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El ladrillo de los BRICS contra el dólar

El dólar, moneda de curso legal en otros diez países aparte de EEUU, puede recibir este verano un golpe que al menos le haga titubear

Ningún imperio es eterno, aunque dure siglos como el chino, el romano o el español, o una sola centuria, como el británico o una década, como el napoleónico. La hegemonía del dólar, instaurada a finales de la Segunda Guerra Mundial, ha comenzado su retroceso. Ni el oro ni el rublo de la URSS le hicieron sombra. Y las crisis petrolíferas le reforzaron al engendrar el petrodólar (los dólares que Arabia Saudí obtenía de la venta de petróleo, regresaban a Estados Unidos como inversión y para la compra de bonos del Tesoro, a cambio de protección militar para la casa de Saúd). Sin embargo, el dólar, moneda de curso legal en otros diez países aparte de EEUU, puede recibir este verano un golpe que al menos le haga titubear.

En 2009, mientras Estados Unidos y Europa sufrían por la crisis financiera que estalló el año anterior, cuatro potencias, entre decadentes y emergentes, decidieron agruparse: Brasil, India, Rusia y China. En 2010, se les unió Sudáfrica. Y con las iniciales de los países nació el acrónimo BRICS. Esas cinco repúblicas reúnen más del 40% de la población mundial y el 29% de la superficie emergida del planeta.

Su finalidad era apoyar y financiar los proyectos de infraestructuras que se construyesen en esos países y en otros. Para cumplir con ella se estableció un banco, New Development Bank, en Shanghai, la capital económica de China y el mayor puerto del mundo. El capital del banco, aportado por los cinco miembros del BRICS, ronda los 100.000 millones de dólares. Para suministrar liquidez y sostener las monedas nacionales, se llegó más tarde al Acuerdo de Reserva Contingente.

Desprenderse del dólar

Los BRICS no forman una alianza política ni militar como la OTAN; tampoco un bloque económico como el NAFTA (EEUU, Canadá y México); ni un proceso de integración similar al de la Unión Europea. Pero este impasse puede acabar en la XV cumbre de los BRICS programada para los días 22, 23 y 24 de agosto próximos en Johannesburgo (Sudáfrica). A la reunión no acudirá el ruso Putin para no poner al Gobierno sudafricano en la tesitura de detenerle para obedecer la orden de arresto dictada por la Corte Penal Internacional. 

En la anterior cumbre, celebrada en Pekín en junio de 2022, cuando la guerra de invasión de Ucrania había comenzado hacía cuatro meses, el presidente ruso propuso la puesta en marcha de una moneda de reserva tipo canasta, formada por las divisas de los miembros, el yuan, la rupia, el rublo, el real y el rand, y respaldada por los metales preciosos de los que son productores.

El reforzamiento político y económico de los BRICS continuará este año. Uno de los asuntos a decidir por los presidentes Cyril Ramaphosa, Vladímir Putin, Xi Jinping y Lula da Silva y el primer ministro Narendra Modi es el lanzamiento de una divisa común de uso entre los miembros, que bien podría consistir en el respaldo del yuan chino, moneda que, desde el inicio de la guerra en Ucrania, ya aceptan India y Rusia para gran parte de su comercio exterior en vez del dólar. Desde luego, el perjudicado sería el dólar.

Es cierto que el dólar es hegemónico en el comercio global. En 2022, según el FMI, el 75% de los intercambios comerciales mundiales se abonaron y cobraron en dólares por sólo un 2% en yuanes. Pero existe una voluntad política por parte de naciones poderosas de renunciar a la divisa estadounidense. Y la política puede imponerse a la economía. Muchos países africanos están deseando independizarse del franco CFA y del dólar; y el presidente de Kenia propuso hace unos meses la eliminación del dólar en el comercio entre los países africanos. Lo importante es que ya se concibe lo antes inconcebible.

Arabia Saudí, cada vez más lejos de EEUU

Otro asunto que tratarán en Johannesburgo será la incorporación de nuevos miembros, también planteada en la cumbre del año pasado. Entre los países que han presentado solicitudes los hay de Asia y África, como Bangladesh, Irán, Argelia, Baréin, Egipto, Emiratos Árabes, Indonesia, Etiopía y Arabia Saudí, más uno americano, Argentina, y otro europeo, Bielorrusia. Se rumorea que el único admitido será Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo y que, como ya hemos contado aquí, está abandonando su alianza con EEUU y con Israel, para acercarse a su anterior enemigo existencial, Irán. Hace unos meses, Riad acordó con Pekín cobrar en yuanes en vez de en dólares el petróleo que le vendiese; y también pactó con Moscú reducir la producción de la OPEP para elevar los precios del crudo.

Sin duda, la guerra en Ucrania, que Moscú considera vital para su supervivencia, acelerará muchos de los planes de los BRICS para formar un polo diferente al atlantista, que se extiende desde el mar de Japón y Filipinas al Báltico y al Mediterráneo. Por ejemplo, en 2012 los BRICS acordaron el tendido de un cable submarino de fibra óptica que resguarde las comunicaciones de esos países del espionaje que ha practicado la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU. Y en 2015 aprobaron el estudio para la creación de un sistema de pagos internacional diferente al SWIFT. Nada se ha realizado hasta ahora, pero la expulsión de Rusia del SWIFT como parte de las sanciones aplicadas por la guerra, también puede ser aquí el despertador.

Vista desde el espacio, la mayor unión de Rusia, China, India, junto con sus aliados como Corea del Norte, Mongolia, Irán, Bielorrusia y Siria, y algunos nuevos, como es el caso de Arabia Saudí, representa la lenta pero imparable formación de un poderoso bloque euroasiático, con posiciones en el océano Atlántico, gracias a Brasil y Sudáfrica. Y el enfrentamiento no se va a limitar a la divisa de comercio y reserva, sino que se extenderá a la economía, la diplomacia, la demografía y la tecnología. Cuando los gigantes se reúnen, los temblores llegan muy lejos, incluso a quienes pretenden vivir apartados de todo, en Babia.

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