no puede continuar así un minuto más. Los inmigrantes que han llegado legalmente a trabajar, aceptando integrarse en nuestra cultura, son también perjudicados por el desborde de los recursos y la delincuencia. ¿Quién va a tener más miedo a que su hijo entre en una banda latina y aparezca un día muerto a machetazos, que una mamá hispanoamericana que no puede dedicarle todo el tiempo que querría, porque se pasa el día trabajando?
Francia, Alemania, países nórdicos… ¿Cómo estamos respecto a otros países y su tipo de inmigración? ¿Qué diagnóstico aventura sobre España?
La inmigración ilegal desbordada ha cambiado barrios y ha transformado países. Si atendemos al modelo comparado de muchos países europeos, vemos cómo llevan dos décadas haciendo frente a la nueva realidad criminal mientras en España apenas llevamos 6 o 7 años. El escenario es devastador. Países como Francia, Bélgica o Suecia tienen decenas de zonas «no go» donde impera la sharía y donde, por supuesto, la policía tiene limitado el acceso. Nosotros aún no hemos visto lo peor, pero si no hacemos algo inminentemente, el futuro que nos espera será muy negro. Es necesario actuar ya y actuar contundentemente.
En el reciente Congreso del PP se habló de política de inmigración, pero no aportaron ni una propuesta clara. Y eso que parece que ya se han dado cuenta de que hay que proponer soluciones y expresan el mismo discurso que lleva años diciendo VOX. ¿Qué valores y qué medidas propone VOX ante el problema de la inmigración masiva?
El PP ha demostrado ser una estafa para sus votantes y para el conjunto de los españoles. Llevamos años viendo como son expertos en teatralizar enfrentamientos mediáticos con Sánchez para después votar lo mismo. Son coalición en Bruselas, comparten agenda ideológica y han mercadeado durante décadas cargos y sillones en nuestras instituciones. Las políticas migratorias son europeas, aunque luego se ejecuten en cada país, y allí manda el PP, ganando una votación tras otra siempre en coalición con el PSOE. Como destacaba anteriormente, es imprescindible abordar este grave problema de forma estructural y sobre la base de los tres pilares fundamentales para hacer frente a la inmigración ilegal masiva y descontrolada: expulsión de todo inmigrante que violente nuestras fronteras y de todo aquel que estando de forma legal haga del delito su forma de vida, así como respeto a nuestra cultura y nuestra forma de vivir. Sin el cumplimiento íntegro de estas tres condiciones estamos abocados al fracaso como Nación.
En Murcia, por ejemplo, muchos ya comprueban que la política cumple su papel inicial: proponer soluciones y pensar en el bien del ciudadano. Hace unos días, VOX logró echar atrás la propuesta de comprar casas para menas que presentó el PP, ¿podemos estar optimistas en que otro tipo de política voluntariosa y que soluciona conflictos se puede hacer?
Por supuesto. Por lo que a mí respecta, el único motivo que me ha traído a la política es el de dejar una España mejor a mis hijos. Estamos acostumbrados a un bipartidismo apoltronado que sólo mira por su propio beneficio personal y que durante décadas se ha alternado en el poder con agendas ideológicas comunes. VOX es otra cosa. Está claro que sólo VOX se opone frontalmente y sin fisuras al gasto político superfluo y a las duplicidades administrativas, a la inmigración ilegal masiva y descontrolada, a las falsas fronteras entre españoles, al separatismo y a la islamización en nuestras calles. Por fortuna cada vez más españoles se unen al movimiento patriota que defiende VOX, especialmente los más jóvenes, algo que sin duda, muestra el hartazgo de una generación que vive peor que sus padres y sus abuelos pero, a la vez, es muy esperanzador ya que, muestra claramente cómo ni el adoctrinamiento ni las políticas woke van a conseguir frenar el sentido común.
Usted asegura que esta situación de caos sobre inseguridad, conflictos, ataques, sensación de estar desprotegidos, miedo, que vivimos actualmente se puede revertir, se puede solucionar. ¿Podemos terminar siendo optimistas? No se puede dilatar más esta situación, viendo la campaña que están ustedes presentando sobre el cambio en la demografía que se aventura en España…
Sólo podremos ser optimistas cuando se ponga fin a las políticas de puertas abiertas a la inmigración ilegal masiva y descontrolada. Mientras esto no se haga debemos estar muy preocupados. Y por supuesto no tenemos tiempo que perder. El cambio es urgente y no podemos esperar mucho más. Se estima que 1 de cada 3 niños nacidos en España tienen madre o padre extranjero, dato que, sin duda debe hacer que nos planteemos el futuro de nuestra Nación. En las provincias de Cataluña, esta cifra se eleva y llega a alcanzar en algunos territorios el 50% de los menores. Está claro que todo el mundo quiere venir a Occidente porque nuestra civilización es la más libre y próspera que ha conocido la historia, y precisamente por este motivo, tenemos el deber de preservar nuestra cultura. Cualquier extranjero que venga a nuestros barrios debe integrarse y hacer suya nuestra cultura y nuestras tradiciones, de otro modo, estamos abocados a terminar como Francia y como Bélgica.