Steve Sailer, el hombre que imaginó la América de Trump

Entrevista con el influyente periodista californiano sobre la actualidad de las relaciones entre Estados Unidos y Europa

A comienzos de los 2010, cuando Donald Trump era meramente un millonario estrella de televisión, un periodista californiano llamado Steve Sailer caviló lo que, en su honor, fue luego llamada la “estrategia Sailer”: la idea de que el Partido Republicano, en lugar de buscar desesperadamente el voto de la población de color, debía centrarse en ganar el apoyo de la clase baja y media-baja blanca que había sido durante décadas el sostén de la izquierda estadounidense.

En aquel momento, aquella estrategia fue ridiculizada por muchos. Sailer, aficionado a escribir sobre estadísticas de criminalidad que prueban que los negros estadounidenses (un 13% de la población) son culpables del 52% de los asesinatos en el país, no se ganó amigos al comienzo de la era Woke. Esto, combinado con su idea de que las élites estadounidenses habían desarrollado una estrategia de “invadir al mundo/invitar al mundo”, que al tiempo impulsaba el imperialismo más agresivo y la promoción de la inmigración ilegal, aseguró que Sailer fuera censurado por todas las plataformas informativas habidas y por haber.

Sin embargo, de un modo u otro, Trump acabó presidente en 2017 aplicando estrictamente la “estrategia Sailer”, como varios prominentes trumpistas han reconocido. Después, la compra de Twitter por parte de Elon Musk fue otro paso adelante: una vez que los antiguos dueños de Twitter ya no fueron capaces de censurar su alcance (algo que hacían sistemáticamente con mucha gente, servidor incluido) Sailer, después de una década en la que no pudo participar en eventos públicos por amenazas de violencia, salió del ghetto.

En 2023, Sailer publicó en EEUU su primera antología de artículos, Noticing, un libro que viene a ser un recorrido por todos los oscuros secretos del globalismo empezando en los años 90, desde las conjuras de la familia Bush para unir los destinos de México y EEUU hasta las aventuras de Joe Biden y su colorida familia, pasando por el creciente poder del lobby israelí y el impacto que tuvieron los neocon sobre la política exterior estadounidense. Cualquier editorial española que esté interesada en una visión auténticamente de derechas sobre EEUU desde EEUU tendría que considerar su traducción.

Esta capacidad que tiene Sailer para tocar todos los tabúes que el globalismo prefiere ignorar le ha convertido en una figura de culto entre la gente influyente en EEUU. Todo el mundo le lee. Todo el mundo le da la razón sobre muchas cosas. Muy pocos le citan en público, salvo para proclamar las típicas acusaciones de criptofascismo racista. Es curioso que, luego, uno se encuentra con él en persona y es un perfecto caballero californiano, que habla con gran precisión y clara dicción de persona acostumbrada a encontrarse mucha gente que no entiende su idioma en su propio país.

Como él mismo explica, su ideología no es compleja: es lo que denomina “ciudadanismo” (citizenism), la idea de que uno se debe a sus conciudadanos y debe poner los intereses de éstos por encima de los que no son conciudadanos. He ahí (expresada por primera vez en 2006) la ideología que luego popularizó Trump como “America First”. A Sailer le gusta mucho citar el preámbulo de la constitución estadounidense, en el que los Padres Fundadores expresan (con el habitual baile de mayúsculas propio de la época) su intención de “formar una Unión más perfecta, establecer la Justicia, asegurar la Tranquilidad doméstica, proveer a la defensa común, promover el Bienestar general y asegurar los Beneficios de la Libertad para nosotros y nuestra Posteridad”.

Esa defensa de la “Posteridad”, de los descendientes de los estadounidenses, por encima de los potenciales estadounidenses que puedan nacionalizarse en el futuro, es clave para Sailer y explica muchas de las posturas políticas que comparte con Trump: por ejemplo, la oposición expresada en 2003 a la invasión de Irak, que se convirtió en ejemplo más obvio de la alquimia de la política exterior estadounidense en el siglo XXI, haciendo que las bombas en Oriente Medio se conviertan en nuevos inmigrantes en las calles.

Es precisamente esa política exterior la que en fechas recientes está llevando a Sailer a ser más crítico con Trump de lo que fue en su primer mandato. En una entrevista reciente, Sailer me expresó su preocupación por el empeoramiento de relaciones entre Europa y EEUU que ha marcado el primer año del segundo mandato trumpista, y en particular su rechazo a las ambiciones trumpistas de hacerse con el control de Groenlandia.

A diferencia de muchos críticos de la Unión Europea, como yo mismo, Sailer piensa que la UE puede ser una herramienta efectiva para defender los intereses europeos y occidentales en general, y observa una clara dicotomía en la administración estadounidense entre los que creen que se puede trabajar en el marco tradicional UE/OTAN y los que buscan una división de zonas de influencia con Rusia y China:

“Algunos elementos dentro de la administración Trump tienen cierta visión geoestratégica del mundo. Así que se puede percibir la sensación de que, bueno, el mundo se dividirá en tres distritos hegemónicos, como en 1984, de Orwell, con Rusia en control de Europa y China dominante en Asia, y entonces Estados Unidos gobernando el Nuevo Mundo”, señala Sailer. “Pero Europa es la joya de la corona, especialmente Europa Occidental, es un lugar mucho mejor que Latinoamérica, y Rusia es una potencia hegemónica realmente patética”.

Fundamentalmente, Sailer cree que Rusia “no es digna de dominar Europa Occidental”, lo que estropea cualquier plan de división en zonas de influencia que Rusia, incluso si EEUU decidiera echarse atrás y dejar manos libres a Vladimir Putin, jamás podría implementar. Por otro lado, eso no quiere decir que haya de continuarse la política de hostilidad contra Rusia, explica Sailer:

“Esto no significa que debamos acosar a Rusia e intentar constantemente expandir las fronteras hacia el este. Me gusta Estonia, pero su frontera, ahora que forma parte de la OTAN, está a menos de 160 kilómetros de San Petersburgo. Los rusos miran el mapa y piensan: «Esto es bastante preocupante». Sería como tener el Pacto de Varsovia en Tijuana, México. Si eso ocurriera, EEUU querría sacarlos de allí. Así que no debemos dejarnos llevar por el potencial de Rusia, pero también debemos tener en cuenta sus preocupaciones sobre la existencia de estados tapón, etc. Por ejemplo, no necesitamos que Bielorrusia se una a la OTAN ni nada parecido”.

La solución del conflicto de Ucrania se le antoja compleja a Sailer, como a todo el resto del mundo, honradamente. Pero, más allá, a Sailer le preocupa incluso más otro conflicto que está observando entre nacionalistas de diferentes países. Para Sailer, la disputa sobre Groenlandia con Dinamarca y la eficiencia de la relación EEUU-UE es un perfecto ejemplo de las dificultades que afrontan los nacionalistas de diferentes países para coordinar sus respuestas contra los desafíos globalistas.

Para Sailer, “Dinamarca es prácticamente el aliado perfecto de EEUU.” Como explica, en la guerra de Afganistán tras el 11-S, su mortalidad per cápita fue casi tan alta como la de Estados Unidos. Al mismo tiempo, Dinamarca “ha sido pionera en la idea de que se puede tener un sistema de inmigración razonable sin convertirse en la Alemania nazi”:

“Han estado tomando medidas sensatas para reducir la inmigración durante los últimos 25 años. Han logrado que es ya no sea ni siquiera es una cuestión partidista en Dinamarca. Toda la izquierda ha avanzado en ese aspecto”, indica Sailer. “Dinamarca es un modelo para el resto del mundo sobre cómo abordar con sensatez los problemas del siglo XXI, y Trump sigue criticándolos. Creo que Trump dará marcha atrás”.

Este problema (que Sailer describe como resultado del “chuddishness” que fomentan las redes sociales, usando una palabra de slang que podría traducirse como “cuñadismo” exhibicionista) no tiene fácil solución, explica Sailer:

“Creo que es importante que la gente de derecha, en Europa y en EEUU, obtenga más dinero de nuestros multimillonarios para financiar conferencias y para que la gente de EEUU y Europa se comunique y se conozca”, señala. “Deberíamos intentar mantenernos unidos y no insultarnos constantemente. Europa tiene algunos problemas, no es irremediable, y Europa es maravillosa en muchos sentidos, así que ojalá pueda superarlos. Mantengámonos unidos y no provoquemos fricciones inútiles entre los grupos emergentes de derecha de todo el hemisferio”.

Al final, EEUU tiene sus intereses y los diferentes constituyentes de Europa los suyos, no siempre alineados. Aunque Sailer es optimista:

“Somos el primer mundo, tenemos más en común, tenemos los mejores trozos del planeta, y queremos que el mundo se mantenga prácticamente como está. Y la verdad es que podemos seguir defendiéndonos. Es posible que algún día los chinos lleguen a organizarse muy bien, y tienen una gran masa de gente y de influencia. Pero, aparte de ellos, ¿hay acaso alguna otra alternativa?”

Madrid, 1973. Tras una corta y penosa carrera como surfista en Australia, acabó como empleado del Partido Comunista Chino en Pekín, antes de convertirse en corresponsal en Asia-Pacífico y en Europa del Wall Street Journal y Bloomberg News. Ha publicado cuatro libros en inglés y español, incluyendo 'Podemos en Venezuela', sobre los orígenes del partido morado en el chavismo bolivariano. En la actualidad reside en Washington, DC.

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