Hay pocas promesas europeístas que hayan sobrevivido al desgaste de los años. ¿Recuerdan cuando se vendía a los Estados Unidos de Europa como una superpotencia que sería contrapeso de los de América, capaz de plantarle cara a China y a quien se ponga? ¿Cuándo el euro nos iba a hacer a todos más ricos? Qué tiempos. Pero hay algo que aún es del gusto de casi todos.
Hablo, por supuesto, de la supresión de fronteras internas para el tráfico de personas y mercancías. El Acuerdo de Schengen de 1985 (justo el año en el que España y Portugal entraron la Comunidad Económica Europea) es uno de esos grandes éxitos europeos que se han ofuscado solo por la decidida voluntad de Bruselas de facilitar la inmigración ilegal, pero que sigue siendo una gran mejora respecto a la situación anterior: recuerdo haber viajado por Europa central durante un Interraíl en 1994, con el pasaporte en la boca, y era mucho peor que lo que hay ahora.
Con Schengen ocurre algo parecido a lo que ocurre con el euro: ha sido un cambio que, al menos, ha reducido la fricción y molestias visibles. El euro es mucho peor (ya he escrito sobre los efectos negativos que produce la sujeción española a lo que esencialmente es una moneda alemana) pero la tranquilidad que da el no tener que estar preocupándose de cambios de divisas tiene, como la de no preocuparse por aduaneros que nunca te ven el parecido con la foto del pasaporte, su valor. Pequeño. Pero real.
Es por ello que los reportes cada vez más insistentes sobre la defunción a cámara lenta de la zona de Schengen me dejan un sabor agridulce. Una década después de que a Angela Merkel le diera el venazo de que había que abrir a cal y canto las fronteras europeas a todos los “refugiados” que quisieran venir, el principio fundacional de la UE que ampara Schengen ha quedado en suspenso, quizás indefinidamente. Nueve países de la UE —Polonia, Eslovenia, Italia, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Francia y Alemania— tienen controles fronterizos temporales en funcionamiento, como informa en un reciente reporte la revista británica The Spectator.
Desde 2015, calcula The Spectator, se han presentado más de 7,5 millones de solicitudes de asilo en toda la UE. La Willkommenskultur («cultura de la bienvenida») que promovió Merkel se ha convertido en, en el mejor de los casos, un amargo recuerdo para muchos partidos gobernantes europeos. Los partidos patriotas encabezan las encuestas o gobiernan en Alemania, Francia, Holanda, el Reino Unido e Italia.
La verdad es que a todo el mundo le gusta a Schengen, incluyendo los partidos patriotas. Observen que la lista que les di no incluye a países claramente euroescépticos como Hungría o Eslovaquia. Lo que a nadie le gusta es la inmigración ilegal, y reponer los controles de fronteras es una solución de emergencia para el problema, ya que hasta ahora solo Italia (gracias a Giorgia Meloni) ha logrado un acuerdo de tramitación de asilo con un tercer país, con Albania en 2023: y el acuerdo aún no ha entrado en vigor debido a la interferencia de ese cáncer manifiestamente erradicable que es el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Entre los otros países que han impuesto restricciones temporales a Schengen, lo habitual es que sean medidas políticas que sus gobernantes buscan levantar en cuanto puedan engañar al electorado en sus próximas elecciones: ése es el caso en Francia, por ejemplo, y en Holanda antes de las elecciones generales en Octubre; en Alemania, los controles tienen una función política similar, y también en parte se deben a los cambalaches diplomáticos de aquel país con Polonia, mucho más duro contra la emigración ilegal. Pero este ciclo de poner controles hasta las próximas elecciones amenaza con hacerse eterno.
Es importante entender que sí, que todo esto es en gran medida culpa de Merkel, porque muchas veces culpamos a la izquierda sin fijarnos en sus mamporreros y protectores en el llamado “centro-derecha” como la lideresa de lo que viene a ser el PP alemán. Antes del verano de 2015, los migrantes que buscaban refugio en Europa estaban obligados a solicitar asilo en el primer Estado miembro del bloque al que entraban, según las normas del Acuerdo de Dublín de la UE, uno de los convenios que deberíamos abandonar inmediatamente.
Todo esto cambió cuando el gobierno de Merkel suspendió las normas para los ciudadanos sirios, lo que desencadenó una estampida en toda Europa: sirios, seguidos por afganos, iraníes, iraquíes y otros, se apresuraron a solicitar refugio en Alemania. Su paso por Europa se vio facilitado por Schengen.
Cuando el entonces primer ministro británico, el moderadísimo David Cameron, pidió por favor que en respuesta le dejaran imponer mínimos controles fronterizos, Bruselas rechazó su petición. Al año siguiente, el referéndum del Brexit dejó claro lo que el pueblo europeo piensa de sus representantes; y la primera elección de Donald Trump en EEUU hizo lo propio para el otro lado del Atlántico.
Ahora Bruselas intenta salvar la cara. A partir del 12 de octubre, la UE implementará su nuevo «Sistema de Entrada y Salida», que exige a los ciudadanos no pertenecientes a la UE proporcionar huellas dactilares y fotografías al cruzar la frontera. Hacia finales del próximo año, el bloque también planea introducir el «Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes», que requerirá que los viajeros soliciten permiso de entrada antes de su llegada.
Todo esto son engaños, por supuesto. Los únicos que tendrán que hacer papeles como bobos y pasar horas en aeropuertos haciendo colas y posando delante de cámaras de seguridad serán los que quieran viajar legalmente por propósitos legítimos. Seguirán entrando millones de inmigrantes ilegales del Tercer Mundo por tierra, mar y aire sin que nadie les pida papeles ni nada; de hecho, seguirán alojándoles en hoteles de lujo a coste del contribuyente. Precisamente por eso, más y más países con gobernantes patrióticos impondrán restricciones temporales al Acuerdo de Schengen que se irán haciendo más y más permanentes, hasta que un día este ideal tan bonito del que disfrutamos un tiempo sea finalmente consignado al cubo de la basura.